viernes, 30 de octubre de 2009

Tres actores más allá de la escena

La escena española ha perdido este verano a tres grandes figuras. Tres actores de esos que dejan un hueco insustituible puesto que ya formaban parte, por derecho propio, de la historia de la interpretación.

Fernando Delgado se despedía de nosotros el pasado 15 de Junio. Hijo de los actores Luis Martínez Tovar y Julia Delgado Caro, Fernando nació durante una gira de la compañía de sus padres. Salió por primera vez a escena a los seis meses de edad, y debutó a los cuatro años como actor en la obra “Numancia”, en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Y, en palabras de su hijo Alberto, “ya nunca se bajó de un escenario”.

Fernando se sentía muy orgulloso de una obra de teatro en particular: “Doce hombres sin piedad”. Grabada para el inolvidable "Estudio 1", en ella compartía plató con José Bódalo, José María Rodero, Luis Prendes, Jesús Puente, Antonio Casal, Carlos Lemos, Ismael Merlo, Rafael Alonso, Sancho Gracia, Manuel Alexandre y Pedro Osinaga.


Fue precisamente en “Estudio 1” donde Fernando se nos hizo más familiar, pues el teatro fue fundamental para su carrera como actor. Sin embargo, también apareció en la gran pantalla en títulos como “Plácido”, “Tres de la Cruz Roja” o “La prima Angélica”. Y en la televisión en series como “Historias para no dormir”, “Anillos de oro”, “La huella del crimen”, “El baile” y “Hostal Royal Manzanares”, donde interpretaba al genuino Obdulio. Un actor básicamente teatral pero de variados recursos para desenvolverse en la gran y pequeña pantalla.

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Un mes y medio después, el 31 de Julio, nos dejaba Mary Carrillo, una de las más grandes actrices de la escena española. El Premio Nacional de Teatro (1949 y 1961), el Premio Ondas a la mejor actriz de televisión (1968), la Medalla del Círculo de Bellas Artes (1948 y 1982), el Premio de Teatro Miguel Mihura (1990), el Premio de la Unión de Actores a su trayectoria profesional (1996) y el Premio Pepe Isbert de la Asociación Nacional de Amigos de los Teatros de España (2006), avalan su fructífera trayectoria artística.


Y sólo por redondear lo dicho hasta ahora, podemos citar su valiosa participación en series de televisión como “Cuentos y Leyendas” o en películas como “Gary Cooper, que estás en los cielos”. Y destacar, cómo no, su Doña Bárbara en la serie “Fortunata y Jacinta”, su Doña Asunción en “La colmena”, su impecable Señora Marquesa en “Los santos inocentes” y, por supuesto, su Petrita en “El pisito”. Además de sus múltiples y celebradas obras de teatro. Una verdadera señora de la escena.

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Y, apenas seis días más tarde, el 6 de Agosto, perdíamos a Lola Lemos. Hermana del también actor Carlos Lemos, Lola vino al mundo, al igual que Fernando Delgado, durante una gira teatral de sus padres. Actriz de presencia fundamentalmente escénica, Lola se nos hizo un rostro familiar a través de sus “Estudios 1”, pero también en películas como “Sor Citroen”, “Extramuros” o “Alegre ma non troppo”.


Y, sobre todo, en innumerables series para la pequeña pantalla como “Historias para no dormir”, “Curro Jiménez”, “Cañas y barro”, “Anillos de oro”, “Los ladrones van a la oficina”, “Compañeros”, “El comisario” y “Hospital Central”. Una actriz tremendamente entrañable para el público español.

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Gracias, Lola. Gracias, Mary. Gracias, Fernando. Tres actores que, perteneciendo principalmente al mundo del teatro, supieron adaptarse también a la gran y pequeña pantalla. Y demostrarnos en todo momento la gran pasión y profesionalidad con la que afrontaban su oficio.

Por eso, precisamente, serán para nosotros inmortales. Porque, como diría Rick Blaine, “siempre nos quedarán sus obras”. Arriba el telón.

martes, 20 de octubre de 2009

Una tarde en el circo... con Lydia

Jeff Wilson, joven gerente de un circo, y Julie Randall, la bella domadora de caballos, están enamorados. Con el fin de casarse, él consigue un crédito para optar por la compra del circo. Al abrir la caja de la recaudación del día, Jeff es atracado, llevándose los malhechores su dinero. Antonio Pirelli (Chico), su mejor amigo y responsable de la seguridad del circo, telegrafía a Cheever Loophole (Groucho), famoso abogado, para solucionar el problema. Con la ayuda de Pirelli y de Punchy (Harpo), Loophole intenta descubrir la identidad de los ladrones. Aparece entonces en escena la Sra. Dukesbury, la viuda más rica de Estados Unidos. Por supuesto, Margaret Dumont.


El 20 de Octubre de 1939, hace hoy 70 años, tuvo lugar el estreno de “Una tarde en el circo”. Producida por Mervyn Leroy para la Metro Goldwyn Mayer, la película contaba en su reparto con Chico, Harpo, Groucho y… Margaret Dumont.

El director de esta divertida comedia, Edward Buzzell, era un antiguo actor de vaudeville que había aparecido anteriormente en algunas comedias de Broadway y en varias películas de finales de los años veinte. Y, casualmente, en más de una ocasión había compartido ya cartel con los Marx en los circuitos teatrales.


Para el guión de esta película, originalmente llamada “A day at the circus”, fue elegido Irving Brecher, quien siguió básicamente el esquema de “Un día en las carreras”, en especial en cuanto a los personajes que encarnan los Marx. Chico es amigo del protagonista y manda llamar a Groucho, que en este caso es abogado en lugar de veterinario mientras que Harpo, una vez más, está al servicio de uno de los malos. En cuanto a Margaret Dumont, interpreta esta vez a la tía de la protagonista, la acaudalada señora Dukesbery y, aunque aparece transcurridos 50 minutos, su presencia resulta, como siempre, esencial.

LOOPHOLE: “Ya has olvidado aquellas noches en la Riviera cuando los dos contemplábamos el cielo. La luna se bañaba en el Mediterráneo. Éramos jóvenes, alegres, inocentes. La noche en que bebí champagne en tu zapato… Dos litros. Hubiera cabido más, pero llevabas plantillas. ¡Oh, Hildegarde!”
Sra. DUKESBURY: “¡Me llamo Susanna!”

LOOPHOLE: “¡No lo estropees! ¿No te basta con haber matado algo sublime y bello? ¡Susanna! ¡Oh, Susanna! Tú confía en mí, necesito diez mil dólares aunque no son para mí”

 

Sra. DUKESBURY: “Salga usted de esta habitación o tendré que llamar a los sirvientes”

LOOPHOLE: “Que se enteren los criados, que se entere todo el mundo de lo nuestro”

Un dato curioso de “Una tarde en el circo” es la colaboración, sin acreditar, de Buster Keaton. Aunque esto no llegó a hacerse público, Keaton trabajó en esta película como creador de gags. Su carrera en el cine ya había finalizado y sus gags, complejos y elaborados, no acababan de cuadrar con el tipo de humor de los hermanos Marx. Cuando Groucho le mencionó a Buster lo inapropiados que eran sus gags para ellos, Keaton respondió: “Sólo hago lo que el señor Mayer me ha dicho que haga. Vosotros, chicos, no necesitáis ayuda”.


Una tarde en el circo” cuenta con cuatro canciones principales en su banda sonora. Harold Arlen y Yip Harburg fueron los artífices de estas pegadizas melodías, trabajo que hicieron paralelo a la creación del hoy ya clásico “Over the rainbow” (con el que obtuvieron el Oscar a la mejor canción original) perteneciente a “El Mago de Oz”.

Arlen, uno de los compositores más prolíficos del siglo XX, aprendió a tocar el piano en su infancia y llegó a formar una banda musical en su juventud. En la década de los años 20 trabajó como acompañamiento al vaudevil, para formar parte más adelante de orquestas de renombre como la de Red Nichols. Después vendrían innumerables composiciones para Broadway y la gran pantalla. Harburg, por su parte, era un exitoso escritor de canciones. Había ya trabajado en varias ocasiones con Ira Gershwin, su antiguo compañero de universidad. Y fue gracias a aquél como Harburg entró en el mundo de los musicales y consiguió un contrato en Hollywood.


La divertida “Lydia, the tattoed lady”, interpretada por Groucho en el vagón restaurante del tren, ante los regocijados miembros de la troupe, sobresale entre el resto de las canciones de esta banda sonora. Este tema apareció por primera vez en esta película de los hermanos Marx y se convirtió en una de las canciones más significativas de la carrera de Groucho.

Tal fue el éxito que obtuvo esta melodía, que podemos encontrar distintas versiones de la misma en películas hoy tan conocidas como "Historias de Filadelfia" (1940) o “El rey pescador” (1991), en series como “Mash” o en episodios de Walt Disney como “The treasure of Croesus” (entonada por el mismísimo Pato Donald).


El creativo Jim Henson tampoco pudo resistirse a incluir dicha canción en su maravilloso Muppet Show. En uno de los episodios de la serie, allá por 1976, la Rana Kermit  nos canta “Lydia the tattoed lady”. Y es que esta cancion era una de las favoritas de Henson, siendo él mismo el encargado de dibujar los tatuajes de su peculiar Lydia.

Sí, geniales todas las versiones. Pero no olvidemos nunca que esta canción… es de Groucho.


El rodaje de “Una tarde en el circo” finalizó en Junio de 1939 y la película se estrenó en Octubre con los resultados previstos.

Y es que los hermanos Marx tenían ya su propio público.

sábado, 10 de octubre de 2009

Dos hombres y un destino

A finales del siglo XIX operaba en Wyoming, y en sus alrededores, una de las últimas grandes bandas de forajidos. Conocida como "La Banda del Desfiladero”, era encabezada por el carismático Butch Cassidy, quien planeaba y dirigía los golpes. Su brazo derecho era Sundance Kid, un pistolero temido en todo el territorio.


Uno de sus grandes golpes fue el asalto al Flyer, un tren que llevaba la recaudación de la línea de ferrocarriles Union Pacific del potentado señor Harriman. A causa de este audaz golpe, los dos bandidos se vieron implacablemente perseguidos por los hombres de Harriman. Butch y Sundance huyeron primero a Argentina y después a Bolivia donde, tras robar una serie de bancos, consiguieron trabajo como escoltas de las nóminas de una compañía minera…


Tuve la suerte de ver por primera vez esta historia en el cine, a toda pantalla. ¿Que con quién fui? Pues con mi hermana Alicia, por supuesto. Y es que Paul Newman era y es su actor favorito. Y a mí, que me gustaba y me gusta Robert Redford más que a un tonto un lápiz, pues me supuso poco sacrificio el acompañarla.

Pero, a ver, tampoco me malinterpretéis. Durante la proyección, ella también se fijaba en el rubio, y yo en el moreno. Que no éramos tontas. De hecho, fuimos a verla en sesión continua y, cuando terminó, nos quedamos ahí sentadas para volverla a ver. Y porque teníamos una hora fija para estar en casa (éramos entonces unas jovencitas) que si no, ahí estaríamos todavía. Disfrutando con los primeros planos de Newman y Redford, la escena del precipicio, los diálogos, la escena de la bicicleta, los primeros planos de Newman y Redford…


Estrenada el 24 de Septiembre de 1969, hace ahora 40 años, y producida por la 20th Century Fox, “Dos hombres y un destino” (“Butch Cassidy and the Sundance Kid”) contaba con un quinteto de ases: George Roy Hill en la dirección, William Goldman en los diálogos, Burt Bacharad en la banda sonora, y Paul Newman y Robert Redford como los famosos forajidos. No es de extrañar, pues, que la película recaudara más de treinta millones de dólares, sólo en Estados Unidos, y se convirtiera en el western más taquillero de la historia.

 BUTCH: “Cuando se dividan, los atacaremos sin dificultad… ¿Qué opinas?”
SUNDANCE: “No lo sé…”
BUTCH: “Para ser pistolero, eres muy pesimista”

Todo comenzó en 1968, cuando Darryl Zanuck, presidente de la 20th Century Fox, decidió producir un ambicioso western. El sólido guión de William Goldman sería dirigido por George Roy Hill. La idea original del estudio era contratar a Marlon Brando para el papel de Butch y a Paul Newman para el de Sundance. Brando renunció y se pensó en Warren Beatty como Kid y en Newman como Butch. Pero Beatty también terminó rechazando el papel por considerarlo similar al de “Bonnie and Clyde” (1967).

El propio Newman cuenta que tuvo varias reuniones con el escritor William Goldman para ver el guión, que a Paul le pareció fantástico. Newman no volvió a saber nada del tema hasta que un día le llamó Steve McQueen y se lo enseñó. A Steve le habían ofrecido formar pareja con Newman pero, por circunstancias con su agente, McQueen quedó fuera del proyecto. Finalmente, Richard Zanuck, el hijo del productor, propuso a Redford como Butch, pero esta idea fue rechazada por no ser Robert entonces una gran estrella, como era el caso de Newman.


Me presenté para el papel de Sundance Kid. Por entonces, aún era un actor desconocido. El estudio no me quería porque no era famoso. Pensaban que quedaría muy desequilibrado con Paul. Pero en realidad, era a Paul a quien correspondía decidir, y me respaldó. Y fue una decisión muy generosa, porque él hacía hincapié en la interpretación. Y eso me llevó a un nuevo terreno. No olvido esa generosidad."
(Robert Redford)

Gracias a la insistencia de Newman y de George Roy Hill (benditos sean los dos), se inclinó finalmente la balanza a favor de Redford, quien acertadamente propuso hacer él de Sundance y Paul de Butch.


BUTCH: “¡Si me pagara lo que gasta para evitar que le robe, yo no le robaría!”

“Cuando entré en el proyecto, creí que Paul haría de Butch. Pero el resto pensaba que debería hacer de Sundance. Yo veía a Butch como un tipo cálido, abierto, amigable y Newman es exactamente así. Sundance era lo contrario de Butch en casi todo. Era un asesino implacable, un hombre de violencia repentina y enormes borracheras. Quería que Bob trabajara en la película. Tiene un talento interpretativo tremendo. Es un irlandés independiente y terco que va casi siempre a su aire. Esas cualidades iban muy bien con Sundance, incluída una calidez auténtica escondida bajo una imagen fría.” (George Roy Hill)

De hecho, el guión original de William Goldman se llamaba “The Sundance Kid and Butch Cassidy”, pensando en Newman como Sundance. Finalmente, se cambió el nombre del guión a “Butch Cassidy and the Sundance Kid”. Más lógico, también, teniendo en cuenta que "La Banda del Desfiladero” estaba liderada por Butch Cassidy.


SUNDANCE: “Sigue pensando, Butch… Es lo tuyo”

El rodaje comenzó el 16 de Septiembre de 1968. Los grandiosos paisajes de la primera parte de la película pertenecen al estado de Utah, mientras que los ambientes más cálidos y sureños de la segunda parte se rodaron en Nuevo México.

Durante el rodaje, el equipo recibía a menudo la visita de la hermana del real Butch Cassidy, que les contaba pequeñas historias sobre las huídas de su hermano. El nombre auténtico de la banda era “The Wild Bunch” (Grupo salvaje). Sin embargo, al ser realizada unos pocos meses antes la película del mismo título de Sam Peckinpah, hubo que cambiar el nombre de la banda en el film de Roy Hill por el de “Hole in the Wall Gang”, con el fin de no ser confundido con el de Peckinpah.

 BUTCH: “No había cabalgado tanto desde que robaba ganado. Era un trabajo miserable, de la mañana a la noche sin dormir, mala comida…”


Al mismísimo Bob Dylan le fue ofrecido interpretar la canción “Raindrops keep falling on my head”, que ilustra la hoy ya clásica escena de la bicicleta. Afortunadamente, al menos para mí, Dylan rechazó la oferta, pasando a la posteridad con esta canción B.J. Thomas.

 “Cuando George Roy Hill me proyectó un montaje provisional de “Dos hombres y un destino”, dije : “¿Qué hace esa canción ahí?¿Qué es éso? ¿Que caen gotas de lluvia? ¡Si no llueve!”. Dije: “Va a estropear la película”. No lo comprendía y vaya error el mío, porque después tuve que oír la canción en las diez más vendidas durante seis meses.”
(Robert Redford)


Esta escena musical, junto a otras dos que aparecen en el film, fue incluída con el objetivo de darle mayor protagonismo a Etta Place, la novia de Sundance. En las tres escenas musicales nos hacemos una exacta idea de la relación que mantenían los tres personajes. Y sin una sola palabra. Y en esa misma escena de la bicicleta, se dio otra curiosa circunstancia. Se había contratado a un especialista para que doblara a Newman en sus acrobacias. Incomprensiblemente, este especialista no sabía hacer estas cosas. Excepto la caída final, que la hizo el propio director de fotografía, fue Newman finalmente quien lo hizo todo.


“Dejé a Butch muy libre. A algunos personajes los tienes muy controlados. Les das muy poca rienda. Pero no quería tener una opinión formada sobre Butch y utilicé muchas cosas de mí mismo en el papel.”
(Paul Newman)

Para la también clásica escena del precipicio, sí se contó con dos verdaderos especialistas. Redford y Newman terminaban la escena saltando ellos mismos pero cayendo en una cornisa que hicieron para la ocasión. Seis meses más tarde, y en otro acantilado, se rodó la impresionante caída con dos especialistas que se tiraban desde lo alto de una grúa.


Una inolvidable escena de apenas dos minutos que a mí me sirvió para ilustrar un trabajo, sobre narrativa cinematográfica, que hice en la Facultad. Sí, mi familia seguro que se acuerda de esto. Y yo me sé el diálogo de esta escena de memoria.

“A mí me interesaba, más que nada, la relación entre los dos hombres. Era única, divertida, buena.”
(Robert Redford)

Dos hombres y un destino” recibió 4 Premios Oscar: al mejor guión original, mejor canción original (“Raindrops keep falling on my head”), mejor Banda Sonora Original y mejor fotografía. Fue nominada, además, a mejor película, mejor director y mejor sonido. Y también obtuvo el Globo de Oro a la mejor Banda Sonora Original y el Premio Grammy a la mejor Banda Sonora para Cine.


“Creo que trataba de algo más que de dos tipos con los días contados. Trataba de una especie de vínculo y una especie de conexión, que es la amistad verdadera. Cuando puedes incluir eso en una película de un modo muy real, cálido y entretenido, creo que llega a todo el mundo. Yo creo que eso tiene algo que ver. Tal vez seamos Paul y yo juntos.”
(Robert Redford)

Paul Newman y Robert Redford. Dos hombres, y qué hombres, y un común destino. El de ser mucho más que dos estrellas del cine, a nivel profesional y personal. Y dejar su huella en la gran pantalla como actores y como directores.

Aportándole, además, algo bueno a este mundo a través de sus filantrópicos compromisos. Newman, con sus campamentos para niños y sus innumerables obras benéficas. Redford, con su Sundance Institute y sus múltiples esfuerzos ecológicos por salvar la Naturaleza.


“Los actores pueden ser un fastidio cuando están celosos unos de otros, pero en esta película, pese a que no se conocían, Bob y Paul establecieron una relación excelente. Eso incluía a Redford riéndose de los chistes malos de Newman y a Newman consintiendo que Redford siempre llegara 10 ó 15 minutos tarde. Tener este tipo de relación detrás de las cámaras es muy importante porque luego se nota en la pantalla.”
(George Roy Hill)

Newman y Redford. Una maravillosa química en la gran pantalla que les convierte en una de las mejores parejas cinematográficas de todos los tiempos.


“Paul y yo hemos recorrido un largo camino juntos. Hemos saltado por precipicios. Hemos robado trenes. Hemos dado uno o dos golpes… Para que se hagan una idea de la clase de amigo que ha sido para mí… Hubo una época en la que intentaba conseguir apartamento en Nueva York, así que escribí a unos amigos para que me dieran referencias.  Me gustaría compartir con ustedes la carta de recomendación que escribió Paul: “A quien pueda interesarle: El señor Robert Redford me debe ciento veinte pavos desde hace tres años. Se niega a asumir su obligación pese a la amenaza de la pérdida de una amistad y del honor. En conciencia, no puedo recomendarlo para nada”.”
(Robert Redford)