jueves, 16 de julio de 2015

Personaje de libro


En 1962, Gregory Peck nos maravillaba con su impecable composición de Atticus Finch, el inolvidable padre de “Matar a un ruiseñor”. Atticus era en origen un personaje de “To kill a mockingbird”, novela que, con gran éxito, publicaba en 1960 Harper Lee, accediendo a llevarla a la gran pantalla siempre y cuando fuera Peck, y no otro actor, el encargado de dar vida al extraordinario padre de esta historia. 

Empecé a leer el guión que me enviaron y no pude dejarlo en toda la noche. Supuse que querían que interpretara a Atticus y les llamé a las ocho de la mañana para preguntarles que cuándo empezábamos. La novela me pareció espectacular. Pero sobre todo sentí que era un personaje con el que me podía identificar, que sería capaz de ponerme en su lugar 
y de andar con sus zapatos

Gregory Peck, el Atticus de Scout, el Atticus de Harper... Nuestro Atticus. 


Joanne Woodward encarnaba en 1960 a Mary St. John, la protagonista de la película “Desde la terraza”, basada en la novela “From the terrace” escrita en 1958 por el estadounidense John O’Hara. Para cuando publicó este título, O’Hara era ya un exitoso escritor de novelas y relatos breves, ejerciendo también el oficio de periodista y corresponsal así como el de guionista en Hollywood. 


Ernest Hemingway publicaba en 1929 “A farewell to arms”, novela cuyo protagonista, el Teniente Frederick Henry, era interpretado en 1932 en la gran pantalla por Gary Cooper en “Adiós a las armas”. A Hemingway no le gustaba esta interpretación de su novela al encontrarla demasiado romántica, pero esto no impidió que él y Cooper entablaran una estrecha amistad y que fuera el propio Hemingway quien insistiera en que Gary protagonizara también la adaptación cinematográfica de “Por quién doblan las campanas”, otra de las novelas del escritor. ¿Y a que hoy no podemos imaginarnos a otro Robert Jordan cinematográfico?


Robert E. Lee Prewitt, el personaje encarnado por Montgomery Clift en “De aquí a la eternidad” (1953), provenía de “From here to eternity”, novela publicada en 1951 por el autor estadounidense James Jones, quien no estaba demasiado conforme con esta adaptación de su novela porque consideraba que había sido demasiado esterilizada. Aún así, Jones vendió un extra de dos millones de ejemplares tras el éxito de la película y él mismo aparecía en una escena junto a unas azafatas y otros soldados mientras Fatso tocaba el piano en el New Congress Club.


En 1958, bajo la dirección de Terence Fisher, Christopher Lee se convertía por vez primera en el Conde Drácula en “Drácula”. La novela en la que se basaba la película, publicada allá por 1897, venía firmada por el irlandés Bram Stoker. Entre 1966 y 1976, Christopher volvería a este personaje en “Drácula, príncipe de las tinieblas”, Drácula vuelve de la tumba”, El conde Drácula, “El poder de la sangre de Drácula”, “Las cicatrices de Drácula”, “Drácula 73”, “Los ritos satánicos de Drácula”, “Drácula padre e hijo”… Sí, Conde por derecho propio. 


Viggo Mortensen nos maravillaba en la trilogía cinematográfica de “El Señor de los Anillos” (2001 a 2003) bajo la apariencia del mágico Aragorn. El británico John Ronald Reuel Tolkien publicaba, entre 1954 y 1955, los tres volúmenes que conformaban “The Lord of the Rings”. Cuando Viggo se incorporó al rodaje de esta trilogía no conocía al director Peter Jackson ni se había leído los libros de Tolkien. Fue su hijo de once años quien le convenció para que aceptara este papel.


Ensign Pulver… Personaje de “Escala en Hawai” (1955) que le valió a Jack Lemmon el Oscar al mejor actor secundario. Personaje perteneciente, en origen, a “Mr. Roberts”, novela escrita en 1946 por el autor americano Thomas Heggen, novela que dos años después daba un exitoso salto a los escenarios protagonizada por Henry Fonda, en forma de obra teatral que, tras una gira por todo el país, se mantuvo durante tres años en Broadway con más de mil representaciones, todas ellas de gran éxito. 


El estadounidense Lyman Frank Baum publicaba “The wonderful Wizard of Oz” en 1900. Judy Garland era Dorothy en "El mago de Oz", clásico cinematográfico de 1939. La fantástica edición original del libro contaba con preciosas ilustraciones, estaba encuadernada en formato de lujo (no habitual en un libro para niños) y obtuvo un éxito sin precedentes. Baum escribió trece libros más recreados en Oz.


En 1962, la película “Agente 007 contra el doctor No” nos presentaba por vez primera, y a través de un impresionante Sean Connery, al mítico Bond, James Bond. Connery volvería después a este mismo personaje en “Desde Rusia con amor”, “James Bond contra Goldfinger”, “Operación Trueno”, “Sólo se vive dos veces”, “Diamantes para la eternidad” y “Nunca digas nunca jamás”. 

El autor británico Ian Fleming, que escribió un total de doce novelas y nueve cuentos con el personaje del Agente 007, tenía en mente a Cary Grant como el Bond cinematográfico, pero Cary rechazó la oferta por considerarse demasiado mayor para el papel. También fueron considerados David Niven (llegó a encarnarlo en “Casino Royale”), Trevor Howard, Rex Harrison… y Roger Moore (entonces descartado por ser demasiado joven). Para mí, James Bond siempre será Connery, Sean Connery. 


El estadounidense David Goodis publicaba con éxito en 1946 “Dark passage”, libro que aparecía primero por capítulos en la revista "The Saturday Evening Post". Pronto se pensaba en su adaptación cinematográfica, "La senda tenebrosa", con Humphrey Bogart como Vincent Parry y formando pareja, por tercera vez, con Lauren Bacall… Eso, historia del cine.


Mark Twain escribía en 1876 “Las aventuras de Tom Sawyer” y Tommy Kelly, en el papel de Tom Sawyer, debutaba con doce años, y de manera extraordinaria, en el clásico cinematográfico de mismo nombre de 1938. “Huck Finn ha existido, Tom Sawyer también, si bien no se trata de un solo individuo, es una combinación de las características de tres chiquillos amigos”, nos aclaraba el propio Twain.


La publicación en 1936 de “Gone with the wind”, novela escrita por la estadounidense Margaret Mitchell, alcanzaba un éxito indiscutible. David O. Selznick consideraba para el papel de Rhett Butler en "Lo que el viento se llevó" a Gary Cooper, Errol Flynn, Ronald Colman… y Clark Gable, inclinándose finalmente por este último debido a las innumerables cartas que recibió el propio productor pidiendo que Rhett fuera Gable y no otro. Pero el actor tenía contrato con la Metro Goldwyn Mayer y era preciso llegar a un acuerdo para que fuera cedido... Curiosamente, Clark era el único que no quería ser el Rhett cinematográfico, siempre vio este título como una “película de mujeres”.


Joan Crawford daba vida en 1949 a Lane Bellamy en “Flamingo Road”, título de la gran pantalla que basaba su historia en "Flamingo Road", novela escrita en 1942 por el norteamericano Robert Wilder quien la adaptó dos años después como obra de teatro para luego, en 1949, escribir él mismo la adaptación cinematográfica. En los 80 veíamos esta misma historia como serie televisiva. 


En 1963, Steve McQueen era Hilts en “La gran evasión”. En 1950, el escritor australiano Paul Brickhill había publicado The great escape”, pero no, en esta novela no aparecía el personaje de McQueen, fue añadido a la película por sugerencia de William Riley Burnett, uno de sus guionistas, por la necesidad de incorporar personajes americanos a la historia. ¿Realmente os podéis imaginar esta gran evasión sin el rey de la nevera?


Y al fin llegamos a mí. Sí, yo también nací entre las páginas de un libro, concretamente de éste que tengo aquí: “Historias de Winny the Pooh”, Winnie-the-Pooh en el original, escrito en 1926 (con ilustraciones a todo color de Ernest Shepard) por el británico Alan Alexander Milne, autor de cuentos infantiles que un buen día decidió contar las andanzas del oso de trapo de su hijo Christopher Robin (¿os suena este nombre?), naciendo así yo,  Winnie the Pooh. Después me adoptaría Walt Disney, a mí y a todos mis amigos… Pero ésa es otra historia. 

lunes, 22 de junio de 2015

The way they were (II)


Voló, en alas de la danza, hacia Río de Janeiro con sombrero de copa y a un ritmo… loco. Bailando nació el amor y fue elegante pareja de la alegre divorciada, de Amanda, de Irene Castle, de una cara con ángel, de la bella de Nueva York… y de la bella de Moscú. El límite era el cielo. O el valle del arco iris… Let’s dance.


Fue Slim, Vivien Rutledge, Irene Jansen, Nora Temple… en el más puro cine negro. También en su vida, un trompetista, un rey del tabaco y un asesinato en el Orient Express. Nos mostró cómo casarse con un millonario y fue desconfiada esposa y pícara soltera. Tener y no tener… Y ella lo tenía. 


De bote en bote, y siempre haciendo de las suyas, fueron héroes de tachuela, dos pares de mellizos, pescadores pescados, estudiantes en Oxford, marinos a la fuerza, compañeros de juerga, locos del aire... y una entrañable e inolvidable pareja cinematográfica. 


Fue una joven Wendy Darling, fue también Patty Jefferson y Tracy. Fue mujer bajo la luna y vivió dos vidas en un instante y una relación mortal. Fue también la Emma de Jane Austen, la Estella de Dickens y la musa de Shakespeare.


Nos presentó a su amiga Irma, y a Kimi, vivió su vida y estuvo loco por Anita. Fue recluta, marino, golfista, artista y modelo, botones… Dijo adiós a su luna de miel y fue también un marciano en California y un chalado en órbita. Y el ceniciento, un espía en Hollywood, un chiflado profesor… Y el rey de la comedia. 


Dio la vuelta al mundo en ochenta días (eso sí, como extra) y después fue Castrillo, monaguillo, Manolo en La verbena de la Paloma, Antonio Parrondo y Carnicero (ahí queda eso) y Jenaro el de los 14. También fue guardiamarina, cateto a babor y el novio de la niña de luto, conoció a Ninette (la del señor de Murcia) y a las que tienen que servir. Y a los que tocan el piano. Estuvo a 40 grados a la sombra y en una de las cuatro noches de boda. Y en las verdes praderas. Y fue también Germán Areta, el Bartolomé de la marrana, el temido Bandido Fendetesta y un extraordinario Paco, el Bajo. 


Fue Blake de Londres y O’Leary de Chicago, el Conde Axel de Fersen y Ferdinand de Lesseps. Fue también Benjamin Blake, el Capitán de Castilla, el Capitán King y El Zorro. Y el mítico Jesse James.


Anita Hoffman, Ilsa Lund, Juana de Arco, María, Anastasia… y Golda en la pequeña pantalla. Conoció el albergue de la sexta felicidad, a los cuatro hijos de Adán, al Dr. Jekyll (y a Mr. Hyde) y ayudó a recordar a John. Fue indiscreta y atormentada, viajó en el Orient Express y en una sonata de otoño. 


Fue Steve Biko, Demetrius Williams y Nick Styles, además de esclavo fugitivo, Malcolm X y, por tres veces, teniente. A través suyo conocimos al coleccionista de huesos y el informe pelícano. Fue también Huracán Carter, Ezekiel Rawlings y el Don Pedro de Shakespeare.


Fue Ann en la calle 42 antes de volar hacia Río de Janeiro donde, en alas de la danza, siguió a la perfección el ritmo loco de un sombrero de copa. Fue también dama del teatro, mamá a la fuerza, la menor del mayor, una mujer en la penumbra… y con ella nos sentimos rejuvenecer. 


De manos de este niño y al rítmico son de su batuta nos llegaban Los lirios del valle, El planeta de los simios, Patton, La balada de Cable Hogue, Río Lobo, El otro, Papillon, Chinatown, El viento y el león, La profecía, Alien, Poltergeist, Gremlins, El chip prodigioso, Desafío total, Los últimos días del Edén, L.A. Confidential, Mulan, La momia, La guarida… y los televisivos Cuentos asombrosos. Mágica banda sonora la de este genio musical.


En el mundo de Dickens fue Erbert Pocket, William Dorrit y un extraordinario Fagin. También fue el hombre vestido de blanco y oro en barras… de muchos quilates. Y el Padre Brown, El Cardenal, dos veces capitán, dos veces príncipe... Y una vez rey y otra vez Papa. También fue Marco Aurelio y Julio César. Y nada menos que ocho personajes en ocho sentencias de muerte. Y el profesor Marcus. Y Yevgraf para el Doctor Zhivago. Fue también un genio que andaba suelto. Y el mítico Coronel Nicholson. Y Sigmund Freud. Y un mayordomo de lo más singular. Y, por supuesto, nuestro Obi-Wan Kenobi. 


Conoció la sombra del hombre delgado y estuvo en la cabaña y en la casa encantada. Y en Pekín. Fue Kitty Collins, Venus, Pandora, la condesa descalza, Julie LaVerne, Lilly Langtry y Sarah en la biblia… Y el animal más bello del mundo.


Fue lancero bengalí, músico de trombón, Wild Bill Hickok y profesor de lengua. También Marco Polo, el forastero, Beau Geste, Alvin C. York, Robert Jordan, Juan Nadie, Howard Roark, el orgullo de los Yankees, policía montada del Canadá… Estuvo en duda su honor, conoció a Ariane, se quedó solo ante el peligro, a nada de ser ahorcado y bajo la sombra de la sospecha. 


Fue la Princesa Victoria, Constanze Hübner y Niddy Hoevelmann. Y una maravillosa Sissi. La vimos después a pleno sol y en la piscina, en las cosas de la vida y como una mujer singular. 


Rocky Sullivan, Eddie Bartlett, un sublime Cody Jarrett y un extraordinario George M. Cohan. Fue también Bottom en el sueño de una noche de verano. Y enemigo público, propietario de una palmera, el mismísimo Lon Chaney, el chico de Oklahoma y, en la pequeña pantalla, el terrible Joe Moran. 


Fue caballero y ladrón. Y el padre de Cecile. Fue también obispo con mujer… y ángel, y James Bond. Coincidió con el prisionero de Zenda, y con Lady L, y con la pantera rosa. Fue cuatro veces capitán y otras cuatro coronel, cinco mayor, dos teniente y una general. Fue también un maravilloso Phileas Fogg y la Pimpinela Escarlata. Y un correctísimo Edgar Linton.


Amy Kane, Linda Nordley, Margot Wendice, Lisa Fremont…. Y Nancy, Georgie, Catherine, Frances, Tracy… Y la princesa Alexandra. Y a todas ellas les imprimió su espectacular belleza y su extraordinaria elegancia. 


Estuvo en el club de los chalados y en el pelotón chiflado. Y en la tienda de los horrores. Fue amigo de Tootsie, y de Ed Wood, y de los ángeles de Charlie. Fue también cazafantasmas. Y Phil… sí, como la marmota. 


Nos fue presentada como una espectacular y bellísima Sherezade, y después fue la Beatriz de Cristobal Colón y la Elena del Zorro. Una trampa y una guarida y aparecía ante nosotros como Velma Kelly de Chicago, otra mujer espectacular. 


Protagonizó la historia de dos ciudades y un extraño suceso. Fue portero de noche, médico en la marina, jardinero español, ángel vestido de rojo… Asistió a la caída de los dioses, tuvo como objetivo un puente lejano y vivió un motín en el Defiant. Y fue Frank Liszt, el Dr. Longman, Gustav von Aschenbach, Charlie Hook y Barrett, el sirviente. Y un maravilloso Roald Dahl en la pequeña pantalla. 


“El que no cree en la magia nunca la encontrará.”
(Roald Dahl)

miércoles, 27 de mayo de 2015

AMPARO BARÓ

“Ser actor es una vocación, si uno no puede
involucrarse y emocionarse no sirve para nada”


Amparo Baró… Una de las actrices más grandes de nuestra escena. 


Como Amparo Baró San Martín venías al mundo el 21 de septiembre de 1937 en Barcelona, asistiendo en esta misma ciudad al colegio La Divina Pastora. Y contabas que tu afición por los libros procedía de tu abuelo, quien te leía los “Cuentos de las Mil y una Noches”.

Más adelante, comenzabas a estudiar Filosofía y Letras…


… descubriendo después tu verdadera vocación al ingresar en el Teatro Español Universitario

Debutabas en las tablas dirigida por Ángel Carmona en 1955 con “El burlador de Sevilla”, de Tirso de Molina. Pero tu gran oportunidad como actriz llegaba un año después al sustituir a Amparo Soler Leal en la obra “Harvey”, de Mary Chase, bajo la dirección de Adolfo Marsillach. Obra a la que siguieron más adelante otras como “Alejandro Magno”, de Terence Rattigan; “Ondina”, de Jean Giraudoux o “Bobosse”, de André Roussin. También fuiste una de las protagonistas de “Calumnia”, de Lillian Hellman. 


Y en 1965 formabas tu propia compañía teatral con compañeros de la profesión como Luis Prendes, Elvira Quintillá y Manuel Galiana. Venían después otras obras como “La tetera”, de Miguel Mihura; “Los buenos días perdidos”, de Antonio Gala; “El décimo hombre”, de Paddy Chayefski… 


… o “La venganza de Don Mendo”, de Pedro Muñoz Seca, donde compartías cartel con un también divertídisimo (y cuándo no) Manolo Gómez Bur. 

Ya en los años 80, “Casa de muñecas”, de Henrik Ibsen, para muchos tu mejor interpretación en los escenarios. Y “Un marido de ida y vuelta”, de Enrique Jardiel Poncela, “Materia reservada”, de Hugh Whitemore, “El poder de la mandrágora”, de Peter Shaffer… 

La década de los 90 traía para ti obras como “Hazme de la noche un cuento”, de Jorge Márquez; “Leticia”, de Peter Shaffer... Y “Siempre en otoño”, de Santiago Moncada, junto a tus dos grandes amigas, Irene y Julia Gutiérrez Caba.

Siempre hemos conservado un nexo muy fuerte desde esa etapa. Tuve la inmensa suerte de trabajar con dos grandes actrices… Amparo fue una gran actriz de una calidad incalculable. Era una espléndida actriz y una gran cómica que abarcaba todo
(Julia Gutiérrez Caba

Los que la hemos conocido sabemos de lo que hablamos, y muchos de vosotros también, porque uno demuestra cómo es delante de la cámara y Amparo era, claramente, la pura verdad
(Carmen Machi)

Era una mujer que amaba el teatro y la interpretación, 
una lección para todos los actores
(Alicia Borrachero)


Junto a Carmen Machi y Alicia Borrachero compartías en 2011 tu última representación en los escenarios, “Agosto”, de Tracy Letts, bajo la dirección de Gerardo Vera.

Fue un placer dirigirla y ver cómo abarrotaba el teatro día a día dando por última vez una muestra histórica de lo que una actriz puede hacer en un escenario

En la gran pantalla, Amparo, debutabas como actriz en 1956 en “Carta a Sara”, coproducción italo-española basada en una historia de Juan Antonio Bardem. Y, tras títulos como “Rapsodia de sangre”, “Llama un tal Esteban”, “Trío de damas” o “Adiós, Mimí Pompón”… 


… llegaba en 1961 tu intervención en “Margarita se llama mi amor”, título en el que compartías cartel, y aula, con nombres de nuestro cine como Manuel Zarzo, Ángel del Pozo, Goyo Lebrero, Pepe Isbert, Margot Cottens, José Luis Ozores… Y, sí, claro, qué remedio, también con Margarita, encarnada aquí por Mercedes Alonso. 


Junto a José Luis López Vázquez, Manolo Gómez Bur y Tony Leblanc rodabas ese mismo año “Tres de la Cruz Roja”, divertido clásico de nuestro cine. Qué bien lo debisteis pasar durante este rodaje. 

Y después, otros títulos cinematográficos como “Sendas cruzadas”, “Tierra de todos”, “Operación: Embajada”, “La chica del trébol” o “Tengo 17 años”, tras los cuales orientabas tu camino casi exclusivamente a la pequeña pantalla, medio en el que ya habías aparecido anteriormente. Pero a partir de 1964 lo harías con mucha más frecuencia en series y espacios televisivos como “Primera fila”, “Confidencias”, “El tercer rombo”, “Tiempo y hora”, “Autores invitados”, “Telecomedia de humor”, “La pequeña comedia”…

Y el memorable “Estudio 1”, apareciendo entre 1966 y 1984 en un total de 13 obras de teatro entre las que se encontraban “El barón”, “Los extremeños se tocan”, “Diálogos de carmelitas”, “Las aleluyas del señor Esteve” o “Tres sombreros de copa”.


“Empecé en la tele con Jaime de Armiñán, Adolfo Marsillach, Pilar Miró, Josefina Molina…, con personas muy serias que me han ayudado siempre”

Después, también para la pequeña pantalla, llegaban “Fábulas”, “Hora once”, “Del dicho al hecho”, “Sospecha”, “Las doce caras de Eva”, “Historias de Juan Español”, “Si yo fuera rico”, “Silencio, estrenamos”, “El quinto jinete”, “El teatro”, “Novela” o “Teatro estudio”, con alguna incursión cinematográfica como “La banda del Pecas” o “Carola de día, Carola de noche”.


Alternabas ya con mayor frecuencia la pequeña pantalla con el cine, apareciendo en películas como “Al servicio de la mujer española”, “El divorcio que viene”, “El nido”, “Apaga… y vámonos”…


… “127 millones libres de impuestos” o “En septiembre”. Y más televisión a través de “Historias para no dormir” o “Cuentos imposibles”.

A toda pantalla llegaba luego para ti “Stico” (1985), curiosísimo título de nuestro cine en el que eras dirigida por Jaime de Armiñán y compartías cartel de lujo con Fernando Fernán Gómez, Agustín González, Carmen Elías, Manuel Galiana, Mercedes Lezcano y Manuel Zarzo, sí, tu marido en esta historia. 

Y después interviniste en “El elegido”, “Cara de acelga” o “Mi general”, otros títulos cinematográficos…


… que compaginaste con la serie televisiva “Recordar, peligro de muerte”  y el espacio “Tarde de teatro”. 

Era una actriz de teatro de las de toda la vida. Formaba parte de ese conjunto de actores que nació en el teatro y han dado la vida por él. Ellos eran los personajes, no interpretaban ni opinaban sobre lo que hacían, sino que lo hacían directamente y magistralmente. No tenían que ser altos, guapos y fuertes. Eran excelentes actores y eso era más que suficiente
(José Luis Cuerda)


En 1987 nos maravillabas a través de tu Amelia de “El bosque animado”, formando además pareja con una también sensacional Alicia Hermida y siendo ambas acompañadas en el reparto por Alfredo Landa, Tito Valverde, Alejandra Grepi, Fernando Rey, Encarna Paso, Luis Ciges, Miguel Rellán, María Isbert y Manuel Alexandre bajo la dirección de un soberbio y mágico José Luis Cuerda. 

Llegarían luego más intervenciones televisivas en series como “Recuerda cuándo”, “Lorca, muerte de un poeta”, “Farmacia de guardia” o “Una gloria nacional”, entre las que participaste también en otros títulos cinematográficos como “Soldadito español” o “Las cosas del querer”…



… y en “Primera función”, espacio televisivo en el que te pudimos ver en obras como “El cianuro… ¿solo o con leche?”, divertidísima genialidad teatral escrita por Juan José Alonso Millán y adaptada y dirigida por Mara Recatero, en la que compartías maestría interpretativa con Aurora Redondo y Mari Carmen Prendes. Tres grandes cómicas de nuestra escena, sin duda alguna. 

“Es muy sano reírse, aunque también me acusan de irónica, cosa que no me gusta. Es cierto que a veces utilizo la ironía, pero no es excesivamente buena”

Después eras dirigida a toda pantalla por Jaime de Armiñán en “Al otro lado del túnel” y en “El palomo cojo”. Y por Manuel Gómez Pereira en “Boca a boca”. Y te seguías asomando a la televisión a través de series como “Juntas pero no revueltas”, “En plena forma” o “Tío Willy”. 

Espero que siga repartiendo collejas allá donde esté, sin distinguir
(Toni Cantó)


En 1999 llegaba tu personaje Sole de la serie de televisión “Siete vidas”, papel que interpretaste en la pequeña pantalla a lo largo de siete años…

“La considero una maestra, una mujer de la que aprendí mucho, honesta, sincera, que no se andaba con medias tintas, y eso se agradecía… Nunca fallaba, siempre se lo sabía todo… Llegó al gran público con Sole de ‘7 vidas’, pero era una gran dama del cine, del teatro y de la televisión”
(Anabel Alonso)

… años durante los cuales compartirse plató con Toni Cantó, Anabel Alonso, Javier Cámara, Gonzalo de Castro… 

Uno tenía la sensación de no saber hacer nada cuando Amparo Baró estaba delante… Maestra fantástica y profesional desde el primer día hasta el último
(Javier Cámara)

Amparo ha sido una actriz extraordinaria, una mujer que ha encontrado en la escena y en la pantalla un lugar insustituible. Era buena compañera, buena amiga, tierna, pequeña, menuda
(Gonzalo de Castro)

… y con Blanca Portillo, Carmen Machi, Eva Santolaria, Santi Rodríguez, Paz Vega, Guillermo Toledo, María Pujalte o Florentino Fernández.

“No he vuelto a dar una colleja desde que dejé la serie ‘7 vidas’”

Y también coincidiste en el plató de esta serie con actores tan clásicos como tú: Agustín González, María Isbert, Manuel Alexandre, Luis Barbero, Alicia Hermida, Amparo Soler Leal… A través de tu peculiar y genial Sole adquiriste gran popularidad entre las generaciones más jóvenes de telespectadores. 

En 2003, bajo la dirección de Achero Mañas, interpretabas en cine a Helena en “Noviembre”…


… en 2005 le prestabas tu voz a la abuelita de “La increíble pero cierta historia de Caperucita Roja”. Glenn Close lo hacía en su versión original. 


Y en 2007 dabas vida a Emilia en “Siete mesas de billar francés”. Este mismo año de nuevo adquirías gran popularidad en la pequeña pantalla…


… a través de Jacinta García, tu personaje en otra serie televisiva de éxito: “El internado”.


En 2011, tu último título para la gran pantalla, “Maktub”, bajo la dirección de Paco Arango y con Aitana Sánchez-Gijón, Goya Toledo, Rosa María Sardá, Enrique Villén, Mariví Bilbao o Jorge García como compañeros de reparto. 

“Ahora me levanto a las seis y media de la mañana, la misma hora a la que me acostaba durante muchos años… Me lo pasaba estupendamente con compañeros y amigos. Creo que era una forma ideal de descargar adrenalina”


Y en ese mismo 2011, Amparo, participaste con tus monólogos en “El club de la comedia”. Sobra decir que también fue una auténtica delicia verte aquí.

Entre los numerosos y merecidísimos premios que recibiste a lo largo de tu extensa carrera interpretativa, Amparo, se encuentran la Antena de Oro de televisión en 1963, el premio Miguel Mihura de Teatro por su interpretación en “Isabelita la miracielos”, el Premio Goya a la mejor actriz de reparto por “Siete mesas de billar francés”, 4 premios de la Unión de Actores (uno por la película “Maktub” y tres por la serie “7 vidas”)…


… el Premio Ceres a la mejor actriz en el Festival de Mérida, por la obra teatral “Agosto”, que te entregaba Gonzalo de Castro…


… la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes


… y el Premio Nacional de Teatro Pepe Isbert concedido por la Asociación de Amigos de los Teatros de España, de la mano de Tony Isbert y Manuel Galiana.

Y ahora, Amparo, permíteme añadir otras obras de teatro no citadas anteriormente que han tenido también el honor de contar contigo como una de sus más distinguidas intérpretes… 


El pan de todos”, de Alfonso Sastre; “Cándida”, de George Bernard Shaw; “Mi adorado Juan”, de Miguel Mihura; “Los ángeles no deben aterrizar”, de Enrique Suárez de Deza; “George & Margaret”, de Gerald Savory; “Petición de mano”, de Anton Chekhov; “Las preciosas ridículas”, de Molière; “César y Cleopatra”, de George Bernard Shaw; “El comprador de horas”, de Jacques Deval; “Tengo un millón”, de Victor Ruiz Iriarte; “Rapto”, de Edgar Neville; “Asesinato en el Nilo”, de Agatha Christie…

“Nunca olvido que el teatro es de una fuerza inimaginable, es un espejo que te plantan delante para que te avergüences y te remueva la conciencia, el teatro conmueve y conciencia, pero es imposible trasladarlo a la televisión porque siempre es un milagro de complicidad con el público, que sabe que aquello nunca más a suceder”

… “Una cigüeña bromista”, de André Roussin; “Veraneando”, de Alfonso Paso; “La pareja”, de Jaime de Armiñán; “Juegos de invierno”, de Jaime Salom; “El increíble señor Pennypacker”, de Liam O’Brien; “Carmelo”, de Juan José Alonso Millán; “Ángela María”, de Carlos Arniches y Joaquín Abati; “La casa de las chivas”, de Jaime Salom; “Pedro de Urdemalas”, de Pedro Calderón de la Barca, “El décimo hombre”, de Paddy Chayefsky…


… “Salsa picante”, de Joyce Rayburn; “Los peces rojos”, de Jean Anouilh; “Vamos a contar mentiras”, de Alfonso Paso; “Herminia”, de Claude Magnier; “Los habitantes de la casa deshabitada”, de Enrique Jardiel Poncela; “Borkman”, de Henrik Ibsen; “El sombrero de copa”, de Vital Azal; “El Barón”, de Leandro Fernández de Moratín; “Las mujeres sabias”, de Molière; “Destino: Broadway”, de Neil Simon; “La opinión de Amy”, de David Hare…

El pasado 29 de enero, a los 77 años de edad, te nos ibas, Amparo, muy, muy, muy tristemente. Sabes que nunca te olvidaremos, porque con nosotros dejas tu profesionalidad, tu simpatía, tu tremendo sentido del humor, tu inconfundible voz, tu arrebatadora personalidad, tu gracia, tu grandísima altura, tu saber hacer… 


Gracias, Amparo, de todo corazón. Sin ti, sin tu extraordinario arte, sin tu impecable trabajo, la escena española no habría sido ni la mitad de grande. 

“Cuando miro hacia atrás, pienso: ‘Qué suerte has tenido, Amparo’. He trabajado en lo que me gustaba, he podido elegir y nunca he tenido baches… Y sigo siendo una mujer absolutamente vocacional, con la misma pasión por ser actriz”
(AMPARO BARÓ)