lunes, 19 de enero de 2015

Conspiración de silencio

El cineasta norteamericano Richard Brooks se presentaba como firme candidato a dirigir “Conspiración de silencio”, la que iba a convertirse en la siguiente película de la Metro Goldwyn-Mayer. De hecho, Brooks se encontraba ya trabajando con Millard Kaufman en el guión de este nuevo proyecto pero posteriores desavenencias le retiraban del mismo. Don Siegel, por su parte, consideraba este guión el mejor que había leído hasta la fecha e intentaba, sin éxito, ser elegido para dirigirlo. La MGM se lo ofrecía después a Richard Fleischer, pero éste se hallaba ocupado en esos momentos en la postproducción de “20.000 leguas de viaje submarino”. 


Y así llegaba “Conspiración de silencio” a manos de John Sturges… muy, muy afortunadamente. Tras las cámaras desde 1946, Sturges llevaba ya tras de sí títulos como “El signo de Aries”, “Mares de arena”, “El caso O’Hara” o “Fort Bravo”. Tras “Conspiración de silencio”, John nos regalaría su maestra dirección en otros clásicos como “Duelo de titanes”, “El viejo y el mar”, “El último tren de Gun Hill”, “Los siete magníficos”, “La gran evasión”, “La batalla de las colinas del whisky”, “La hora de las pistolas”, “Joe Kidd” o “Ha llegado el águila”. Grande, grande John Sturges.

El guión de “Conspiración de silencio” venía firmado por Millard Kaufman, Don MacGuire y Howard Breslin a partir de “Bad day at Hondo”, un relato corto escrito por el propio Breslin.


Spencer Tracy era el actor elegido para dar vida a John J. Mcreedy, el personaje principal de esta historia. Pero Tracy no estaba muy convencido de aceptar dicho papel. Sin embargo, la productora no quería que lo interpretara otro actor así que fue añadida al guión una característica muy especial del personaje, que en el relato original no era manco, pensando que un actor del calibre de Tracy no rechazaría un personaje con esa minusvalía… Y acertaron. 


La primera aparición de Spencer Tracy en un largometraje fue en 1930, dirigido por John Ford y compartiendo cartel con Humphrey Bogart, quien también aparecía por vez primera en un largometraje. Se llamó “Río arriba”, y a este título siguieron otros en la carrera de Tracy como “Veinte mil años en Sing Sing”, “La voz que acusa”, “Furia”, “San Francisco”, “Capitanes intrepidos” (maravilloso su Manuel), “Forja de hombres” (inolvidable su Padre Flanagan), “Edison, el hombre”, “La ciudad de los muchachos”…


Spencer había sido también ya visto en la gran pantalla con su media naranja, Katharine Hepburn, en “La mujer del año”, “La llama sagrada”, “Sin amor”, “Mar de hierba”, “El estado de la Unión”, “La costilla de Adán” o “La impetuosa”…


… y había aparecido además en otros títulos como “El padre de la novia”, “El padre es abuelo”, “La actriz” o “Lanza rota”.


Así que verle en “Conspiración de silencio” a través de una actuación tan… perfecta, no le podía ya chocar a nadie. Y es que Tracy nos regalaba una composición absolutamente extraordinaria de su personaje en esta película. Gracias, Spencer. 


William C. Mellor firmaba la fotografía que nos ambientaba en el pueblo de Black Rock. A toda pantalla desde 1934, William ya nos había mostrado su profesionalidad en títulos como “Hotel Imperial”, “El gran McGinty”, “Amor en conserva”, “Un lugar en el sol”, “Caravana de mujeres”, “Colorado Jim” o “Tres chicas con suerte”. Tras “Conspiración de silencio”, nos dejaría también su trabajo en “Gigante”, “Ariane”, “Vidas borrascosas”, “El diario de Ana Frank”, “Impulso criminal” o “La historia más grande jamás contada”. Palabras mayores William C. Mellor.

Al correcto montaje de Newell P. Kimlin y la dirección artística de Malcolm Brown y Cedric Gibbons


… se unía la muy apropiada banda sonora creada para esta película por el excelente compositor estadounidense André Previn, en el cine desde 1948, que había ya compuesto las bandas sonoras de “Kim de la India”, “Una chica de pueblo” (Small town girl) o “Tres chicas con suerte”. Tras “Conspiración de silencio”, Previn nos brindaba otras joyas musicales en títulos como “Siempre hace buen tiempo”, “Mi desconfiada esposa”, “Gigi”, “El fuego y la palabra”, “Uno, dos, tres”, “Los cuatro jinetes del apocalipsis”, “Irma, la dulce”, “Bésame, tonto” o “Rollerball”. 


Robert Ryan daba impecablemente vida en “Conspiración de silencio” a Reno Smith. Ryan debutaba a toda pantalla en 1940 y ya había sido visto por el público americano en títulos como “Policía Montada del Canadá”, “El límite es el cielo”, “Compañero de mi vida”, “Encrucijada de odios”, “El mejor de los malvados”, “Infierno en las nubes”, “La casa en la sombra” o “Colorado Jim”.


Ernest Borgnine llevaba a toda pantalla desde 1951 y tras de sí títulos hoy tan clásicos como “De aquí a la eternidad” (impresionante su “Fatso”), “Johnny Guitar”, “Demetrius y los gladiadores” o “Veracruz”. 


Borgnine, como cabía esperar en él, nos presentaba en “Conspiración de silencio” otro más de sus excepcionales personajes cinematográficos a través de su Coley Trimble. Muy grande, Borgnine. Inmenso. 


Lee Marvin debutaba en el cine en 1951 y ya había demostrado sus buenas dotes actorales en clásicos como “Los sobornados”, “Fiebre de venganza”, “Salvaje” o “El motín del Caine”.


En “Conspiración de silencio”, Lee daba vida a Hector David dejándonos una tremenda interpretación para la historia del cine. Grandísimo también Lee Marvin. 


Cuando apareció en “Conspiración de silencio”, Walter Brennan era ya todo un veterano de la gran pantalla, donde se inició en el aún silente 1925. Poco a poco se fue haciendo un rostro más que familiar para el espectador americano al intervenir en multitud de títulos cinematográficos entre los que se podrían destacar “El rey del jazz”, “El ciclón tejano”, “El hombre invisible”, “Noche nupcial”, “La novia de Frankenstein”, “Ciudad sin ley”, “Esos tres”, “Furia” (donde coincidía con Spencer Tracy), “Rivales”, “Las aventuras de Tom Sawyer” (maravilloso su Muff Potter), “El vaquero y la dama”, “Kentucky”, “La historia de Irene Castle” y otros dos títulos en los que también compartía cartel con Spencer: “El explorador perdido” y “Paso al Noroeste”.


Walter ya nos había dejado también grandísimas interpretaciones en otros títulos como “El forastero” (inolvidable su Roy Bean), “Juan Nadie”, “El sargento York” o “El orgullo de los Yankees” (en todas ellas junto a su buen amigo Gary Cooper). Y también habían brillado ya sus interpretaciones en “Aguas pantanosas” (como un extraordinario Tom Keefer), “Los verdugos también mueren”, “Tener y no tener” (ay, ese Eddie), “Pasión de los fuertes” (grandísimo como Pa Clanton), “Río Rojo” (fabuloso como Nadine Groot), “El mejor de los malvados” (donde coincidía con Robert Ryan), “Tierras lejanas” (como el entrañable Ben Tatum)…


… En fin. Que a nadie le extrañó el que Walter diera vida en “Conspiración de silencio” a Doc Velie, su personaje, de esa manera tan natural, tan auténtica, tan profesional… tan Brennan. 


Dean Jagger interpretaba el papel de Tim Horn, el sheriff de Black Rock. En el cine desde 1929, Dean había sido ya visto por el público americano en un buen número de títulos cinematográficos, algunos de ellos tan clásicos como “Sublime engaño”, “Espíritu de conquista”, “La estrella del norte”, “Driftwood”, “Almas en la hoguera”, “La túnica sagrada”, “La torre de los ambiciosos” o la entonces muy reciente “Navidades Blancas”. 


Russell Collins era, en “Conspiración de silencio”, el señor Hastings, el telegrafista. En el cine desde 1935, y alternándolo con la pequeña pantalla, llevaba ya tras de sí títulos cinematográficos como “Mares de arena”, “Niágara” o “La bella del Pacífico”. 


Anne Francis daba vida a Liz Wirth. Anne había debutado como actriz en la gran pantalla en 1947 y, tras aparecer en “Summer holiday” y “Jennie”, se fue haciendo también rostro conocido a través de series de la pequeña pantalla que alternaba con otros títulos cinematográficos como “Revuelta en Haití” o “Un león en las calles”.


John Erickson interpretaba a Pete, el hermano de Liz. John se inició como actor en la pequeña pantalla en 1950 y tan sólo llevaba cuatro títulos cinematográficos cuando fue elegido para “Conspiración de silencio”. Tras este título fue visto principalmente en series de la pequeña pantalla, con alguna esporádica incursión en el cine en películas como “Duelo de reyes” o ”La bruja novata”.


Y Walter Sande era Sam, el dueño del bar de Black Rock. Sande llevaba a toda pantalla desde 1938 y ya había sido visto por el público americano en títulos como “Ocho mujeres y un crimen”, “El gran vals”, “Caballero sin espada”, “Espejismo de amor”, “Ciudadano Kane”, “El sargento York”, “Tener y no tener”, “El caballero del Oeste”, “Un lugar en el sol” o “Apache”. 

Completaban el magnífico reparto otros nombres como Walter Beaver, Billy Dix, Mickey Little, K.L. Smith, Robert Griffin, Harry Harvey, Bobby Johnson o Francis McDonald. 


Producción de Dore Schary para Metro-Goldwyn-Mayer, “Conspiración de silencio” (Bad day at Black Rock) era estrenada el 7 de enero de 1955

La película recibió diversos premios y nominaciones. Sin embargo, los Oscar tan sólo la distinguieron con tres candidaturas: mejor director, mejor actor (Spencer Tracy) y mejor guión.


Eso sí, Spencer Tracy se llevó el premio al mejor actor en el Festival de Cannes por su extraordinaria interpretación. 




Y cerramos este recorrido con algunas curiosidades de “Conspiración de silencio”. Como el que la película se fuera a llamar, en un principio, “Bad day at Hondo”, como el relato original, pero luego se resolviera cambiar el nombre del pueblo por estar demasiado reciente el estreno de “Hondo” (1953), protagonizada por John Wayne. 

O que, en el original, Mcreedy (el personaje de Tracy) demostrara su habilidad con una pistola Beretta y en la película se cambiara esto por su maestría en el judo. O que, durante el rodaje, Spencer tuviera dificultad para encender una cerilla con una sola mano y le pidiera a Sturges, el director, permiso para utilizar para ello un encendedor Zippo


O como el que la escena de apertura del film, rodada desde un helicóptero, fuera añadida con posterioridad al visionado de la película por el primer público. 

Imposible mejor principio para ese final, o viceversa, en esta, sin duda, pequeña gran joya de la historia del cine. 


sábado, 3 de enero de 2015

La mágica mujer que daba de comer a las palomas

Érase una vez una maravillosa actriz llamada Jane Darwell que interpretaba en “Mary Poppins” su último papel para el cine…



Era tan, tan maravillosa esta actriz, y tan mágica, que su personaje ni siquiera tenía nombre. ¿Y es que acaso lo necesitaba?


En Los Ángeles, California, se estrenaba el 27 de agosto de 1964 una de las más mágicas películas de la gran pantalla.


El no menos mágico personaje de Mary Poppins era muy correctamente interpretado por Julie Andrews quien, a lo largo de la película, además, nos regalaba a través de su magistral voz canciones tan extraordinarias como Supercalifragilisticexpialidocious”, “Stay awake”, A spoonful of sugar”, “Jolly Holiday… 


… y “Feed the birds”, precioso tema musical que acompañaba a una de las más emotivas escenas del film.

Escrita por los también mágicos Robert y Richard Sherman, “Feed the birds (Tuppence a bag)” nos llegaba directamente al alma, y al corazón, no sólo por la exquisita voz de Julie Andrews, sino también por lo que nos transmitían su música y su letra.


Ésta era la canción favorita de Walt Disney del amplio repertorio de los hermanos Sherman. De hecho, cada vez que los visitaba, tan sólo tenía que decirles: “Play it” para que ellos supieran con certeza el tema que quería escuchar.



Nacida como Patti Mary Woodward en Palmyra (Missouri) el 15 de octubre de 1879, Jane Darwell hacía su debut como actriz teatral a los 33 años de edad, contando ya casi 40 en su primera aparición a toda pantalla en el aún silente 1913.


Jane pasaba sin ningún problema al cine sonoro, especializándose en personajes de madres o abuelas. Su interpretación más popular, por extraordinaria, fue la que nos regaló en “Las uvas de la ira” a través de su inolvidable Ma Joad, personaje que le valió un merecidísimo Oscar a la mejor actriz secundaria. También destacó en otros clásicos cinematográficos como “Las aventuras de Tom Sawyer”, “La pequeña vigía”, “Tierra de audaces”, “Lo que el viento se llevó”, “Incidente en Ox-Bow”, “Pasión de los fuertes” o “El último hurra”.

Cuando, en 1964, Jane recibía de la Walt Disney Productions la oferta de intervenir en “Mary Poppins”, llevaba ya cinco años retirada del mundo de la actuación y viviendo en Woodland Hills, California, en el Motion Picture Country Home. En un principio dijo que no…


… pero Disney la quería en su película, ¿verdad Walt?, y fue personalmente a visitarla… Y la convenció. La actriz, además, viajó al estudio de rodaje en una limusina que, al finalizar su escena, la llevó de vuelta a su hogar. Tras su preciosa intervención en “Mary Poppins”, Jane Darwell volvía a su retiro hasta el 13 de agosto de 1967, día en el que, muy tristemente, dejaba de latir su corazón.


... Ese mismo corazón que nos llegaba a emocionar en aquella maravillosa escena de “Mary Poppins”.

jueves, 1 de enero de 2015

jueves, 25 de diciembre de 2014

¡Qué bello es vivir!


Hola a todos. Mi nombre es Clarence y soy un ángel. Sí, claro, del cielo. Estoy aquí para contaros una maravillosa historia...


... La historia de una preciosa película en forma de fábula. Todo empezó allá por 1946…



… y de la mano de Frank Capra, uno de los más grandes fabulistas de la historia del cine. Nacido en Sicilia, Frank llevaba tras las cámaras como director desde el aún silente 1922, y ya nos había dejado títulos hoy tan clásicos como “El hombre cañón”, “La jaula de oro”, “La locura del dólar”, “Dama por un día”, “Sucedió una noche”, “El secreto de vivir”, “Horizontes perdidos”, “Vive como quieras”, “Caballero sin espada”, “Juan Nadie”, “Arsénico por compasión”… Qué maravilla, ¿verdad? 


¡Qué bello es vivir!” se inspiraba en “The greatest gift”, cuento escrito en 1943 por el autor americano Philip Van Doren Stern, a partir del cual Frances Goodrich, Albert Hackett y el propio Frank Capra escribían el guión. También participaron en el mismo Jo Swerling y Michael Wilson, así como Dalton Trumbo, Dorothy Parker, Marc Connelly y Clifford Odets. Menudo plantel de guionistas.

La película venía redondeada con la fotografía de Joseph F. Biroc, Joseph Walker y Victor Milner, la dirección artística de Jack Okey, el montaje de William Hornbeck… 


… y una banda sonora firmada por Dimitri Tiomkin, mágico compositor ruso que ya había trabajado con Frank Capra en títulos como “Horizontes perdidos”, “Vive como quieras”, “Caballero sin espada” o “Juan Nadie” y nos había dejado también otros como “Lobos del norte”, “Sólo los ángeles tienen alas”, “El forastero” o “La sombra de una duda”.


George Bailey… el hombre más rico de la Tierra, os lo puedo asegurar. El bueno de George venía interpretado en la pantalla por otro pedazo de pan llamado James Stewart, aunque no fue este actor la primera opción para interpretarlo.

El papel de George Bailey fue originalmente pensado para Cary Grant, pero cuando Frank Capra heredó el proyecto reescribió el personaje adaptándolo a James Stewart. Ah, y su gran amigo Henry Fonda fue también considerado anteriormente para este papel.


Natural de Indiana (Pennsylvania), James Stewart llevaba a toda pantalla desde 1935. El público americano ya le había visto en títulos como “Rose Marie”, “Nacida para la danza”, “Ella, él y Asta”, “Ardid femenino”, “Arizona”, “El bazar de las sorpresas”, “Historias de Filadelfia” o “El arca de oro”.


James había sido también ya dirigido por Frank Capra en otros dos títulos: “Vive como quieras” y “Caballero sin espada”. “¡Qué bello es vivir!” suponía su primera película tras su participación en la Segunda Guerra Mundial y no tenía muy claro el aceptar o no este papel. Lionel Barrymore le convenció para que lo hiciera. Bendito seas, Lionel.


¡Qué bello es vivir!” fue siempre la película preferida de Stewart entre todas las de su extensa filmografía. También era la favorita de Frank Capra. 

Para el personaje de Mary Hatch, la mujer de George Bailey, se pensó en un primer momento en Jean Arthur, que ya había sido pareja de Stewart en “Caballero sin espada” y “Vive como quieras”, ambas dirigidas por Frank Capra. Jean no pudo aceptar por encontrarse trabajando en una obra en Broadway. Fueron también consideradas otras actrices como Olivia de Havilland, Martha Scott, Ann Dvorak o Ginger Rogers.


Finalmente fue elegida Donna Reed, guapísimo rostro que llevaba en el cine tan sólo desde 1941 y había aparecido ya en títulos como “La sombra del hombre delgado”, “Chicos en Broadway”, “La comedia humana”, “El retrato de Dorian Gray” o “No eran imprescindibles”.


El de Mary Hatch fue el primer personaje protagonista de Donna. Para mí, y seguro que para todos vosotros, será siempre la maravillosa mujer de George Bailey. 

Para el personaje del Sr. Potter fue considerado Edward Arnold, que ya había interpretado magníficamente al Sr. Kirby en “Vive como quieras”. Otros nombres que se barajaron para el Sr. Potter fueron los de Charles Bickford, Edgar Buchanan, Louis Calhern, Victor Jory, Raymond Massey o Vincent Price.


Muy, muy, muy afortunadamente para la historia del cine, fue elegido Lionel Barrymore, uno de los más grandes actores de la escena teatral y de la gran pantalla, y esto sin exagerar, que llevaba en el cine desde 1908 y al que los espectadores americanos conocían muy bien por títulos como “El carnet amarillo”, “Mata Hari”, “Remordimiento”, “Gran hotel”, “Rasputín y la zarina”, “Cena a las ocho”…


… “La isla del tesoro”, “David Copperfield”, “La pequeña coronela”, “Margarita Gautier”, “Capitanes intrépidos”, “Piloto de pruebas”…


… y, por supuesto, como el maravilloso abuelo Vanderhof de “Vive como quieras”.


Lionel fue elegido para el personaje del Sr. Potter porque anteriormente había sido el Ebenezer Scrooge del “Cuento de Navidad” de Charles Dickens en la dramatización de radio de aquella época. Así que era más que adecuada su elección como el malvado Sr. Potter de “¡Qué bello es vivir!”. Como era de esperar, bordó esta composición. Qué grande, qué grande... Inmenso.


Otro grande, Thomas Mitchell, nos deleitaba con su personaje del Tío Billy, sin duda uno de los más entrañables de su carrera cinematográfica...


… que comenzaba allá por 1923 y lucía ya títulos como “Horizontes perdidos”, “Huracán sobre la isla”, “La diligencia” (maravilloso aquí), “Sólo los ángeles tienen alas”, “Caballero sin espada”…


… “Lo que el viento se llevó” (inolvidable), “Esmeralda, la zíngara”, “Hombres intrépidos”, “Seis destinos”, “El sargento inmortal”, “El forajido” o “Las llaves del reino”. 


Beulah Bondi era una magistral Mrs. Bailey. Era ya la cuarta ocasión en la que Beulah daba vida en la pantalla a la madre del personaje de James Stewart. Anteriormente lo había hecho en “Caballero sin espada”, “Ingratitud” y “Ardid femenino”. Más adelante, en “El show de James Stewart: The identity Crisis” interpretaba de nuevo a su madre. 


Beulah llevaba el cine desde 1931 y tras de sí otros títulos como “El Dr. Arrowsmith”, “El velo pintado”, “El camino del pino solitario”, “Corsarios de Florida”, “Las hermanas”, “Sinfonía de la vida”, “Serenata nostálgica” o “La patrulla del coronel Jackson”. Extraordinaria. 


Maravilloso también Samuel S. Hinds como Pa Bailey. Samuel había trabajado ya junto a James Stewart en “Vive como quieras”…


… y llevaba en el cine desde 1926. Entre sus películas anteriores se encontraban títulos como “Si yo tuviera un millón”, “Dama por un día”, “Las cuatro hermanitas”, “La garra del gato”, “El cuervo”, “El camino del pino solitario”, “Damas del teatro”, “El hijo de Drácula” o “Perversidad”. Y qué elegantísimo era. 

Completaban este maravilloso reparto otros mágicos intérpretes como H. B. Warner (Sr. Gower), Gloria Grahame (Violet), Todd Karns (Harry Bailey), Frank Faylen (Ernie, el taxista), Ward Bond (Bert, el policía), Frank Albertson (Sam Wainwright), Sheldon Leonard (Nick)… Y los jovencillos Robert J. Anderson, Jean Gale y Jeanine Ann Roose como George, Mary y Violet, respectivamente, de pequeños.


Además de Carol Coombs, Jimmy Hawkins y Larry Simms, como Janie, Tommy y Pete, los hijos de George y Mary…


… junto a Karolyn Grimes, también hija de los Bailey, que daba vida a Zuzu y confiaba plenamente en que su padre le pegaría los pétalos rotos de su pequeña flor. 


Karolyn había debutado a toda pantalla el año anterior y llevaba ya cuatro títulos cinematográficos. Un año después, en 1947, sería la encantadora Debbie de “La mujer del obispo”.


Y... llegamos de nuevo a mí. A Clarence Odbody, el ángel de “¡Qué bello es vivir!”, mágico personaje al que di vida bajo el nombre artístico de Henry Travers


En el cine desde 1933, yo llevaba ya tras de mí títulos como “El hombre invisible”, “Las hermanas”, “Amarga victoria”, “El explorador perdido”, “Edison, el hombre”, “El último refugio”, “Bola de fuego”, “La señora Miniver”, “La sombra de una duda”, “Las campanas de Santa María”… No está nada mal, ¿verdad? 


Producción de Frank Capra para la RKO, “¡Qué bello es vivir!” (It’s a wonderful life) se estrenaba en Nueva York el 20 de diciembre de 1946. 

Entre otros premios y nominaciones, obtuvo el Globo de Oro a mejor director (Frank Capra), siendo además nominada a los Premios Oscar en las categorías de mejor película, director, actor (James Stewart), montaje y sonido.

¿Queréis que os cuente más cosas de “¡Qué bello es vivir!”? ¿Sí? Pues vamos allá…


Bedford Falls, la ciudad en la que transcurre esta preciosa historia, era un nombre de ciudad ficticio, si bien nacido de la combinación de dos nombres de ciudades reales: Bedford Hills y Seneca Falls.

El set de Bedford Falls fue construído en tan sólo dos meses y se convirtió en uno de los sets más largos hechos para una película. Cubría cuatro hectáreas del Encino Ranch de la RKO e incluía 75 tiendas y edificios, una calle principal, una zona residencial y otra de barrios. 


En la escena del baile, el piso del gimnasio que se abre para descubrir una piscina era auténtico y estaba ubicado en la Beverly Hills School de Los Ángeles.


Para la secuencia en la que Mary debía tirar una piedra a la casa vieja y pedir un deseo, Frank Capra había contratado a alguien que pudiera lanzar la piedra con fuerza. Pero no hizo falta pues, ante el asombro de todos, fue la propia Donna Reed la que lanzó la piedra ya que había jugado al béisbol en la escuela secundaria.

Y os puedo contar más curiosidades. Como el que Frank Capra estimara una duración total de rodaje de 90 días, duración que se cumplió de manera exacta y llevó al equipo a celebrar una fiesta por todo lo alto. O el que los padres de James Stewart donaran una foto suya con seis meses de edad que aparecía en la película en la casa de los Bailey.


O que George Bailey pasara en una escena del film por un cine que estaba proyectando “Las campanas de Santa María”, una de las películas de mi filmografía, como bien os he citado anteriormente.

Y es que el sonido de las campanas está presente en toda la película: en la música de la introducción, en decoraciones de navidad, en cajas registradoras, teléfonos, timbres…




Ah, y una última curiosidad que ya se me olvidaba. Esta entrada que os habéis leído ahora hace ya la número 300 de este cinematográfico blog. ¿Y sabéis gracias a quién? Pues a todos vosotros, mis queridos espectadores…

¡¡MUY FELIZ NAVIDAD!!


… ¿Os habéis leído “Las aventuras de Tom Sawyer”?
(Clarence Odbody. Un ángel… con alas)