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lunes, 25 de febrero de 2013

Maravillosas parejas de baile


Eleanor Powell y Fred Astaire nos deleitaban en “La nueva melodía de Broadway” (1940) con “Jukebox dance”, número musical compuesto el año anterior por Walter Ruick. Eleanor llevaba ya diez años apareciendo en la gran pantalla como bailarina y era ya merecidamente conocida como “la reina del claqué”. Fred había debutado en el cine en 1933 y hasta entonces había sido tan sólo visto como pareja de baile de Ginger Rogers.


En “Mary Poppins” (1964) Julie Andrews y Dick Van Dyke nos cantaban, y bailaban, el “Supercalifragilisticoexpialidocious” compuesto por los maravillosos hermanos Sherman. Julie conseguía fama mundial, y el Oscar a la mejor actriz, gracias a esta película. Dick ya era para entonces un rostro conocido de la pequeña pantalla y también había aparecido ya en el cine en dos musicales: “Un beso para Birdie” y “Ella y sus maridos”.


“Bésame, Kate” (1953) reunía en “Why can’t you behave”, tema musical compuesto por Cole Porter, a Ann Miller y Tommy Rall, dos de los más imprescindibles bailarines del cine musical americano. Ann había ya aparecido en clásicos como “Damas del teatro”, “Vive como quieras”, “El hotel de los líos”, “Desfile de Pascua” o “Un día en Nueva York”. Tommy llevaba a toda pantalla desde 1942 con un total de once títulos cinematográficos entre los que se encontraban “La estrella del Norte” y “Ziegfeld Follies”. Y en 1954 le llegaba su gran oportunidad al dar vida a Frank Pontipee (Flor para la familia) en “Siete novias para siete hermanos”. Extraordinario bailarín Tommy Rall, extraordinario.


En 1963 Judy Garland y Mickey Rooney se reunían en "The Judy Garland Show". Judy y Mickey compartieron por vez primera cartel cinematográfico en “Thoroughbreds don’t cry” (1937), película a la que siguieron otras muchas como “Andy Harvey se enamora” (y otros títulos con Andy Harvey de protagonista), “Los hijos de la farándula”, “Armonías de juventud”, “Chicos de Broadway”, “Girl crazy”... Una pareja de leyenda del musical americano que en la vida real mantuvo en todo momento una estrecha amistad.


Marido y mujer desde 1954, Mel Ferrer y Audrey Hepburn bailaban en “Guerra y paz” (1956) al son de “Natasha’s waltz”, precioso tema compuesto para la película por Nino Rota. Elegantísima pareja de bailarines. Audrey había debutado en el cine en 1951 y ya había aparecido en “Oro en barras”, “Vacaciones en Roma” y “Sabrina”. Mel había sido ya visto en “Scaramouche”, “Lili” y “Los caballeros del rey Arturo”.


En “Just around the corner” (1938), Shirley Temple y Bill “Bojangles” Robinson nos cantaban, y bailaban, "This is a happy little ditty", un encantador tema musical compuesto por Harold Spina y Walter Bullock. Shirley ya había compartido pantalla, y baile, con el excepcional bailarín americano en “La pequeña coronela”, “Rebelde” o “Rebecca of Sunnybrook Farm”.


James Cagney y Bob Hope, dos leyendas de la historia del cine, nos maravillaban en la película “The seven little foys” (1955) con su genuina interpretación de “Mary’s grand old name”, tema compuesto por George M. Cohan, completísimo artista estadounidense a quien Cagney había dado vida, trece años atrás, en “Yanqui Dandy” (1942).


En "Damn Yankees!" (1958) Bob Fosse y Gwen Verdon nos regalaban “Who’s got the pain”, fantástico número musical compuesto por Richard Adler y Jerry Ross y extraordinariamente coreografiado por el propio Fosse. Gwen y Bob contrajeron matrimonio en 1960 y tres años después nacía su hija Nicole, con el tiempo también bailarina. La pareja se separaba en 1971 pero nunca llegaron a divorciarse. En la maravillosa “All that jazz”, el personaje protagonista estaba basado en Bob Fosse y los personajes de su mujer y su hija en las figuras de Gwen y Nicole.


Gene Kelly y Jerry (a través de la voz de la actriz Sara Berner) cantaban y bailaban para nosotros “The King who couldn’t dance”, precioso tema musical compuesto por Sammy Fain y Arthur Freed para la película “Levando anclas“ (1945). Gene llevaba en el cine desde 1942 y había sido ya visto en siete títulos cinematográficos. Jerry había debutado a toda pantalla, junto a su inseparable Tom, en “Puss gets the boot”, cortometraje dirigido en 1940 por Hanna-Barbera que fue nominado al Oscar. El simpático ratón llevaba ya tras de sí unos cuantos y geniales cortos cuando intervino en “Levando anclas”, su única aparición en un largometraje cinematográfico. Mágica, mágica escena.


Y terminamos con la misma pareja de baile con la que comenzamos este recorrido musical. Eleanor Powell y Fred Astaire de nuevo en “La nueva melodía de Broadway” (1940) pero esta vez bailando al son de “Begin the beguine”, maravilloso tema musical compuesto en 1935 por Cole Porter y, para muchos, la mejor escena de baile de la historia del cine. De cualquier manera, indiscutiblemente extraordinaria.

lunes, 12 de abril de 2010

Stan y Jerry

Hoy “La Gran Pantalla” cumple un año. Y Jerry Lewis me ayudó entonces a inaugurarla. Por eso, he querido que sea también él quien aparezca en esta entrada. Pero esta vez a través de su enriquecedora experiencia al conocer y entablar una estrecha amistad con otro grande de la comedia, Stan Laurel.


En su entrañable autobiografía “Jerry Lewis por Jerry Lewis”, libro que desde aquí recomiendo a los que, como yo, consideran a este actor como un completo y gran artista, Jerry nos cuenta cómo conoció personalmente a su admirado Stan Laurel.

En 1959, durante la fase de montaje de su película “El botones”, Lewis se encontró por casualidad con el también actor Dick Van Dyke, quien le comentó que Stan Laurel no se encontraba bien, que no tenía nada grave pero estaba triste.


La muerte, dos años antes, de su gran amigo Oliver Hardy había provocado en Stan un gran bajón emocional.


Dick Van Dyke conocía personalmente a Stan Laurel. Éste incluso le había orientado, y después halagado, en la imitación que de él hizo Van Dyke en un show televisivo.

Dick sugirió a Jerry que le llamara por teléfono, seguro de que a Stan le encantaría oírle. Al objetar Jerry no querer importunarle, por no conocerse personalmente, Dick afirmó: “Es el mismo tipo encantador que conocemos desde pequeños por sus películas. Créeme, tendréis muchas cosas de qué hablar”.


Aquella misma semana, Jerry le llamó. Le confesó que admiraba su obra y que le encantaría saber su opinión sobre un guión que acababa de escribir. A Stan le entusiasmó la idea y le citó en su casa para ese mismo Domingo.


Laurel vivía con Ida, su mujer, en un pequeño apartamento de aspecto muy náutico: miniaturas de balleneros, un reloj de barco colgado en la pared… Y, al final del cuarto de estar, una magnífica ventana sobre el océano. “Es una hermosa piscina… Me paso las horas muertas mirando al mar, para ver alguna sirena. Pero nunca aparecen”, le comentó Stan a Jerry.

Al enseñarle Lewis su guión de “El botones”, Stan le dijo que se sentía halagado si había escrito un papel para él, pero que no podía volver a trabajar. Jerry le explicó que su deseo era que le hiciera comentarios sobre el guión. Stan accedió encantado.


Tras cuatro horas de estimulante conversación, en las que Laurel le habló de cómo empezó a trabajar en comedia al reemplazar a un actor de la compañía teatral de su padre, y cómo lo llegó a aprender todo de éste, Jerry fue de nuevo invitado por Stan para la semana siguiente.


“Yo he intentado hacer reir a la gente. Era mi trabajo. No he pretendido cambiar el mundo. Lo único que he pretendido es divertirme y dar diversión a los demás”

Los tres posteriores días a la primera visita los dedicó Jerry al montaje de “El botones”. Y aunque estaba concentrado en su trabajo, no podía olvidar los ojos tristes de Stan. El mundo de Hollywood no le había homenajeado como él se merecía, nadie recordaba en su justa medida sus grandes aportaciones a la industria cinematográfica.


“¡Menuda pareja, Stan Laurel y Oliver Hardy! Eran tan extraordinariamente originales, tan divertidos, que en ocasiones me quedaba toda la noche en vela viendo y volviendo a ver sus dos o tres películas principales. Y cada vez descubría una nueva faceta, un nuevo giro, un nuevo detalle. Eran, y son, quiméricos y simpáticos como un recuerdo antiguo…”
(Jerry Lewis)

A la semana siguiente, tal como habían quedado, volvió Jerry a visitarle. Mantuvieron otra larga conversación en la que Laurel le habló de sus viejos tiempos, de cuando actuaba en los music hall ingleses, de su fructífera carrera con Oliver Hardy…


Y le entregó a Jerry el guión con sus anotaciones añadidas en los márgenes y brillantes comentarios y observaciones.

Jerry entonces le pidió que trabajara con él. Le ofreció un puesto en su empresa, como asesor técnico. Pero Stan lo rechazó. No podía creer que Lewis le necesitara verdaderamente.

Antes de irse, Jerry le invitó a cenar a su casa. Stan se lo agradeció pero le dijo que prefería no salir. No quería que nadie le viera así. Quería que le recordaran como en las películas, sobre todo los niños.


En 1960, Jerry Lewis estrenaba “El botones“. Una pequeña obra maestra, hecha a base de ingeniosos gags, en la que brillaba por derecho propio uno donde aparecía el actor Bill Richmond con el mismo aspecto de Stan Laurel.


Jerry, finalmente, decidió incluirle en su película. Y así se lo transmitió a él.

En 1961, Stan Laurel recibía un Oscar Honorífico "por su pionera creatividad en el campo de la comedia cinematográfica”.

Durante los últimos cinco años de su vida, Stan le enseñó a Jerry muchas cosas valiosas y le traspasó sus conocimientos del mundo de la comedia cómica.

Gracias, Jerry, por compartir con nosotros esta maravillosa historia.


Y gracias, Stan, por aportarle al séptimo arte tu mágica humanidad.

“Yo siempre he interpretado mi papel de idiota desde mi propio punto de vista sobre la vida: una grande y sombría tormenta en la que aparece repentinamente el brillo de un arco iris de risas.
Por  eso, mi tipo de creador cómico favorito es el que puede pasar rápidamente de lo negativo a lo positivo. Por ejemplo, Stan Laurel; era un genuino genio de la comicidad, el arquetipo del hombre que se mete en líos, el que se enfrenta al tipo de la chistera negra, que es el típico malo de la película… El tipo de la chistera es nada menos que el millonario director de banco que le tiene la casa hipotecada. Entonces… ¡a por él! ¡A tirarle el sombrero con una bola de nieve!”
(JERRY LEWIS)

jueves, 27 de agosto de 2009

A spoonful of sugar. Edición especial

Mary Poppins es la nueva niñera de Jane y Michael. Los dos niños viven junto a ella un verdadero cuento de hadas, ya que Mary resuelve todos los problemas como si fuera un juego. Y junto a su amigo Bert, un personaje igualmente mágico. Gracias a ambos, Jane y Michael recuperan la total atención de sus padres.

Celebrando por todo lo alto el 45 aniversario del estreno, tal día como hoy, de esta maravillosa película, la factoría Disney ha lanzado esta edición especial de lujo:


Cuando Julie Andrews ganó el Oscar a la mejor actriz por "Mary Poppins" se lo agradeció en su discurso a Jack Warner, productor del film “My fair lady”. Fue con sarcasmo, puesto que Warner la había descartado para interpretar a Eliza Doolittle en la pantalla (Julie la había interpretado en los escenarios) por ser Andrews entonces desconocida para el gran público, eligiendo en su lugar a la más conocida Audrey Hepburn. Curiosamente, Hepburn fue doblada en las canciones por Marni Nixon.

“Mary Poppins” es mucho más que un musical en toda regla que mezcla a la perfección actores reales con secuencias animadas. Dirigida por Robert Stevenson, que llegó a trabajar con Disney en un total de 19 películas, contó con la maravillosa banda sonora de los hermanos Sherman.


Y, como en infinidad de casos, todo empezó en un libro.

Érase una vez Pamela Lyndon Travers, seudónimo de Helen Lyndon Goff, novelista, poeta, actriz y reportera. Hija de padres de ascendencia irlandesa, nació en Australia en 1899. La mala relación de sus padres hizo que Helen se refugiara en su imaginación. A los 17 años decidió trasladarse a Dublín, donde su interés por la mitología y la simbología le abrió camino en los círculos literarios. Comenzó publicando sus poemas mientras se ganaba una reputación como actriz. Junto a una compañía que interpretaba a Shakespeare recorrió Australia y Nueva Zelanda antes de establecerse en Londres en 1924. Entonces ya se dedicó a escribir como P.L. Travers, iniciales que ocultaban su condición femenina. Una mujer que llevaba un vestido pasado de moda, y un paraguas con una cabeza de pájaro tallado en la empuñadura, le sugirió a Travers el aspecto que tendría su próximo personaje: Mary Poppins. Como buena escritora, admiraba a J.M. Barrie (autor de “Peter Pan”) y trató de emularle en su libro sobre la fantástica niñera.


“Mary Poppins” supuso la irrupción de la figura mágica femenina en la literatura juvenil. Fue también uno de los primeros relatos modernos que daba prioridad al mundo de la imaginación, mundo siempre maravilloso, sobre los cauces narrativos tradicionales, reivindicando con ello lo absurdo, la fantasía, el humor y la supresión de los límites entre lo real y lo irreal. La publicación de “Mary Poppins” en 1934 fue el primer éxito literario de Travers. Le seguirían cinco secuelas, la ultima en 1988. El éxito de la serie de libros trajo consigo también un abecedario y un libro de recetas.

En 1938 apareció en escena Walt Disney. Quería llevar a la gran pantalla a aquella maravillosa niñera. Sin embargo, su autora no creía en esta versión fílmica, alegando como principal razón el que los estudios Disney aún no habían producido ninguna película con acción real. El genio de la animación tuvo que esperar pacientemente más de veinte años hasta conseguir los derechos para hacer la película. La autora ponía, además, varias condiciones, entre otras, el derecho a aprobar el guión con el fin de que la película no repercutiera desfavorablemente en su venta de libros. Intentó también suprimir los dibujos animados de la película, pero aquí Walt no cedió. Evidentemente, Travers no había reconocido aún en Disney su don para convertir en oro todo lo que pasaba por sus estudios de animación.

Empezó entonces la selección de actores. Para el personaje de Mary Poppins se barajaron, en principio, nombres como Bette Davis, a quien había considerado Walt basándose en la fría caracterización del personaje de Travers, o Angela Lansbury, actriz que más adelante prestaría su imagen y su voz a la factoría Disney.


Finalmente, Walt Disney se decidió por Julie Andrews, actriz casi desconocida, tras verla en los escenarios de Broadway representando “Camelot”. La única pega que puso Andrews a tal ofrecimiento era el encontrarse en ese momento en estado de buena esperanza. Walt no sólo le aseguró que esperaría para empezar el rodaje, sino que también le ofreció a Tony Walton, entonces marido de Andrews, el diseño de vestuario y decorados de la película. Julie consiguió la aprobación de la autora del libro por curiosa vía telefónica. La actriz se encontraba por entonces en la cama, ya que acababa de tener a su hija Emma. Mereció la pena la espera. Julie Andrews, por supuesto, bordó su papel.

Para el entrañable personaje de Bert, se consideraron actores ya muy conocidos como Danny Kaye, Fred Astaire o, incluso, Cary Grant. Disney entonces se fijó en Dick Van Dyke, un actor que físicamente encajaba con el mágico Bert y que, además, cantaba y bailaba profesionalmente. El personaje de Bert en el film era el compendio de varios amigos de Mary Poppins en el libro. Los oficios de Bert en esta historia son múltiples: hombre-orquesta, pintor de cuadros, deshollinador y vendedor de cometas. Y los cuatro encajaban a la perfección con la fisonomía de Van Dyke.


Dick, además, había desarrollado durante los años cincuenta un gran talento para interpretar a excéntricos hombres de edad avanzada. Así que, aunque en principio Disney le ofreció sólo el papel de Bert, Van Dyke insistió en hacer también una prueba para el personaje del viejo Mr. Dawes, doble trabajo en la película por el que el actor no quiso cobrar. Si la interpretación de Dick como Bert es ya antológica, no nos deja tampoco indiferentes su caracterización de Mr. Dawes.

La interpretación de los dos niños, Jane y Michael, es de una naturalidad asombrosa. Para conseguirlo, se decidió no informar a los pequeños actores de determinados puntos de la película. Las reacciones de asombro de Jane cuando Mary Poppins saca un sinfín de cosas de su gran bolso, o cuando su medicina cambia de color, eran auténticamente reales. Tampoco se les dijo quién estaba interpretando al viejo Mr. Dawes. Así que al tambalearse Dick Van Dyke de forma tan convincente, dada la avanzada edad de su personaje, los niños estaban muy pendientes por si se caía de repente, aunque no dejaba de resultarles algo cómico.


Los niños fueron interpretados en la gran pantalla por Karen Dotrice y Matthew Garber. Nacido en Londres en 1956, Matthew dio sus primeros pasos en el mundo de la interpretación gracias a un amigo de la familia, el actor Roy Dotrice, que le consiguió un papel en “Las tres vidas de Thomasina”, una película producida por Disney en donde trabajaba la hija de Dotrice, Karen. Actriz británica nacida en 1955 en una familia dedicada al teatro, Karen debutó en el escenario con tan sólo cuatro años. Cuando terminó el rodaje de “Las tres vidas de Thomasina”, Walt contó de nuevo con los dos niños para “Mary Poppins”. Tras el rotundo éxito de esta película, Karen y Matthew repetirían con Disney y como hermanos en “El abuelo está loco”, compartiendo cartel esta vez con un divertido Walter Brennan en un doble papel.

El resto del reparto contribuyó rotundamente al éxito de la película. Para el personaje de George Banks, padre y cabeza de esta singular familia, se pensó en un principio en actores como Richard Harris, Terry-Thomas, George Sanders, James Mason o Donald Sutherland. El papel recayó finalmente en David Tomlinson, que no sólo llevó a buen fin su interpretación, sino que además puso la voz a algunos de los personajes animados de la película, como uno de los pingüinos camareros, el jockey que permite pasar a Mary Poppins en el carrousel de caballos o el mismísimo paraguas de Mary. Glynis Johns dio vida a la perfección a la alocada madre y Ed Wynn bordó su papel del tío Albert. Y maravillosos también Reginald Owen, como el Almirante Boom, y Hermione Baddeley y Elsa Lanchester como Ellen y Katie Nanna.


“Mary Poppins” contó, además, con una verdadera actriz de lujo. Jane Darwell (inolvidable madre de Henry Fonda en “Las uvas de la ira”) se había retirado ya del cine en 1959, y vivía ahora en la Motion Picture Country Home, en Wooden Hills, California. Disney no dudó un momento en ofrecerle el papel de la entrañable mujer que da de comer a las palomas. En un principio, Jane, que contaba entonces 84 años de edad, rechazó el papel, pero Walt deseaba por encima de todo tenerla en su película, así que fue a visitarla personalmente a la MPCH y, para fortuna de todos nosotros, consiguió convencerla. Su interpretación, muy breve con apenas una frase, que ilustra una de las canciones más bonitas de esta banda sonora, te transmite una emotiva ternura que sólo Jane Darwell podría haber conseguido.

Otra importante baza de la película es su Banda Sonora. Verdadera obra de arte creada por los hermanos Sherman, esenciales en los estudios Disney, que ganó, entre otros galardones, un Premio Grammy a la mejor banda sonora escrita para una película de cine o televisión. La composición de la totalidad de las canciones se completó en dos años. Se llegaron a escribir alrededor de 30 temas durante el desarrollo de la película. Y todas y cada una de las canciones que aparecen en “Mary Poppins” tienen algo especial. Y también esconden su pequeña historia.

"Chim Chim Cher-ee" obtuvo el Oscar a la mejor canción. Nos la canta Dick Van Dyke en dos momentos de la película, una él solo y otra con los dos niños. En ambos casos, una maravillosa melodía.

“Supercalifragilisticoexpialidoso” estaba inspirada en una palabra sin sentido que aprendieron los hermanos Sherman en un campamento de verano. La recordaban como una palabra que ellos sabían pero los adultos desconocían. Y pensaron que los niños Banks tenían derecho a contar también con esta palabra. El coro animado de esta canción lo formaban nada menos que Richard Sherman, el entrenador vocal J. Pat O’Malley y la propia Julie Andrews.

"Jolly Holiday" recoge otro momento mágico de la película. Como dato curioso, la condición que puso aquí la autora del libro de que en la letra no se dejara entrever ningún tipo de relación más allá de la amistad entre Mary y Bert.


“Let’s go fly a kite” tenía su punto de origen en el padre de los Sherman, que hacía cometas para los niños vecinos como hobbie. En la película, la cometa rota representa a la desunida familia. Cuando el padre la arregla, los cuatro salen juntos a volarla.

Una de las canciones preferidas de Julie Andrews era “Stay awake”. Cuando oyó que pensaban retirarla de la banda sonora, decidió escribir una carta a P.L. Travers, autora del libro, quien inmediatamente insistió en la importancia de conservar esa canción.

A Julie no le gustó, sin embargo, la canción titulada “The eyes of love” y no quiso hacer la película hasta que no la cambiaron. La nueva que presentaron los Sherman fue la hoy exitosa “A spoonful of sugar”. El título de esta canción surgió del compositor Robert Sherman. Su hija de siete años le dijo al llegar del colegio que le habían dado la vacuna de la polio en una píldora. Sherman le preguntó a su hija si amargaba y la niña dijo que no, que se la habían dado con una cucharada de azúcar. Robert se lo contó a su hermano Richard, quien le puso de inmediato la letra a la música ya compuesta y así nació la canción. La propia Julie Andrews fue la artífice del silbido que se oye en esta hoy clásica melodía.

"I love to laugh" nos ilustra la escena en la que los niños van con Mary y Bert a tomar el té a casa del tío Albert. A Matthew Garber, el niño de la película, le daban diez centavos cada vez que tenían que repetir la toma. Y es que, en la escena, los cinco suben volando hacia el techo cada vez que les da la risa, y el pobre Matthew le tenía miedo a las alturas. A alguien se le ocurrió compensarle de esa manera, y así se hizo.

La secuencia de la canción “Step in time” se tardó en rodar toda una semana. Mereció la pena. La escena quedó perfecta.

“Feed the birds” canción que ilustra la entrañable escena de Jane Darwell dando de comer a las palomas, no sólo era la canción favorita de Walt Disney, sino que él mismo contaba que, cada vez que visitaba a los hermanos Sherman, sólo tenía que decirles: “Play it” (“Tocádla”) y ellos sabían que Disney quería oir “Feed the birds”.


También se llegó a escribir una canción para el personaje del Almirante Boom. Y aunque, finalmente, no aparece en el film, sí se mantuvo en la banda sonora. Otra canción suprimida en la película: “The beautiful briny”, fue rescatada más adelante para otra película de Disney, “La bruja novata” (1971).

Los hermanos Sherman compusieron también las bandas sonoras de "Los aristogatos", "Chittty Chitty Bang Bang", "El libro de la selva", "Winnie the Pooh", "Merlín el encantador" y "El abuelo está loco". Y son también los artífices del maravilloso tema “It’s small world (after all)”.

Robert y Richard Sherman trabajaron con Disney hasta la muerte de éste en 1966. En 2008 obtuvieron merecidamente la American Nacional Medal of the Arts por su gran y mágica contribución a la música.

“Mary Poppins” también reúne otra serie de anécdotas curiosas. Como el que se utilizaran alrededor de cien pinturas para recrear el Londres de la época. O el que, al principio de la película, en la escena de las niñeras aspirantes formando una larga cola, se diera la circunstancia de que muchas de ellas eran actores disfrazados de mujer. O que el director Robert Wise fuera un asiduo visitante del rodaje, al que acudía para ver cantar a Julie Andrews y, una vez terminado el rodaje de “Mary Poppins”, Julie fuera elegida para interpretar a la protagonista de “Sonrisas y lágrimas”, la otra gran película de la filmografía de la actriz.

La repercusión de “Mary Poppins” fue tan importante que la Casa Famosa llegó a sacar un single y una muñeca en el mismo año de su estreno:


Y no fue la única muñeca que salió sobre este personaje:


Además de una gran variedad de preciosos accesorios:


“Mary Poppins” obtuvo cinco Premios de la Academia (Mejor actriz, Mejores efectos visuales, Mejor montaje, Mejor Canción Original ("Chim-Chim Cher-ee") y Mejor Banda Sonora. Y las nominaciones siguientes: Mejor dirección artística y decoración, Mejor fotografía en color, Mejor diseño de vestuario, Mejor director, Mejor película, Mejor sonido y Mejor guión adaptado. Ganó también el Globo de Oro a la Mejor actriz (Julie Andrews), siendo nominada además como mejor película, mejor banda sonora y mejor actor (Dick Van Dyke).

Y siendo ésta una de las primeras películas que yo vi en el cine, gustándome entonces y todas las veces que la he vuelto a ver, no podía por menos que unirme a la casa Disney y hacer este post de edición especial reconociendo su fantástica historia, su acertado reparto, sus entonces y ahora logrados efectos visuales, su ternura y, por supuesto, su perfecta banda sonora.

Y es que estamos hablando de Walt Disney. Puro arte y pura magia.