lunes, 11 de mayo de 2009

La historia del cine a subasta

Entre el 30 de Abril y el 1 de Mayo pasados ha tenido lugar en Los Ángeles un importante reconocimiento al mundo del cine. La casa de subastas Profiles in History organizó tal evento, donde más de mil objetos procedentes de diversas películas han cambiado de propietario.


Gran parte de estos objetos procedían de la colección personal del estadounidense Forrest Ackerman, fallecido el 4 de Diciembre de 2008 a la edad de 92 años. Ackerman era un prestigioso editor, escritor y agente literario experto en temática fantástica. Sus escritos en la revista "Famous Monster of Filmland", la primera publicación dedicada exclusivamente a los monstruos, tenían toda una legión de fans, e influyeron en la personalidad de escritores como Ray Bradbury y Stephen King. O directores como George Lucas, para quien Ackerman fue alguien que "nunca dejó de creer en la magia de las películas y en las posibilidades que presenta la ciencia ficción".


Nacido el 24 de Noviembre de 1916, Forrest Ackerman fue una figura clave en la aceptación cultural de dicho género en la literatura, el cine y el arte en general. Comenzó a leer ciencia ficción en 1926 y a escribir cuentos poco después. Pero, sin duda, su mayor aportación fue la de acuñar en 1954 el hoy ya habitual término "ciencia ficción" ("Estaba escuchando la radio con mi mujer cuando alguien dijo "hi-fi", y la palabra me sacudió. Inmediatamente me vino a la cabeza "sci-fi"). Otro de sus grandes logros fue que llegó a poseer la mayor colección de objetos de ciencia ficción y fantasía, con más de 300.000 artículos que llenaban ocho dormitorios de su casa en Los Ángeles.

A la "Ackermansion", como él mismo la llamaba, llegaban seguidores de todo el mundo, organizándose incluso visitas guiadas los Sábados. Ackerman fue también el creador de los personajes del cómic "Vampirella", con el que alcanzó tal éxito que llegó a firmar 10.000 autógrafos de una vez durante una convención de películas de monstruos. También conocido como "Forry", desde 1966 se concede en su honor el Forry Award, premio a los méritos excepcionales en la ciencia ficción. El propio Ackerman lo recibió en 2002. Otros galardonados fueron Ray Bradbury, Arthur C. Clarke, Isaac Asimov, Chuck Jones y Ray Harryhausen.


En un principio, el objeto estrella de la subasta que tuvo lugar en Los Ángeles era el vestido que inmortalizó Rita Hayworth en "Gilda", vestido de satén totalmente negro, con un gran lazo a la altura de la cintura. Diseñado por Jean Louis, tiene una etiqueta interna de Columbia Pictures que dice "Rita Hayworth". Pero esta prenda finalmente no salió a subasta. Sí participó en ella otro objeto clásico, el cartel original de la película "Frankenstein", segundo objeto más preciado que se vendió por 180.000 dólares. Otro de los más codiciados fue la máscara del monstruo de "Revenge of the creature", secuela de "El monstruo de la laguna negra" en su versión de 1954.


Y la capa utilizada por el gran Bela Lugosi en tres de sus genuinas películas se vendió en 32.500 dólares, algo menos del precio que obtuvo el anillo que lució el actor en la mítica "Drácula", subastado en 40.000 dólares. También cambió de propietario un monóculo utilizado por Fritz Lang, ya que cuando al genial director alemán empezó a fallarle la vista en mayor grado, regaló el monóculo que usó durante el rodaje de "Metrópolis". Y el "traje" de Charlton Heston en "El planeta de los simios", todo un clásico del cine americano, fue también objeto de esta subasta. De gran intensidad fue la puja por un archivo de 6.800 fotogramas de films de Hollywood, tanto en blanco y negro como en color, de distintas producciones de los grandes estudios americanos. Esta puja se cerró en 175.000 dólares.


Y junto al cine clásico, una parte importante de la historia del cine más reciente. Entre otras, la pieza que alcanzó el precio más alto: el arma que Harrison Ford empleó en la película de culto "Blade Runner", considerada uno de los objetos más importantes de la historia de la ciencia ficción (se le llama "El Santo Grial" de las armas de este género). Fue vendida por 225.000 dólares. Por su parte, el traje usado por Arnold Schwarzenegger en su papel de villano en "Batman y Robin" se despachó en 60.000 dólares, mientras que una de las destructivas máquinas voladoras de "Terminator" alcanzó los 55.000 dólares.


Y entre otros muchos objetos del cine más moderno, se encontraba la espada láser que llevaba Ewan McGregor en "Star Wars. La amenaza fantasma", pieza de resina que, cuidadosamente diseñada, fue pintada a mano en plata y negro, con un interruptor rojo y empuñadura dorada. O el cuerpo maltrecho del T-800 que sustituía a Schwarzenegger en algunas escenas de "Terminator II". Y las pistolas de Angelina Jolie en "Tomb Raider", el arco y la flecha de Orlando Bloom en "Troya", las garras de Lobezno en "X-Men. La decisión final" o el traje de Johnny Depp en "La leyenda del jinete sin cabeza".

En esta subasta también tuvieron cabida otros objetos pertenecientes al mundo de la televisión, como uno de los bañadores de Pamela Anderson en la serie "Los vigilante de la playa". O pertenecientes a la historia de la música, como un manuscrito de "Too much blood" de la propia letra de Mick Jagger, o un micrófono "electro-voice" 676 original de Jim Morrison.


Una importante subasta hecha con recortes del cine de todos los tiempos, que hubieran sido más dignos de inmortalizarse en un Museo del Cine donde todo el mundo pudiera disfrutar de estas reliquias. En cuanto al bañador de Pamela Anderson... que lo disfrute en exclusiva su actual propietario. Yo, personalmente, me hubiera quedado con el traje de Gilda, que tiene más glamour cinematográfico. ¿O no?

5 comentarios:

M. de Tejón dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con que casi todos estos objetos debieran pasar a un museo cinematográfico estatal, y digo estatal, porque los objetos al proceder de distintas productoras, no se podrian reunir en un mismo lugar, por lo que habria que hacer cientos de museos.
Por otra parte, la subasta es una forma de dar un valor a unos objetos, que jamás lograrian tener por su propia condición.
El bañador de Pamela Anderson, no vale más que los que venden en cualquier comercio de barrio, ¿y alguien llevaria a un museo una cosa así?. De esta otra forma ya tiene un valor superior al normal de un bañador. Ya es digno de museo y colección.
Ni qué decir del taparrabos que Charlton Heston usó en el "Planeta de los Simios". Ni con subasta creo que debiera tener valor ese andrajo; el único valor que yo le veo, es a quien lo haya comprado con anchoa incluida. Porque nadie piense que haya alguien dedicado a lavar estas prendas después de los rodajes.
Otros objetos, si tienen un valor añadido. Bién por su condicion única para un momento determinado o bien por el arte que ha sido necesario realizar en ellos para simular efectos o realidades. Aquí tendriamos que clasificar a grandes decorados, pero ¿donde pondríamos el museo capaz de recoger estos decorados?
La cosa no es nada facil.

SALUDOS A TODOS

Shiatsutita dijo...

Qué interesante, yo no sabía nada del señor ese, y no será por falta de méritos (del señor, no míos).
También me resulta curioso el mundo del coleccionismo: yo no sabría dónde poner la garra del lobezno (por poner un ejemplo de un objeto chiquito), supongo que el ser coleccionista te va apeteciendo según tu casa se va ampliando y ampliando. Así que también me uno a la propuesta del museo.
Y, aunque sé que el bañador de Pamela para muchísimos tiene su aquel, me quedo forever-anerver-siempre-pasiempre con el satén negro y su gran lazo.
Besos, blogera

Joselito Hasselhoff dijo...

Yo compro muchísimas cosas en subastas de cine. Últimamente he adquirido:
- La peluca que usó Yul Brynner en "El rey y yo".
- Los diálogos completos y encadernados de "Nanuk, el esquimal", de Flaherty.
- La sartén en la que Marilyn freía los huevos en "La tentación vive arriba".
- Una de las medias que Sara Montiel ponía en las cámaras de TVE durante la grabación de "Ven al paralelo".
Por el bañador de Pamela no pujé, porque la última vez que esetuvo en casa se dejó olvidado el sujetador. Hoy lo utilizo para colgar sandías en la cocina y que maduren.
Está muy bien, esto de las subastas. Y curioso tipo, este Forrest Ackerman. Ignoraba su existencia.
Saludos.

natsnoC dijo...

Me voy a tener que pedir explicaciones a mi mismo por no conocer al señor Ackerman....

Por cierto, Ray Bradbury, ese que mencionas al principio de todo, es uno de mis autores favoritos desde hace décadas.

Un abrazo, Bi. :)

Clementine dijo...

Vaya banda los comentaristas de este post quitándote a ti (esta vez).

Lo mío tiene más delito, natsnoC, porque cuando yo hice esta entrada no conocía tampoco al señor Ackerman y eso que tenía ya un libro suyo, y bien grande, que me había comprado hacía tiempo y no precisamente porque me sonara su nombre sino porque me gustó de lo que iba el libro. Así que cuando hice este post me puse muy contenta de tener un libro de este señor tan importante :)
Me suena lo de que Bradbury sea uno de tus favoritos, no me acuerdo si a ti te he pedido ya que me recomiendes títulos suyos, sí se lo pedí a Borgo y por ahí los tengo apuntados.

Otro abrazo. Y sí, soy Bi para algunos del mundo real, y tiene su por qué lógico y todo :)