sábado, 16 de mayo de 2009

El bueno de Jack


El físico poco común de Jack Palance fue clave cuando, en 1947, debió reemplazar a Marlon Brando en la producción de Broadway de "Un tranvía llamado deseo", dirigida por Elia Kazan. Su primera oportunidad en el teatro le fue brindada de la forma más curiosa. Brando había colocado un saco de boxeo en el cuarto de calderas del teatro, e invitó a Palance a ejercitarse con él. Una noche, Jack erró un puñetazo y, en vez de darle a la bolsa, golpeó de llenó la nariz de Brando, enviando a éste al hospital y quedándose él como protagonista de la obra.


La interpretación de Stanley Kowalski en teatro le valió a Palance un contrato con la 20th Century Fox. El mismo Kazan le lanzaría con gran éxito, tres años después, a la gran pantalla con "Pánico en las calles" (1950). El director quedó impresionado por "un rostro que sólo una madre podría amar". Estoy segura de que al propio Kazan también le debió querer mucho su madre...


Hijo de minero, Volodymyr Ivanovich Palanyuk nació el 18 de Febrero de 1919 en Pennsylvania. Antes de entrar en el mundo de la interpretación, Jack fue lustrabotas, salvavidas, boxeador, vendedor de helados, profesor de natación, guardaespaldas, periodista y soldado. No necesariamente en este orden.

A fines de la década de los 30 se lanzó, bajo el seudónimo de Jack Brazzo, a una carrera en el boxeo profesional que le deparó varios éxitos: además de ganar sus primeras 15 peleas, 12 de ellas por "knockout", logró un palmarés de 18 triunfos en 20 combates. Los golpes recibidos le desfiguraron en parte su rostro. Dejó el boxeo profesional para ingresar en las fuerzas armadas en los primeros años de la década de 1940. Participó en la Segunda Guerra Mundial, donde formó parte de la Fuerza Aérea y donde su rostro fue dañado nuevamente al estallar en el aire el bombardero en el que iba. En 1949 se licenció como dramaturgo en la Universidad de Stanford de California, hablando todo un abanico de idiomas: ucraniano, ruso, italiano, español, francés e inglés.


Tras su más que estimable debut en el cine con "Pánico en las calles", Palance nos regaló una interpretación de lujo en la piel de Jack Wilson, el pistolero de la mítica "Raíces profundas" (1953), personaje que le catapultó como uno de los mejores malos de Hollywood. En 1955, Robert Aldrich le concedió su primer papel psicológico en "El gran cuchillo", del que Jack salió más que airoso. Más adelante, en 1961, Vittorio de Sica superó la jugada extrayendo del actor una "vis cómica" absolutamente insospechada en él. La película era "El juicio universal", un clásico maravilloso del cine italiano que contaba con un excelente guión y un reparto de lujo. De Sica en letras mayúsculas.


Jack Palance aún pudo habernos dejado otras tres memorables interpretaciones. Elia Kazan le había prometido el personaje del hermano de Marlon Brando en "¡Viva Zapata!" (1952), pero el director cambió de opinión a última hora y se lo dio a Anthony Quinn (quien ganó el Oscar como mejor actor secundario). También le hubiera gustado interpretar el personaje que finalmente hizo Lee Marvin en "La ingenua explosiva" (1965), pero nunca se lo ofrecieron. Además, fue la primera elección de Stanley Kubrick para el personaje de Jack Torrance en "El resplandor" (1980). Como todos sabemos, lo interpretó finalmente Jack... Nicholson.

En la década de los 80, y durante cuatro años, Palance animó el programa de televisión "Aunque usted no lo crea", el cual mostraba curiosidades del mundo entero. Posteriormente, este programa sería conducido por su hija, Holly Palance.


Tras una serie de títulos cinematográficos de menor relevancia, llegó a sus manos "Bagdad Café" (1987), reconciliación notable del actor con la gran pantalla al brindarle la oportunidad de demostrar que también podía llegarnos al corazón. Oculto tras ese rostro de perfecto malo, nos encontramos al entrañable Rudi Cox, uno de los personajes por los que el actor será sin duda más recordado.


Palance fue nominado al Oscar en dos ocasiones y en dos años consecutivos: por "Miedo súbito" (1952) y por "Raíces profundas" (1953). Finalmente, a los 73 años, lo consiguió como actor secundario por "Cowboys de ciudad" (1991), papel por el que obtuvo también ese año el Globo de Oro. En esta película hacía una parodia de sí mismo como un duro vaquero y, al recoger su Oscar, dejó boquiabierta a la audiencia cuando comenzó a hacer flexiones en el suelo con una sola mano.

En 1995 volvió a mostrar su lado más humano a través de su personaje de Bartle Bone en "Buffalo Girls". Su última aparición en pantalla fue en 2004 para una serie de televisión, junto a Faye Dunaway y Peter Fonda.


Hombre más que polifacético, Jack dedicaba su tiempo libre a la pintura y a sus hijos. En la década de los 80 grabó un disco de música country. Y también tuvo tiempo de escribir un libro de poemas titulado "The forest of love" (1996).


Tristemente, Jack Palance nos dejó el 10 de Noviembre de 2006. Y este año se cumplen 90 desde que llegó a este mundo. Su cara de rasgos duros y su corpulencia le convirtieron en el malo ideal de la pantalla grande. Se hizo célebre por sus papeles de villano al interpretar, una y otra vez, a personajes duros, malos y psicópatas. Y es que, además, lo hacía magníficamente.

En definitiva, Palance fue una malo clásico del cine, pero de los que encima te caen bien, gracias a la simpatía y sentido del humor que siempre derrochó este genuino actor.


Este post va especialmente dedicado a él. Como actor y como persona. Gracias, Jack. Pero también se lo quiero dedicar a cuatro cinéfilos amigos míos que, como yo, le han seguido de cerca en su trayectoria cinematográfica: Antolín, Alberto, Luis y, por supuesto, Pepe. Hubiera sido genial cerrar este círculo amistoso con el propio Palance.

A ver si un día me asomo a ese Bagdad Café... Porque estoy segura de que ahí seguirá sentado el bueno de Jack.

5 comentarios:

Joselito Crystal dijo...

Es que escribes unos posts a los que no sé qué responder, porque todo lo que explicas es tan completo, detallado y didáctico que uno prefiere aprender que comentar.
Pero como mola que te comenten, que lo sé yo, pues añadiré una curiosa anécdota a la historia de Jack Palance en los Oscar, aparte de la de las flexiones a una mano.
Al año siguiente de ganar el Oscar al mejor actor de reparto, y tal y como manda la tradición, a Jack Palance le tocó entregar el de mejor actriz de reparto. Jack dio la impresión de llegar a la ceremonia con una copa de más (nada que objetar, los Oscar son una fiesta a la que algunos acuden con cinco rayas de más) y no acertaba a sacar el papel del sobre. De pronto, sin acabar de sacar la papeleta, dijo: “Ma…risa… Tom…ei”, que era el último nombre que habían dicho en el vídeo de las nominadas. Hay quien dice que en el sobre no ponía eso. Pero es una leyenda urbana, seguro que de ser así, la Academia habría intervenido. Pero es una historia divertida.
Mi recuerdo y mis respetos para Jack Palance.

Yasemeabre dijo...

Uy, no quiero ser mal pensada, pero a mí esa primera oportuniad de Jack en el teatro me parece pelín sospechosa. ¿No le daría el hostión a Marlon un poco a posta? ¿O, al menos, no estarían compinchados y después de repasar juntos durante noches y noches el papel de Brandon, hicieron lo del puñetazo para que tuviera su oportunidad el hombre que sólo su madre podía querer?
Después de ser malpensada (pero sin querer) añado que a mí ese malo siempre me pareció muuuuuy atractivo. Y juro que no soy ni su madre ni nada.

Clementine dijo...

Muchas gracias, Joselito Crystal, por tu comentario. Y por tu aportación de esa divertida leyenda urbana sobre Palance. Pero no deja de ser curioso que el Oscar se lo dieran a Marisa Tomei cuando las otras cuatro candidatas eran Judy Davis, Joan Plowright, Vanessa Redgrave y Miranda Richardson. Es decir, cuatro grandes de la escena cinematográfica... y Marisa Tomei.
En cuanto a lo del puñetazo a Marlon Brando, Yasemeabre (bonito nombre), ahí queda para la historia del cine. Añadiré que a mí también me parece atractivo el señor Palance, diga lo que diga el bello Elia Kazan.
Un saludo a los dos.

natsnoC dijo...

He visto pocas de sus películas de juventud, pero bastantes más de las recientes (cosas de la edad supongo... la mía, claro)

Me encantó Cowboys de ciudad.

Y me ha encantado la frase de Kazan, esa mala leche tan sutil.

Venga, uno más y me voy, Clementine.

¿De verdad que hace ya casi 5 años de este post? Buff.. me quedan muchos

Clementine dijo...

A mí me pasa lo contrario, me he visto más suyas de joven que de mayor, en mi caso será, supongo, porque he visto (mucho) más cine clásico que moderno. Aún no me he visto Cowboys de ciudad, si a ti te encantó me la apunto. Y tú apúntate otra moderna, si es que no la has visto ya, "Bagdad Café", la película es preciosa y el personaje de Palance mágico, mágico, mágico...