sábado, 16 de junio de 2012

El hombre que mató a Liberty Valance


En 1949, la revista “Cosmopolitan” publicaba “The man who shot Liberty Valance”, un relato corto firmado por Dorothy M. Johnson, escritora americana que dejó para el cine otras historias como “El árbol del ahorcado” o “Un hombre llamado caballo”.


Prestigiosa autora de sofisticados relatos del Oeste, Dorothy ejercía como profesora de Periodismo en la Universidad de Montana en la época en la que se rodó la hoy legendaria película basada en su historia.

En 1961, John Ford compraba los derechos de este relato por 7.500 dólares con la intención de adaptarlo a la gran pantalla a través de un guión que vendría firmado por Willis Goldbeck y James Warner Bellah.

El Sr. Stewart crea con efectividad un torpe pero indomable abogado que valora tanto la honestidad como la justicia
(New York Times)


James Stewart había debutado en la gran pantalla en 1935 y ya había sido dirigido por Frank Capra en "Vive como quieras", "Caballero sin espada" y "¡Qué bello es vivir!", por Anthony Mann en "Horizontes lejanos", "Música y lágrimas" y "Tierras lejanas", por Alfred Hitchcock en "La soga", "La ventana indiscreta", "El hombre que sabía demasiado" y "Vértigo"... También nos había regalado ya Stewart sus notables interpretaciones en "Historias de Filadelfia", "El invisible Harvey" y "Anatomía de un asesinato".


James interpretaba en “El hombre que mató a Liberty Valance” a Ransom Stoddard, su segundo personaje a las órdenes de John Ford tras su genuino Guthrie McCabe de "Dos cabalgan juntos". Y en 1964 volvía a trabajar con el genial director dando vida a un no menos peculiar Wyatt Earp en "El gran combate". Stewart se había divertido mucho trabajando con Ford en “Dos cabalgan juntos” y estaba deseando hacer otro western con él. Y no se arrepintió.

Jimmy Stewart tenía más escenas,
pero Wayne era el personaje central, el motivo de todo
(John Ford)


John Wayne había comenzado su carrera cinematográfica en 1926 y ya había trabajado con John Ford en "La diligencia", “Hombres intrépidos”, "Fort Apache", "Tres padrinos", "La legión invencible", "El hombre tranquilo", "Centauros del desierto" y "Misión de audaces". Y también le habíamos visto ya en otros clásicos como "Piratas del Mar Caribe", "Río Rojo", "Río Bravo", "El Álamo" o "Los comancheros".


Wayne era en esta legendaria historia Tom Doniphon, sin duda uno de los mejores personajes del séptimo arte.

"Try it, Liberty, just try it"


Lee Marvin debutó en la gran pantalla en 1951, un año después que en la televisión donde también se hizo un rostro habitual. En el cine nos había dejado ya "Los sobornados", "Conspiración de silencio", "El árbol de la vida" y "Los comancheros".


Su impresionante Liberty Valance es por derecho propio uno de los más memorables villanos de toda la historia del cine. Muy, muy grande Lee Marvin.

"Quizás la confesión más personal y profundamente sentida de Ford
(Peter Bogdanovich)


John Ford había debutado como director en 1917 y ya nos había dejado títulos del calibre de "La patrulla perdida", "El delator", "La diligencia", "Las uvas de la ira", "La ruta del tabaco", "¡Qué verde era mi valle!", "Pasión de los fuertes", "Fort Apache", "Tres padrinos", "La legión invencible", "Río Grande", "El hombre tranquilo", "Mogambo", "Escala en Hawaii", "Centauros del desierto", "El sargento negro" o "Dos cabalgan juntos".

El inicio del rodaje de “El hombre que mató a Liberty Valance” se retrasó unos meses a pesar de tener ya firmado Ford el acuerdo con la Paramount. En ese período el cineasta dirigiría su fragmento de “La conquista del Oeste” (1962).


Hallie Stoddard nos llegaba a través de Vera Miles, una más que correcta actriz que había debutado en la gran pantalla en 1950 y ya era un rostro muy familiar de la pequeña pantalla así como del cine, donde la habíamos visto ya como la hermana de Janet Leigh en "Psicosis", la mujer de Henry Fonda en "Falso culpable" o la sufrida novia de Jeffrey Hunter en "Centauros del desierto".


Woody Strode era un maravilloso Pompey. Woody debutó en la gran pantalla como “hombre en el saloon” a las órdenes del propio John Ford en “La diligencia” (1939), siendo también dirigido por él después en “El sargento negro”, “Dos cabalgan juntos” y “Siete mujeres”, último título del genial director. Strode también nos dejó su impactante presencia en otros clásicos como “El cáliz de plata”, “Los diez mandamientos”, “Espartaco” o “Hasta que llegó su hora”.


Edmond O’Brien daba vida en esta historia a Dutton Peabody, editor del Shinbone Star. O’Brien debutó como actor en 1939 con "Esmeralda, la zíngara" y también había aparecido ya en infinidad de series televisivas y otras tantas películas cinematográficas como "Mi encantadora esposa", "Forajidos", "Al rojo vivo", "Silver city", "El mayor espectáculo del mundo", "Julio César", "La condesa descalza" o "Traidor a su patria".


William H. Clothier había debutado en la gran pantalla como director de fotografía en 1935 y ya nos había regalado las imágenes de "Fort Apache", "Misión de audaces", "El Álamo" o "Los comancheros". Tras “El hombre que mató a Liberty Valance” coincidiría de nuevo con John Ford en "La taberna del irlandés" y "El gran combate".

Era realmente un genio. Escuchaba, pero si eras listo pasabas mucho tiempo escuchándole a él. Sabía más de fotografía que ningún hombre que hubiera trabajado nunca en el cine. Me colocó en situaciones en las que yo tenía que espabilar y tomar notaEl color se estaba haciendo cada vez más necesario a ojos del estudio y a mí me gustaba trabajar en color. Él dijo: ‘Maldita sea, vamos a hacerla en blanco y negro; no tiene que ser en color’”

Contra la voluntad de Clothier y de la propia Paramount, Ford rodó la película en blanco y negro… Afortunadamente para la historia del cine.

Impregnada del talento y el afecto de Ford” 
(The Observer)


El comisario Link Appleyard venía de la mano de Andy Devine, genuino actor que debutó en 1927 en la gran pantalla y nos dejó su personal huella en títulos como "Ha nacido una estrella", "La vuelta al mundo en ochenta días", "Dos cabalgan juntos" y, por supuesto, "La diligencia", a través de su peculiar cochero Buck.


John Qualen interpretaba a Peter Ericson. Ya para entonces rostro conocido de la pequeña pantalla, debutó en la grande en 1931 dejando después su buen hacer en clásicos como “Luna nueva”, “Casablanca”, “El fabuloso Andersen”, “Anatomía de un asesinato” o “El fuego y la palabra”. Qualen trabajó también con Ford en “Las uvas de la ira”, “Hombres intrépidos”, “El fugitivo”, “Centauros del desierto” y “Dos cabalgan juntos”.


Nora Ericson nos llegaba a través de Jeanette Nolan, también  ya popular rostro televisivo que debutó en el cine en 1948 con “Macbeth”. El espectador  la había visto ya en la gran pantalla en títulos como “Los sobornados”, “La ciudad sin ley”, “La ley de la horca” o, dirigida por el propio John Ford, en “Dos cabalgan juntos”. Y, curiosamente, también se la había oído ya como la voz de la madre de Norman Bates en “Psicosis”, voz que resultó de la mezcla de la de Jeanette Nolan con las de los también actores Paul Jasmin y Virginia Gregg.


La banda sonora de “El hombre que mató a Liberty Valance” venía firmada por el compositor británico Cyril J. Mockridge, quien había debutado en el cine en 1933 y ya nos había dejado su huella musical en clásicos como "El signo del zorro", "Jennie", "Incidente en Ox-Bow", "Pasión de los fuertes", "De ilusión también se vive", "La novia era él", "Cómo casarse con un millonario", "Río sin retorno", "Papá, piernas largas" o "Bus Stop". Tras “El hombre que mató a Liberty Valance”, Mockridge volvería a trabajar con John Ford en "La taberna del irlandés".

Severamente criticado y tratado con aire condescendiente a su estreno, pero hoy considerado como un clásico norteamericano por casi todos los estudiosos de Ford; uno de los grandes westerns
(Leonard Maltin, TV Movies Video Guide)


John Carradine era el Mayor Cassius Starbuckle. Rostro ya muy conocido tanto de la pequeña pantalla como de la grande, donde debutó en 1930, este maravilloso actor ya nos había dejado su inconfundible huella en títulos cinematográficos tan clásicos como “La novia de Frankenstein”, “Capitanes intrépidos”, “Tierra de audaces”, “Johnny Guitar”, “Sinuhé, el egipcio”, “Los diez mandamientos” o “La vuelta al mundo en ochenta días”. A las órdenes de John Ford, Carradine había trabajado ya en “La diligencia”, “Corazones indomables”, “Las uvas de la ira” y “El último hurra”. Extraordinario John Carradine.


Reese, uno de los ayudantes de Liberty Valance, nos llegaba a través de Lee Van Cleef, ya carismático actor de la pequeña pantalla que había debutado en el cine en 1952, lo que son las cosas, también como ayudante del malvado Frank Miller en “Solo ante el peligro”. Después vendrían “La ley de la horca”, “Duelo de titanes”, “Cazador de forajidos”, “El baile de los malditos” o  “El vengador sin piedad”. Y, tres años después de “El hombre que mató a Liberty Valance”, tendría lugar su relanzamiento a toda pantalla de la mano de Sergio Leone y sus magistrales “La muerte tenía un precio” y “El bueno, el feo y el malo”.


Y Strother Martin era Floyd, el otro ayudante de Liberty Valance. Otro habitual rostro televisivo el de Martin que había debutado en el cine en 1950 con “The damned don’t cry”  y “La jungla de asfalto”, títulos a los que seguirían después otros como “Ha nacido una estrella”, “El cáliz de plata” o “El beso mortal”. Con John Ford había trabajado ya en “Misión de audaces” y tras “El hombre que mató a Liberty Valance” le veríamos también en otros dos clásicos del cine: “Dos hombres y un destino” y “La leyenda del indomable”.

Completaban el extraordinario reparto otros nombres como Ken Murray, Carleton Young o Denver Pyle.


Producción de Willis Goldbeck y John Ford para la Paramount Pictures y penúltimo western en la filmografía del genial director, “El hombre que mató a Liberty Valance” (The man who shot Liberty Valance) fue estrenada, hace ya 50 años, el 22 de Abril de 1962 con buenos resultados de taquilla y unos ingresos en Estados Unidos de casi tres millones y medio de dólares. Al año siguiente, recibía tan sólo una nominación al Oscar en la categoría de mejor diseño de vestuario en blanco y negro.

Obra memorable, que revoluciona el género mediante la transgresión de sus propios códigos. Una reflexión de lirismo inaudito, de desatado romanticismo, acerca del significado del honor, de la distancia entre realidad y leyenda, todo ello retratando a unos personajes crepusculares y atormentados, repletos de matices. Una maravilla
(Miguel Ángel Palomo, Diario El País)


Al hombre que adora esta historia, al hombre que adora a John Ford, al hombre que adora a James Stewart, al hombre que adora a John Wayne…

Al portentosamente genuino Tirador Solitario 

19 comentarios:

El Tirador Solitario dijo...

Mi querida amiga, me siento enormemente honrado que me hayas dedicado esta fabulosa entrada...la verdad es que desde que vi esta película, de crío, y por la tele, a cada nueva visión cada vez me gusta más., pero quizás el punto de inflexión fue cuando tuve la oportunidad de verla en pantalla grande, en un curso de cine, que respondía al nombre de "Textos clásicos, ecos de vanguardia y escrituras manieristas" (buen nombre, je,je)...la disfruté en versión original, y quedé prendado de las voces genuinas...en su día le dediqué una entrada en mi blog, y quizás, quizás, sea la obra maestra de John Ford (algo muy subjetivo en alguien que tiene obras maestras para dar y regalar)

Y por cierto, amiga mía, se te ha olvidado añadir,que también adoro pasarme por aquí...

¡Un beso, Clementine!

Jose Peabody dijo...

Hay una escena de la película en la que Andy Devine le dice s Edmond O'Brien algo así:

- "¿Sabías que Liberty Valance está en la ciudad?"

Y el editor le responde:

- "¡Sería un mal periodista si no supiera lo que sabe todo el mundo!"

¡Qué gran frase! Y qué gran película. Y muy agorera: gracias a Internet hoy el mundo está lleno de periodistas que no saben (o sabemos) lo que todo el mundo sabe.

Gracias por tanta información.

Manderly dijo...

Hace poco que la he visto y me ha encantado. No sé si es que no la había visto o no la recordaba pero me ha parecido una de las mejores películas del género que sin embargo no entra mucho en secuencias de caballos, paisajes o pistolas.
Todo un clásico que hay que disfrutar y con unos actores característicos del género.
Stewart es un actor que siempre me gusta pero aquí quiero destacar a Wayne que me ha parecido sensacional.
Saludos.

PEPE CAHIERS dijo...

Hace poco me confesaba el Tirador, entre vaso de vino de la tierra en una barbacoa, que había sustituido su preferencia de "Centauros del desierto" por "El hombre que mató a Liberty Valance" y recuerdo haberle acusado de cierta pose intelectual, muy de moda entre los gafapastas. No recuerdo en que terminó la conversación, quizás por el efecto de ese zumo de uva fermentado artesanalmente.

Clementine dijo...

Así que también adoras pasarte por aquí, mi querido amigo, bien, bien, bueno es saberlo… Gracias, Tirador, y de nada por la dedicatoria. Yo también me la he visto infinidad de veces (la última hoy mismo) porque la disfruto un montón ¿Obra maestra de John Ford? Muy difícil asegurar eso en un director de este calibre… ¡Un beso, Tirador!

Gracias a ti, Jose Peabody, ¿eres familia del personaje en cuestión? Esta película tiene unos diálogos a tener muy en cuenta. Y un reparto, y una fotografía, y una dirección…

Sí, es una película atípica en su género, Manderly, y eso la hace aún más especial. Wayne está aquí muy bien y además su personaje es maravilloso. Y el resto del reparto, de lujo. Saludos.

“Centauros del desierto” es sencillamente insustituible, Cahiers, y no digo que sea mejor o peor que “El hombre que mató a Liberty Valance” porque aun siendo del mismo director cada una de ellas tiene su propia magia. El efecto de ese zumo de uva fermentado artesanalmente… ¿Es lo que le llevó al Tirador a elegir ese curso de nombre tan sencillo?

miquel zueras dijo...

Esta maravillosa película quizás debería titularse: Pero...¿Quién mató a Liberty Walance? Casi todos los inolvidables secundarios de Ford están presentes: Stroode, Devine, Carradine (en esa foto es clavado a mi padre) y O´Brien está fantástico como editor borrachuzo. Me encanta esa secuencia en la que enciende un quinqué y al iluminar la habitación aparecen detrás Walance y su banda. Entre ellos me parece recordar que estaba Lee Van Cleff. Ah, yo también adoro pasarme por aquí. Besos. Borgo.

Clementine dijo...

Pues Hitchcock le pondría pegas a ese título... Los secundarios de Ford son puro lujo cinematográfico, Miquel, yo les tengo prometida aquí una entrada porque bien lo merecen. Y que sirva entonces esa foto de Carradine como homenaje a tu padre, y yo tan contenta. O'Brien hace aquí el mejor papel de su carrera, a veces no parece ni él. También ese momento del quinqué iluminando a los malos me chifla a mí, y el que también adores pasarte por aquí, eso es ya más bien un lujo para esta pantalla. Besos, Borgo.

miquel zueras dijo...

Anda, Clementine, si ya habías mencionado a Van Cleef. Es que en ese momento se me colgó el ordenador y se me "escapó" al volverme a conectar. Besos. Borgo.

Clementine dijo...

Sí, Miquel, yo a Van Cleef le menciono siempre que sale y en ésta habla poco pero se nota un rato largo su presencia, y eso que tiene siempre al lado a ese monstruo cinematográfico llamado Lee Marvin. Lee Van Cleef cada vez me gusta más, es además taaaan elegaaante... Besos, Borgo.

Piru dijo...

Hola Clementine, película maravillosa, inolvidable, es una de las imprescindibles en la Historia del Cine no sólo del western

Un saludo

Clementine dijo...

Hola, Piru, tú lo has dicho, es un clásico en toda regla, imprescindible. Otro saludo para ti.

El Tirador Solitario dijo...

Clementine, me voy de boda (no la mía, no te asustes) quiero decir que lo mismo hasta el lunes no puedo disfrutar de los placeres de tu próxima y anunciadísima entrada (espero que no sea sólo un artificio publicitario)...así que ye me pasaré, ya me pasaré!!

Clementine dijo...

Tirador, te puedes ir tranquilamente, precisamente es el Lunes cuando aparecerá esa anunciada entrada que, no, no es un artificio publicitario, yo no soy nada artificial, ya lo sabes...
Y, te voy a ser sincera, no me asusta la idea de que celebres tu propia boda, de momento no estás en mis planes al respecto...
¡Pásalo genial, eso sí! Y aquí te espero. Besos.

Marcos Callau dijo...

Clamoroso Lee Marvin en esta película, Clementine. Me encanta. Una obra maestra imprescindible en las historia del cine. Supera la definición de western. Maravillosa tu entrada. Un beso Clementine!

Clementine dijo...

Gracias, Marcos. ¿Y cuándo no está clamoroso Lee Marvin? Pero este personaje lo hace suyo totalmente, él es Liberty Valance sin más, ni siquiera te planteas que dentro pueda haber un actor. ¡Otro beso, Callau!

Alicia dijo...

Jó, qué peliculón..

Qué bonita dedicatoria a Tirador y qué brusca forma de manifestar tu indiferencia ante su estado civil.

Aquí cada uno comenta lo que le place, digo.

Clementine dijo...

Comenta lo que te plazca, Alicia, que para eso estamos. Peliculón, más bonito...

Roberto Béjar dijo...

Esta película es uno de mis westerns favoritos, pese a que como ya se ha dicho, no hay muchas cabalgadas en espacios abiertos, ni indios ni el séptimo de caballería a la gresca entre ellos.

Stewart, Wayne y Marvin llenan la pantalla y sólo con esto bastaba para que saliese un peliculón. Marvin posiblemente hace el papel de su carrera. Y por cierto, que no me la imagino en color, pese a que por la época ya dejara de estilarse.

Sobre la banda sonora de Mockridge, a ver cuando se hace una edición oficial en condiciones.

Un besote!

Clementine dijo...

¡Hola, Roberto! Firmo tu comentario de principio a fin, también es éste uno de mis westerns favoritos, es una auténtica delicia en todo.

Y ya que hablas de bandas sonoras, te voy a recomendar que te asomes a la última entrada que he publicado en esta pantalla, la más reciente. Es sobre Joe Hisaishi, un genio musical japonés autor de muchas de las bandas sonoras de Miyazaki y de otros cineastas. Me comentaste una vez que no tenías el gusto de conocerle, verás, verás qué maravilla...

Muchos besos.