miércoles, 15 de septiembre de 2010

ALDO SANBRELL


El 10 de Julio de 2010 fue un día triste para el spaghetti western. Aldo Sanbrell, uno de sus actores más representativos, nos dejaba huérfanos a los miles de cinéfilos que le habíamos seguido en este interesantísimo género cinematográfico.

Nacido el 23 de Febrero de 1931 en Vallecas (Madrid), Alfredo Sánchez Brell se trasladó a México con su padre a muy temprana edad. Con el tiempo, probó allí fortuna cantando rancheras (como Alfredo de Ronda) y como jugador de fútbol de la liga mexicana. Regresó a España en 1959, y jugó en el Rayo Vallecano, antes de dirigir sus pasos al mundo del cine.


Aldo debutó en la gran pantalla en 1962 como uno de los atracadores de la escena final de “Atraco a las tres” y rodó su primer western, “Tres hombres buenos”, a las órdenes de Joaquín L. Romero-Marchent, un año más tarde.


Su imponente aspecto físico, y su buen hacer, le llevó pronto a interpretar, alternativamente a otros papeles, a una serie de pistoleros, para pasar más adelante a villanos de mayor calibre, piratas o crueles mejicanos que asesinaban sin piedad a hombres, mujeres y niños.

Aprendió inglés en América e italiano y francés durante los rodajes de sus películas. Porque hubo títulos en los que él participó que se rodaron en varios idiomas (inglés, alemán, italiano, español…). Cada actor hablaba en su idioma, pero era esencial que se aprendiera bien el pie del otro actor.

"Me pareció que sonaba bonito y muy italiano; quizás por eso luego lo hayan transcrito muchas veces como Sambrelli. Hoy la familia me sigue llamando Alfredo, pero entre los amigos ya me quedé con lo de Aldo"


Ya conocido como Aldo Sanbrell (aunque ligeramente su nombre completo variaba a menudo de una producción a otra), intervino en los cinco grandes spaghetti western de Sergio Leone, al que conocía de la época en la que el director vino a España para dirigir “El coloso de Rodas”.

En cierto modo se siente placer encarnando al villano


Por un puñado de dólares”, “La muerte tenía un precio”, “El bueno, el feo y el malo” (a punto estuvo de dar vida al “feo” que luego haría Eli Wallach), “Hasta que llegó su hora” y “Agáchate, maldito" son cinco verdaderas obras de arte del cine del Oeste donde Sanbrell plasmó impecablemente su papel de villano.

Pero también trabajó a las órdenes de George Cukor (“Viajes con mi tía”), Mario Monicelli, John Milius o Richard Lester (“El regreso de los tres mosqueteros”).


En el resto de su filmografía, títulos hoy tan conocidos como “Rey de reyes”, “Cleopatra”, “El viento y el león”, “Navajo Joe”, “El hombre de Río Malo”, “La isla del tesoro”, “Conan, el bárbaro” o “El río que nos lleva”.

Y en la pequeña pantalla, series como “Brigada Central”, “Don Quijote”, “Curro Jiménez” o “El comisario”


Actor internacional en el más literal sentido de la palabra, Aldo Sanbrell trabajó en la “trilogía del dólar” junto a Clint Eastwood (“cuando acabábamos de rodar, se iba un rato a correr y luego aparecía”).


Y, también a las órdenes de Sergio Leone, con grandes nombres como Jason Robards (“un tipo estupendo, muy cordial”), Rod Steiger o Henry Fonda (“un hombre muy educado, muy caballeroso”).


O Gian María Volonté (“muy buen actor, un tanto introvertido”), James Coburn y Lee Van Cleef (“un monstruo cinematográfico, un gran actor”).


A las órdenes de otros directores, compartió cartel con figuras del calibre de Ernest Borgnine (“un hombre encantador, un tipo de origen latino que lo aleja del típico estadounidense”), John Carradine, Jack Palance (“un tipo formidable y uno de esos actores capaz de eliminarte cuando hacías una secuencia con él”), Yul Brynner o Anthony Quinn (“un tipo accesible, aunque mantenía su independencia”).


Y con actores españoles de la talla de Fernando Rey (“era un magnífico relaciones públicas y sabía moverse estupendamente”), Álvaro de Luna (“iba a todos lados con dos pesas para no perder la forma”), Fernando Sancho (“llevaba a todos sitios un puñado de fotografías suyas que iba regalando se las pidieras o no”) o Manuel Zarzo (“además de compañero, le considero un amigo al que le tengo mucho cariño. Es un gran profesional”). Y con bellezas como Claudia Cardinale, Raquel Welch, Candice Bergen o Sharon Stone.

Aldo también dirigió títulos como “Sol sangriento”, “La última jugada” (donde se reservó, para variar, el papel del bueno), “Matar para vivir”, “El hombre del Gran Río” o “Ahora mis pistolas hablan”.


Y produjo, a través de Asbrell Productions primero, y Aldo S. Brell Producciones Cinematográficas después, alrededor de quince películas, entre las que se encuentra “Hamán, el baño turco” y el corto “Río seco” (2006).

En 1993 se le concedió en Italia el 14º Premio Internazionale Fontana de Roma, único galardón que ha recibido en su carrera.


Yo tuve la suerte, y el gran honor, de conocerle en persona. Y os puedo asegurar que, después de haberle visto en tantas y tan destacadas películas, es una reconfortante sensación el tenerle delante de ti y descubrir, tras su “mirada de villano”, a una muy cercana y bellísima persona. Quizá sea el haberle conocido uno de los mayores orgullos que he tenido yo en la vida. Ya veis qué mérito por mi parte.
 
Yo he muerto de cien maneras diferentes ante la cámara, y para eso hay que meterse en el personaje, asumir su actitud, su mirada. Para mirar tienes que interiorizar el personaje, convertirte en él, ser así
 
Por eso siempre le recordaré así:
 

Como el mejor “malo” del salvaje Oeste. Y es que, lejos de apagarse su mirada, su maravillosa mirada, ahora brilla más que nunca al son, cómo no, de Ennio Morricone.

Y, por supuesto, a toda pantalla. Porque el nombre de ALDO SANBRELL estuvo, está y estará siempre escrito en la historia del cine. Con “n” antes de “b” y en letras mayúsculas.

Gracias de todo corazón, Aldo. Y encantada de haberte conocido.

En mi vida real yo soy buenísimo, pero el cine me ha dado la oportunidad de vivir mi lado más sádico
(ALDO SANBRELL)

Citas extraídas de la biografía cinematográfica
“ALDO SAMBRELL, LA MIRADA MÁS DESPIADADA” (Serrano Cueto)

jueves, 9 de septiembre de 2010

Un rayo de luz

Hace hoy 50 años, el 9 de Septiembre de 1960, se estrenaba en el Palacio de la Música de Madrid "Un rayo de luz", la primera incursión en el cine de nuestra hoy Pepa Flores, entonces Marisol.


Producida por Manuel Goyanes y Benito Perojo, esta película fue dirigida por Luis Lucia sobre un guión de los hermanos García Atalaya. Guión inspirado, a su vez, en la ya entonces famosa novela “El Pequeño Lord Fauntleroy", de Frances Hodgson Burnett.


"Un rayo de luz" contaba también en su equipo con otra pareja de hermanos, los García Segura, responsables de la banda sonora.

En dicha banda, temas hoy tan conocidos como "Corre, corre, caballito", "Paso firme" o "Adiós al colegio", cantados todos ellos por el descubrimiento musical y cinematográfico del momento, una niña de doce años que sería de inmediato conocida en el mundo entero.


Y en la confección de los títulos de crédito, otros dos hermanos, Santiago y José Luis Moro, que nos dibujaban a la protagonista de esta historia como sólo ellos sabían hacer. Con una magistral ternura.


El abuelo de Marisol en esta cinta estaba interpretado por Julio San Juan, actor ya formado en títulos como “Morena Clara”, “El malvado Carabel” o “La vida por delante”, que en 1961, un año más tarde, volvía a coincidir con Marisol en otra cinta de Luis Lucia, “Ha llegado un ángel”.

San Juan, curiosamente, intervendría más adelante, en 1962, en el también debut de Rocío Dúrcal en “Canción de juventud”, una vez más a las órdenes de Luis Lucia.


En el reparto también estaban Anselmo Duarte y una divertida María Isbert. Y María Mahor en el papel de madre de Marisol, dato que no deja de ser curioso por contar entonces Mahor tan sólo con ocho años más que la niña protagonista de esta cinta.


"Un rayo de luz" fue presentada, antes de su clamoroso estreno en Madrid, en el Festival de San Sebastián y en la Mostra de Venecia, donde consiguió Marisol el primer premio de interpretación infantil, .

En España, la pequeña actriz recibió también la Mención Especial del Sindicato Nacional del Espectáculo.


Medio siglo ya de una película que dio la vuelta al mundo.


Y medio siglo también del descubrimiento de una gran artista con luz propia llamada Marisol.

"Marisol es el animal cinematográfico más impresionante que he conocido"
(Orson Welles)

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Recordando a Richard Farnsworth


Yo conocí a Richard Farnsworth a través de su entrañable Matthew Cuthbert en la serie canadiense “Ana de las Tejas Verdes”. Y he de reconocer que en ese mismo momento me cautivó con su maravilloso personaje.


Más adelante, le descubrí como ayudante del entrenador en “El mejor”.


Y como sheriff en “Misery”.


Y como ranchero en “Tom Horn”.
Y también le vi en “Habana”, “El juez de la horca”, “Papillon”…


Richard Farnsworth nació en Los Ángeles (California) el 1 de Septiembre de 1920, en una modesta familia. Con el fin de ayudar económicamente en casa, abandonó a temprana edad los estudios para encargarse, por seis dólares a la semana, de un establo de un campo de polo.

Tras aparecer, a los 17 años, como jockey en “Un día en las carreras”, en 1938 le ofrecieron su primer papel como especialista en “Las aventuras de Marco Polo”, protagonizada por Gary Cooper.


Su habilidad y destreza encima de un caballo le valió un trabajo más que regular a la hora de doblar a estrellas como el propio Gary Cooper, Roy Rogers, Kirk Douglas, Henry Fonda, Montgomery Clift o Steve McQueen, doblando Farnsworth también a menudo al malo de la película de turno.

Compaginándolo con su trabajo en los rodeos, Richard se fue afianzando como doble en papeles de jinete en títulos hoy ya clásicos como “Gunga Din”, “Cinco tumbas al Cairo”, “Duelo al sol”, “Fort Apache” o “Río Rojo”.

 Farnsworth como doble de Jimmy Wakely en “Lawless Code” (1949)

Títulos a los que se unirían otros no menos importantes como “Lo que el viento se llevó”, “Espartaco”, “El motín del Caine”, “La conquista del Oeste”, “Mayor Dundee”, “La ingenua explosiva”, “La carrera del siglo”, “Dos hombres y un destino”, “La leyenda de la ciudad sin nombre”…

Y, por supuesto, la que sería una de sus más queridas participaciones cinematográficas, como conductor de un carro romano, en “Los diez mandamientos”.


Cofundador en 1961 de la Stuntmen’s Association (Asociación de Especialistas), Farnsworth apareció por primera vez en los créditos dos años después. Y aunque en algunas de sus películas anteriores le habían dado ya una o dos líneas de diálogo, no fue hasta mucho más tarde cuando empezó a destacar en el terreno de la interpretación, convirtiéndose con el tiempo en un actor reconocido y respetado.


A los 58 años de edad le llegó su primera nominación al Oscar, como mejor actor secundario, por su papel en “Llega un jinete libre y salvaje” (1978). Compitió en esta categoría con actores de la talla de Jack Warden, John Hurt, Bruce Dern y Christopher Walken, quien se llevó finalmente la estatuilla por su soberbia actuación en “El cazador”.


En 1983, Richard fue galardonado con el Premio Genie (premio canadiense equivalente al Oscar) por “El zorro gris”, interpretación por la que también consiguió una nominación en los Globos de Oro.


Y en 1999, tras un período de semiretiro, David Lynch le ofreció protagonizar "The Straight story (Una historia verdadera)". Richard no conocía entonces la carrera cinematográfica de Lynch pero sí su película “El hombre elefante”, y por esta referencia aceptó el papel.

“No, no hice prueba alguna. No había visto a David Lynch hasta la semana anterior al comienzo del rodaje”


Con 79 años de edad y compartiendo cartel con Sissy Spacek y Harry Dean Stanton, Farnsworth compuso en Alvin Straight un maravilloso personaje. La película se estrenó en el Festival de Cannes con un éxito instantáneo.


Tan sólo nominado por este papel al Oscar (se lo llevó Kevin Spacey por “American Beauty”) y a los Globos de Oro, sí obtuvo por el mismo el Premio del Jurado al mejor actor en el Lauderdale International Film Festival, el Independent Spirit Award y el NYFCC Award en los Premios del Círculo de Críticos Cinematográficos de Nueva York.

Richard, a la izquierda, como doble de Guy Madison en la serie de televisión “Adventures of Wild Bill Hickok”

Richard Farnsworth también trabajó como especialista en la pequeña pantalla, donde además se nos hizo un rostro familiar en series hoy ya míticas como “El gran chaparral”, “Bonanza”, “Raíces”, “La casa de la pradera” o “Autopista hacia el cielo”.


Pero sería en 1985, a través de "Ana de las Tejas Verdes", donde Richard encontraría un papel que parecía escrito a su medida.


De ser simplemente el hermano de Marilla, la mujer que decide adoptar a la pelirroja Anne Shirley (una maravillosa Megan Follows), Farnsworth pasa rápidamente a ser el mejor cómplice de la niña y el que la ayuda incondicionalmente a hacerse con su nueva madre adoptiva, magníficamente interpretada por Colleen Dewhurst.



Un encantador y entrañable personaje el de Matthew que le valió a Richard el canadiense Premio Gemini a la mejor interpretación secundaria.


Poco después del estreno de “The Straight story”, el crítico cinematográfico estadounidense Roger Ebert le hizo una entrevista a Farnsworth.  Entre otras cosas, le preguntó de qué se sentía más orgulloso el actor a lo largo de toda su carrera. Richard respondió que de no haber dicho un solo taco en más de sus 60 actuaciones. Todo un señor, como era de esperar.


Tristemente, a sus 80 años de edad, nos dejaba este caballero de la gran y pequeña pantalla. Gracias, Richard, por dejarnos también un valiosísimo legado cinematográfico y televisivo. Y hasta siempre, querido Matthew.

Trabajé para John Ford, Howard Hawks, Henry Hathaway, Raoul Walsh... Trabajé para directores realmente buenos
(RICHARD FARNSWORTH)

martes, 17 de agosto de 2010

Todo un actor llamado Skippy

En 1934 se estrenaba en la gran pantalla “La cena de los acusados”, película basada en “El hombre delgado”, novela de éxito del escritor estadounidense Dashiell Hammett.


Protagonizada por Myrna Loy y William Powell, una de las mejores parejas cinematográficas que ha dado la comedia americana, “La cena de los acusados” se centraba, al igual que la novela, en Nick y Nora Charles, un matrimonio de detectives que solucionaban casos con asombrosa facilidad.


Pero, claro, contaban para ello con la ayuda inestimable de su perro “Asta”, papel interpretado por Skippy, un avispado fox terrier.


Tras aparecer al año siguiente en “The daring young man”, Skippy volvía a compartir reparto de éxito con Loy y Powell en “Ella, él y Asta” (“After the thin man”, 1936).


En 1937, como premio a su demostrada profesionalidad, el inteligente fox terrier fue elegido para actuar con otra gran pareja de la comedia americana: Irene Dunne y Cary Grant.


La película, hoy clásica, se llamó “La pícara puritana” y en ella Skippy, esta vez en el papel de “Mr. Smith”, era objeto de una batalla por su custodia tras el divorcio del matrimonio formado por Jerry y Lucy Warriner, unos magistrales Dunne y Grant.


La divertida química formada por Skippy y Cary Grant les hizo volver a coincidir un año más tarde en “La fiera de mi niña”.


El fox terrier encarnaba esta vez a “George”, objeto de nuevo de la atención de otra magnífica pareja de la comedia americana. Katherine Hepburn y Cary Grant le seguían a George atentamente los pasos con el fin de recuperar la valiosa clavícula intercostal de un brontosaurio.


Skippy se retiró de la gran pantalla en ese mismo año dando vida a “Mr. Atlas”, un simpático fox terrier que compartía cartel en “La pareja invisible se divierte” con Roland Young, otro importante actor de comedia que nos deleitaría dos años más tarde en el papel del tío Willy de “Historias de Filadelfia”.


Entre 1939 y 1947, otros terrier de la familia de Skippy volvían a compartir rodaje con Nick y Nora Charles en títulos hoy ya clásicos de la famosa pareja como “Otra reunión de acusados”, “La sombra de los acusados”, “El regreso de aquel hombre” o “La ruleta de la muerte”.


Gracias, Skippy, por tu gran aportación a la época dorada de la comedia americana.

Asta, tú no eres un terrier, eres un perro policía
(Nick Charles)

jueves, 5 de agosto de 2010

El mundo está loco, loco, loco

Un grupo de automovilistas viaja por un agreste paisaje del sur de California. De pronto, un coche les adelanta a gran velocidad pero, al tomar una curva, se precipita por un barranco.

El resto de los coches se detiene y sus viajeros intentan ayudar al vehículo siniestrado. El único ocupante del vehículo, antes de morir, declara que tiene escondido un botín de trescientos mil dólares en el parque Santa Rosita. Y aquí comienza realmente esta historia.


Producida y dirigida en 1963 por Stanley Kramer, artífice de maravillas como "Vencedores o vencidos" o "Adivina quién viene esta noche", “El mundo está loco, loco, loco” cuenta con un ingenioso guión de William y Tania Rose y una más que pegadiza música de Ernest Gold.


Esta cinta rinde un merecidísimo homenaje a la más pura comedia cómica, género de una grandísima tradición que se remonta a los "slapstick" (algo así como bufonadas) ingeniados por los pioneros de Hollywood en el maravilloso cine cómico mudo. Homenaje disfrazado en esta película con la apariencia de una corrosiva fábula sobre la sociedad actual y el afán por el dinero fácil.

“Todos tenemos que pagar impuestos. Hasta los grandes hombres de negocios que se dedican a timar a la gente cada día”

Y nada mejor para rendir este tributo a este género que reunir a grandes nombres de la comedia cómica. Stanley Kramer echó mano de todos los cómicos populares que se le vinieron a la mente. Unos rechazaron el proyecto y otros fueron finalmente elegidos. También hubo un gran número de estrellas de la comedia que se prestaron voluntarios y otros que reclamaron el no haber sido convocados.


El reparto definitivo de la película es de auténtico lujo. Sin destacar uno sobre otro en la trama del film, nos encontramos ilustres nombres de la comedia cómica como Milton Berle, Terry-Thomas, Jimmy Durante o Sid Caesar.

A otros no menos ilustres nombres, no necesariamente de comedia pero que aquí demuestran sus grandes dotes para este género, como Mickey Rooney o Peter Falk.


Y a Ethel Merman, reconocida estrella de la canción, que borda aquí su papel de impertinente suegra de uno de los matrimonios. Lo hizo tan bien que Milton Berle (su yerno en el film) afirmó en una entrevista que, tras rodar la escena donde Ethel le da con el bolso, le dejó a él un bulto que le duró seis meses.

“Billie Sue, habla con tu padre”
“No quiero, no quiero hablar con él. Nunca”
“No digas eso. Sea lo que sea, es tu padre”


Comentario aparte merece la impecable interpretación de Spencer Tracy como el padre de Billie Sue. Reconocido y respetado actor en prácticamente todos los géneros del cine, Spencer compone aquí un personaje, en principio sensato y serio como jefe de policía que es, al que vamos descubriendo en su verdadera naturaleza, es decir, uno más de los avispados candidatos a conseguir como sea el ansiado botín.

Realmente magistral en esta historia, Tracy derrocha con gran destreza todas las dotes cómicas adquiridas en su ya entonces extensa carrera cinematográfica.


Kramer también homenajeó en esta película a actores sobradamente consagrados en el mundo de la comedia a través de una serie de cameos de estos mismos actores.

Así, podemos ver fugazmente en la cinta a Edward Everett Horton (actor habitual en las comedias de Ernst Lubitsch), a Joe E. Brown (pronunciador de la frase “Nadie es perfecto” en “Con faldas y a lo loco”), a Jack Benny (principal protagonista de la genial “Ser o no ser”), a Andy Devine (genuino conductor de la diligencia más famosa de la historia del cine), o al mismísimo Buster Keaton.

“¡Toma el número, el número! ¡Quiero el número de matrícula de ese tipo!”


Y, cómo no, a Jerry Lewis. Cuando se rodó "El mundo está loco, loco, loco", Lewis se hallaba en los estudios Paramount rodando "El profesor chiflado". Kramer quiso contar con él porque en esos momentos era el único gran continuador, delante y detrás de la cámara, de los grandes maestros de la comedia burlesca.

Entre toma y toma de su película, Jerry efectuó su breve pero significativa aparición en esta otra como el automovilista que aplasta, muy a propósito, el sombrero del capitán de policía interpretado por Spencer Tracy. El cameo de Jerry se mantuvo en absoluto secreto durante la promoción internacional del film.


Pero el reparto de "El mundo está loco, loco, loco" pudo haber sido aún más espectacular. Stan Laurel rechazó participar en esta película porque, tras la muerte de su inseparable Hardy, no quería volver a la interpretación.

Tampoco aceptaron participar en ella Bob Hope, George Burns y Red Skelton. Y Judy Holliday (la magistral protagonista de “Nacida ayer”) tuvo que rechazarla por motivos de salud.


Incluso el personaje que finalmente hizo Ethel Merman estaba en principio pensado para Groucho Marx, como suegro, claro está.


Y los personajes del matrimonio formado por Melville y Monica Crump les fueron primeramente ofrecidos a Mickey Rooney y Judy Garland. Ella tuvo que rechazarlo por incompatibilidad con su entonces trabajo televisivo y a Mickey le ofrecieron otro personaje de la historia.


El mundo está loco, loco, loco” obtuvo el Oscar a los mejores efectos de sonido, siendo también nominada a la mejor fotografía, mejor montaje, mejor canción, mejor banda sonora y mejor sonido.


Una impecable dirección, un ingenioso guión, un reparto de auténtico lujo, una música para la historia del cine y un acertado tributo a la más pura comedia cómica.

En definitiva, "El mundo está loco, loco, loco". ¿Y cómo, si no?