Hoy “La Gran Pantalla” cumple tres años, largo período en el que he disfrutado enormemente de vuestra compañía. Mil gracias por seguir ahí, sin vosotros esto no hubiera sido ni la mitad de interesante.
Para celebrar tan señalado aniversario tenía pensado invitar, una vez más, a mi admirado Jerry Lewis, mi ya imprescindible amuleto cinematográfico de la suerte. ¿Y sabéis qué? Esta vez nos hemos limitado a cruzar la mejor de nuestras sonrisas pues él me estaba ya esperando con su “guión” aquí mismo, al inicio de esta entrada. Y yo tan sólo he tenido que darle a “publicar”...
“El
16 de Marzo de 1926, mi padre actuaba en el Empire Theatre de Newark. Ése fue
el día en que yo nací, entre su actuación matinal y las funciones vespertinas;
me pusieron por nombre Joseph, como mi abuelo materno...”
“Desde muy joven, mi padre se dio cuenta de lo que
significaría para él heredar el negocio del abuelo. Él quería tener una
profesión de verdad, quería ser algo más que vinatero. Un día de verano, vio el
nombre de Al Jolson en el cartel de un teatro de vodevil. Entró y le oyó cantar
‘Mammy’...
Se
pasó infinidad de horas ante un espejo intentando parecerse a Al Jolson. Se
aprendió de memoria las canciones y los trucos de otros triunfadores del
vodevil. Se presentó a una serie de audiciones como Danny Lewis. A los
representantes de variedades les gustó su voz, también les llamó la atención su
buena planta...”
“Uno
de los sitios por donde mi padre se dejaba caer era el comercio S. S. Kresge,
en Market Street, Newark, Nueva Jersey. Allí trabajaba una chica de diecinueve
años llamada Rachel Brodsky. Tocaba canciones al piano tras una pila de marcos
y otras naderías. Los clientes acudían a aquel departamento y cantaban mientras
ella tocaba canciones de Jerome Kern, Vincent Youmans, Louis Hirsch, Cole
Porter, Irving Berlin, George Gershwin, George M. Cohan y demás. Las tocaba con
mucha viveza y total perfección técnica...
Allí
la conoció mi padre en una mañana primaveral.
Se casaron en Enero de 1925”
Se casaron en Enero de 1925”
“Una
mañana de principios de verano. Mis padres están hablando en la cocina... ¡Nos
vamos a Catskills, a las montañas! Al President Hotel, en Swan Lake, donde mamá
trabajará como pianista y papá cantará, hará papeles cómicos y actuará como
maestro de ceremonias, trabajando además en otros hoteles...
A
las cuatro en punto empezaban en el casino los ensayos del espectáculo. Naturalmente,
mis padres estaban ocupadísimos con su trabajo, pero a mí me dejaban quedarme a
ver el espectáculo tantas veces como quisiera siempre que no molestase a nadie.
Una vez comprendida y obedecida esta norma, me sentaba en un rincón tranquilo y
casi de inmediato me sentía transportado a una felicidad inexplicable,
observando los ensayos, el desarrollo y corrección de las actuaciones, las
vocalizaciones, la preparación de los chistes, los pasos de baile... Y mientras
tanto yo estaba allí, casi sin aliento, enfundado en mis pantalones
polvorientos y deseando con todas mis fuerzas que llegara pronto el día en que
pudiera actuar, como ellos, en un escenario...
Tras
muchas súplicas por mi parte y una infinita paciencia por parte de mi madre,
una noche de fin de semana, en una función organizada por el hotel en beneficio
del cuerpo de bomberos, fui presentado como el talento “sorpresa”. Mi madre
tocó una nota y yo empecé a cantar...”
Y ya no he dejado de hacerlo. La música, las canciones, han ocupado siempre un sitio privilegiado en mi vida. Con doce años produje, dirigí e interpreté en el Rex Theatre, el más popular cine de Irvington, un espectáculo musical para la Cruz Roja, una actuación entre película y película en la que participaron de cuarenta a cincuenta niños. Y en las diversas giras de mis padres, en los descansos entre sus actuaciones musicales, yo presentaba ante ese mismo público mis propios números cómicos a los que siempre añadía una o varias canciones. Pequeños momentos de gloria para mí que fueron haciéndose cada vez más frecuentes...
Poco
a poco me fui adentrando en ese maravilloso mundo del espectáculo que ya desde pequeño
corría por mis venas, actuando en multitud de sitios y consiguiendo mis propios
aplausos…
“Cuando
lo miré de pies a cabeza me di cuenta de que era un tipo totalmente en
tecnicolor. ¡Y qué zapatos! Y mientras miraba a aquel magnífico desconocido, de
una apostura sensacional, me vi a mí mismo como un patito que chapoteaba lejos,
muy lejos de él”
En
1946 inicié mi carrera con Dean Martin y juntos conseguimos un gran éxito en la
radio, el teatro, la televisión y el cine. Coincidimos en un total de 17
títulos para la gran pantalla, entre los que se encontraba ‘¡Qué par de golfantes!’ (The
caddy), donde Dean nos deleitaba con su 'That's amore'... secundado por mi, y
cómo no...
Cuando
Dean y yo separamos nuestros caminos, una canción en concreto vino a rescatarme
de mi absoluta desorientación y desconcierto ante la inevitable ruptura de
Martin y Lewis.
Judy
Garland debía interpretar en una de sus actuaciones “Rockabye your baby with a
Dixie Melody”, probablemente, cosas de la vida, la canción más recordada del
repertorio de Al Jolson, el artista por el que mi padre empezó a cantar. Pero Judy sufría en esos momentos de una infección en
la garganta, así que me llamaron para sustituirla. Del todo consciente de que ella
era realmente insustituible accedí finalmente a tal petición, obteniendo con
ello un gran éxito. Comenzaba así con buen pie mi carrera en solitario...
No
os extrañará, por tanto, que “Rockabye your baby” me haya acompañado durante toda
mi vida artística. La he interpretado en infinidad de ocasiones, una de las más
entrañables junto a mi gran amigo Sammy Davis, Jr. en una de sus múltiples
apariciones en mi MDA Telethon.
Y
es que, a lo largo de mi extensa carrera, he tenido el inmenso honor de
coincidir con un gran número de enormes intérpretes musicales.
Como Andy Williams que pacientemente atendió a mis consejos e indicaciones
referentes a su forma de cantar... y bailar.
O el mismísimo Ray Charles quien, siempre con una sonrisa, me permitió que
“colaborara” en su memorable aparición en el MDA Telethon de 1978.
O
mi hijo Gary, que ya a sus dieciocho años formaba su propio grupo musical, “Gary
Lewis and the Playboys” y en 1965 me brindaba la oportunidad de interpretar con
él una peculiar versión del exitoso "Help" de los Beatles...
Desde
aquí les doy las gracias a todos y cada uno de ellos por cruzarse en mi camino
y enriquecer mi vida artística y personalmente.
Citas
extraídas de mi autobiografía
“Jerry Lewis por Jerry Lewis. Memorias”
“Jerry Lewis por Jerry Lewis. Memorias”
Gracias a ti, Jerry, por brindarnos tu maravillosa musicalidad a lo largo de tan extraordinaria carrera. Y gracias también por no dejar de acompañarnos en esta gran aventura a toda pantalla.















