Empezamos con un buen comienzo de película. Una
ingeniosa presentación de los dos personajes principales de “Mi nombre es ninguno” (1973), una más que entretenida historia ideada por Sergio Leone. Y
con una pegadiza música de Ennio Morricone que nos va preparando ya para lo que
vamos a ver a continuación.
Recordando el pasado, Noodles se decide a mirar de
nuevo por el hueco de una pared en “Érase una vez en América” (1984). Y, de
nuevo, ve bailar a Deborah al son de la maravillosa versión de “Amapola” de Morricone.
Un mítico duelo. Blondie, Tuco y Sentenza... Estamos
hablando, claro, de “El bueno, el feo y el malo” (1966). Imprescindible
Morricone en esta escena.
En esa gran producción que es “Novecento” (1976), Ennio Morricone nos regala un nuevo himno a la libertad de la clase obrera que
retrata esta historia, el maravilloso “Romanzo” con el que comienza esta
película,
una verdadera joya musical.
Danny Boodman, o “Mil novecientos”, encuentra
inspiración musical al mirar por la escotilla del barco en “La leyenda del pianista en el océano” (1998). Una escena llena de magia que Morricone
convierte en magistral.
“La Misión” (1986) nos da la opción de acompañar al
Cardenal Altamirano en su visita a la misión de San Carlos. A este emotivo momento lo envuelve, además, la magia de Morricone, haciendo la escena absolutamente perfecta.
En "Hasta que llegó su hora"(1968) asistimos a la
llegada a Flagstone de la guapísima Jill. Pero nadie la espera en la estación.
En su soledad, pese a estar rodeada de gente, tan sólo le acompaña Morricone
con uno de los temas musicales más maravillosos de toda la historia del cine.
Y terminamos con un inmejorable final. El de “Cinema Paradiso” (1988), donde descubrimos, al mismo tiempo que Totó, el maravilloso
regalo que ha dejado para él su amigo Alfredo… Un conmovedor homenaje al cine
envuelto, una vez más, por la magia de Morricone.
Ennio Morricone ha sido candidato a los Premios Oscar
en cinco ocasiones: “Días del cielo”
(1978), “La misión” (1986),
“Los intocables de Eliot Ness” (1987), “Bugsy”
(1991) y “Malena” (2000).
En 2007 Clint Eastwood, no podía ser otro, le hacía
entrega del
Oscar Honorífico “por su magnífica contribución
al arte de la
música cinematográfica”.
Gracias de todo corazón, Ennio. Por tu música, por tu arte, por tu sensibilidad, por tu elegancia, por tu
profesionalidad,
por tu maestría, por tu grandeza…
Y, por
encima de todo, gracias por envolvernos siempre
con tu extraordinaria magia.









