jueves, 27 de agosto de 2009

A spoonful of sugar. Edición especial

Mary Poppins es la nueva niñera de Jane y Michael. Los dos niños viven junto a ella un verdadero cuento de hadas, ya que Mary resuelve todos los problemas como si fuera un juego. Y junto a su amigo Bert, un personaje igualmente mágico. Gracias a ambos, Jane y Michael recuperan la total atención de sus padres.

Celebrando por todo lo alto el 45 aniversario del estreno, tal día como hoy, de esta maravillosa película, la factoría Disney ha lanzado esta edición especial de lujo:


Cuando Julie Andrews ganó el Oscar a la mejor actriz por "Mary Poppins" se lo agradeció en su discurso a Jack Warner, productor del film “My fair lady”. Fue con sarcasmo, puesto que Warner la había descartado para interpretar a Eliza Doolittle en la pantalla (Julie la había interpretado en los escenarios) por ser Andrews entonces desconocida para el gran público, eligiendo en su lugar a la más conocida Audrey Hepburn. Curiosamente, Hepburn fue doblada en las canciones por Marni Nixon.

Mary Poppins” es mucho más que un musical en toda regla que mezcla a la perfección actores reales con secuencias animadas. Dirigida por Robert Stevenson, que llegó a trabajar con Disney en un total de 19 películas, contó con la maravillosa banda sonora de los hermanos Sherman.


Y, como en infinidad de casos, todo empezó en un libro.

Érase una vez Pamela Lyndon Travers, seudónimo de Helen Lyndon Goff, novelista, poeta, actriz y reportera. Hija de padres de ascendencia irlandesa, nació en Australia en 1899. La mala relación de sus padres hizo que Helen se refugiara en su imaginación. A los 17 años decidió trasladarse a Dublín, donde su interés por la mitología y la simbología le abrió camino en los círculos literarios. Comenzó publicando sus poemas mientras se ganaba una reputación como actriz. Junto a una compañía que interpretaba a Shakespeare recorrió Australia y Nueva Zelanda antes de establecerse en Londres en 1924. Entonces ya se dedicó a escribir como P.L. Travers, iniciales que ocultaban su condición femenina. Una mujer que llevaba un vestido pasado de moda, y un paraguas con una cabeza de pájaro tallado en la empuñadura, le sugirió a Travers el aspecto que tendría su próximo personaje: Mary Poppins. Como buena escritora, admiraba a J.M. Barrie (autor de “Peter Pan”) y trató de emularle en su libro sobre la fantástica niñera.


Mary Poppins” supuso la irrupción de la figura mágica femenina en la literatura juvenil. Fue también uno de los primeros relatos modernos que daba prioridad al mundo de la imaginación, mundo siempre maravilloso, sobre los cauces narrativos tradicionales, reivindicando con ello lo absurdo, la fantasía, el humor y la supresión de los límites entre lo real y lo irreal. La publicación de “Mary Poppins” en 1934 fue el primer éxito literario de Travers. Le seguirían cinco secuelas, la ultima en 1988. El éxito de la serie de libros trajo consigo también un abecedario y un libro de recetas.

En 1938 apareció en escena Walt Disney. Quería llevar a la gran pantalla a aquella maravillosa niñera. Sin embargo, su autora no creía en esta versión fílmica, alegando como principal razón el que los estudios Disney aún no habían producido ninguna película con acción real. El genio de la animación tuvo que esperar pacientemente más de veinte años hasta conseguir los derechos para hacer la película. La autora ponía, además, varias condiciones, entre otras, el derecho a aprobar el guión con el fin de que la película no repercutiera desfavorablemente en su venta de libros. Intentó también suprimir los dibujos animados de la película, pero aquí Walt no cedió. Evidentemente, Travers no había reconocido aún en Disney su don para convertir en oro todo lo que pasaba por sus estudios de animación.

Empezó entonces la selección de actores. Para el personaje de Mary Poppins se barajaron, en principio, nombres como Bette Davis, a quien había considerado Walt basándose en la fría caracterización del personaje de Travers, o Angela Lansbury, actriz que más adelante prestaría su imagen y su voz a la factoría Disney.


Finalmente, Walt Disney se decidió por Julie Andrews, actriz casi desconocida, tras verla en los escenarios de Broadway representando “Camelot”. La única pega que puso Andrews a tal ofrecimiento era el encontrarse en ese momento en estado de buena esperanza. Walt no sólo le aseguró que esperaría para empezar el rodaje, sino que también le ofreció a Tony Walton, entonces marido de Andrews, el diseño de vestuario y decorados de la película. Julie consiguió la aprobación de la autora del libro por curiosa vía telefónica. La actriz se encontraba por entonces en la cama, ya que acababa de tener a su hija Emma. Mereció la pena la espera. Julie Andrews, por supuesto, bordó su papel.

Para el entrañable personaje de Bert, se consideraron actores ya muy conocidos como Danny Kaye, Fred Astaire o, incluso, Cary Grant. Disney entonces se fijó en Dick Van Dyke, un actor que físicamente encajaba con el mágico Bert y que, además, cantaba y bailaba profesionalmente. El personaje de Bert en el film era el compendio de varios amigos de Mary Poppins en el libro. Los oficios de Bert en esta historia son múltiples: hombre-orquesta, pintor de cuadros, deshollinador y vendedor de cometas. Y los cuatro encajaban a la perfección con la fisonomía de Van Dyke.


Dick, además, había desarrollado durante los años cincuenta un gran talento para interpretar a excéntricos hombres de edad avanzada. Así que, aunque en principio Disney le ofreció sólo el papel de Bert, Van Dyke insistió en hacer también una prueba para el personaje del viejo Mr. Dawes, doble trabajo en la película por el que el actor no quiso cobrar. Si la interpretación de Dick como Bert es ya antológica, no nos deja tampoco indiferentes su caracterización de Mr. Dawes.

La interpretación de los dos niños, Jane y Michael, es de una naturalidad asombrosa. Para conseguirlo, se decidió no informar a los pequeños actores de determinados puntos de la película. Las reacciones de asombro de Jane cuando Mary Poppins saca un sinfín de cosas de su gran bolso, o cuando su medicina cambia de color, eran auténticamente reales. Tampoco se les dijo quién estaba interpretando al viejo Mr. Dawes. Así que al tambalearse Dick Van Dyke de forma tan convincente, dada la avanzada edad de su personaje, los niños estaban muy pendientes por si se caía de repente, aunque no dejaba de resultarles algo cómico.


Los niños fueron interpretados en la gran pantalla por Karen Dotrice y Matthew Garber. Nacido en Londres en 1956, Matthew dio sus primeros pasos en el mundo de la interpretación gracias a un amigo de la familia, el actor Roy Dotrice, que le consiguió un papel en “Las tres vidas de Thomasina”, una película producida por Disney en donde trabajaba la hija de Dotrice, Karen. Actriz británica nacida en 1955 en una familia dedicada al teatro, Karen debutó en el escenario con tan sólo cuatro años. Cuando terminó el rodaje de “Las tres vidas de Thomasina”, Walt contó de nuevo con los dos niños para “Mary Poppins”. Tras el rotundo éxito de esta película, Karen y Matthew repetirían con Disney y como hermanos en “El abuelo está loco”, compartiendo cartel esta vez con un divertido Walter Brennan en un doble papel.

El resto del reparto contribuyó rotundamente al éxito de la película. Para el personaje de George Banks, padre y cabeza de esta singular familia, se pensó en un principio en actores como Richard Harris, Terry-Thomas, George Sanders, James Mason o Donald Sutherland. El papel recayó finalmente en David Tomlinson, que no sólo llevó a buen fin su interpretación, sino que además puso la voz a algunos de los personajes animados de la película, como uno de los pingüinos camareros, el jockey que permite pasar a Mary Poppins en el carrousel de caballos o el mismísimo paraguas de Mary. Glynis Johns dio vida a la perfección a la alocada madre y Ed Wynn bordó su papel del tío Albert. Y maravillosos también Reginald Owen, como el Almirante Boom, y Hermione Baddeley y Elsa Lanchester como Ellen y Katie Nanna.


Mary Poppins” contó, además, con una verdadera actriz de lujo. Jane Darwell (inolvidable madre de Henry Fonda en “Las uvas de la ira”) se había retirado ya del cine en 1959, y vivía ahora en la Motion Picture Country Home, en Wooden Hills, California. Disney no dudó un momento en ofrecerle el papel de la entrañable mujer que da de comer a las palomas. En un principio, Jane, que contaba entonces 84 años de edad, rechazó el papel, pero Walt deseaba por encima de todo tenerla en su película, así que fue a visitarla personalmente a la MPCH y, para fortuna de todos nosotros, consiguió convencerla. Su interpretación, muy breve con apenas una frase, que ilustra una de las canciones más bonitas de esta banda sonora, te transmite una emotiva ternura que sólo Jane Darwell podría haber conseguido.

Otra importante baza de la película es su Banda Sonora. Verdadera obra de arte creada por los hermanos Sherman, esenciales en los estudios Disney, que ganó, entre otros galardones, un Premio Grammy a la mejor banda sonora escrita para una película de cine o televisión. La composición de la totalidad de las canciones se completó en dos años. Se llegaron a escribir alrededor de 30 temas durante el desarrollo de la película. Y todas y cada una de las canciones que aparecen en “Mary Poppins” tienen algo especial. Y también esconden su pequeña historia.

"Chim Chim Cher-ee" obtuvo el Oscar a la mejor canción. Nos la canta Dick Van Dyke en dos momentos de la película, una él solo y otra con los dos niños. En ambos casos, una maravillosa melodía.

Supercalifragilisticoexpialidoso” estaba inspirada en una palabra sin sentido que aprendieron los hermanos Sherman en un campamento de verano. La recordaban como una palabra que ellos sabían pero los adultos desconocían. Y pensaron que los niños Banks tenían derecho a contar también con esta palabra. El coro animado de esta canción lo formaban nada menos que Richard Sherman, el entrenador vocal J. Pat O’Malley y la propia Julie Andrews.

"Jolly Holiday" recoge otro momento mágico de la película. Como dato curioso, la condición que puso aquí la autora del libro de que en la letra no se dejara entrever ningún tipo de relación más allá de la amistad entre Mary y Bert.


Let’s go fly a kite” tenía su punto de origen en el padre de los Sherman, que hacía cometas para los niños vecinos como hobbie. En la película, la cometa rota representa a la desunida familia. Cuando el padre la arregla, los cuatro salen juntos a volarla.

Una de las canciones preferidas de Julie Andrews era “Stay awake”. Cuando oyó que pensaban retirarla de la banda sonora, decidió escribir una carta a P.L. Travers, autora del libro, quien inmediatamente insistió en la importancia de conservar esa canción.

A Julie no le gustó, sin embargo, la canción titulada “The eyes of love” y no quiso hacer la película hasta que no la cambiaron. La nueva que presentaron los Sherman fue la hoy exitosa “A spoonful of sugar”. El título de esta canción surgió del compositor Robert Sherman. Su hija de siete años le dijo al llegar del colegio que le habían dado la vacuna de la polio en una píldora. Sherman le preguntó a su hija si amargaba y la niña dijo que no, que se la habían dado con una cucharada de azúcar. Robert se lo contó a su hermano Richard, quien le puso de inmediato la letra a la música ya compuesta y así nació la canción. La propia Julie Andrews fue la artífice del silbido que se oye en esta hoy clásica melodía.

"I love to laugh" nos ilustra la escena en la que los niños van con Mary y Bert a tomar el té a casa del tío Albert. A Matthew Garber, el niño de la película, le daban diez centavos cada vez que tenían que repetir la toma. Y es que, en la escena, los cinco suben volando hacia el techo cada vez que les da la risa, y el pobre Matthew le tenía miedo a las alturas. A alguien se le ocurrió compensarle de esa manera, y así se hizo.

La secuencia de la canción “Step in time” se tardó en rodar toda una semana. Mereció la pena. La escena quedó perfecta.

Feed the birds” canción que ilustra la entrañable escena de Jane Darwell dando de comer a las palomas, no sólo era la canción favorita de Walt Disney, sino que él mismo contaba que, cada vez que visitaba a los hermanos Sherman, sólo tenía que decirles: “Play it” (“Tocádla”) y ellos sabían que Disney quería oir “Feed the birds”.


También se llegó a escribir una canción para el personaje del Almirante Boom. Y aunque, finalmente, no aparece en el film, sí se mantuvo en la banda sonora. Otra canción suprimida en la película: “The beautiful briny”, fue rescatada más adelante para otra película de Disney, “La bruja novata” (1971).

Los hermanos Sherman compusieron también las bandas sonoras de "Los aristogatos", "Chittty Chitty Bang Bang", "El libro de la selva", "Winnie the Pooh", "Merlín el encantador" y "El abuelo está loco". Y son también los artífices del maravilloso tema “It’s small world (after all)”.

Robert y Richard Sherman trabajaron con Disney hasta la muerte de éste en 1966. En 2008 obtuvieron merecidamente la American Nacional Medal of the Arts por su gran y mágica contribución a la música.

Mary Poppins” también reúne otra serie de anécdotas curiosas. Como el que se utilizaran alrededor de cien pinturas para recrear el Londres de la época. O el que, al principio de la película, en la escena de las niñeras aspirantes formando una larga cola, se diera la circunstancia de que muchas de ellas eran actores disfrazados de mujer. O que el director Robert Wise fuera un asiduo visitante del rodaje, al que acudía para ver cantar a Julie Andrews y, una vez terminado el rodaje de “Mary Poppins”, Julie fuera elegida para interpretar a la protagonista de “Sonrisas y lágrimas”, la otra gran película de la filmografía de la actriz.

La repercusión de “Mary Poppins” fue tan importante que la Casa Famosa llegó a sacar un single y una muñeca en el mismo año de su estreno:


Y no fue la única muñeca que salió sobre este personaje:


Además de una gran variedad de preciosos accesorios:


Mary Poppins” obtuvo cinco Premios de la Academia (Mejor actriz, Mejores efectos visuales, Mejor montaje, Mejor Canción Original ("Chim-Chim Cher-ee") y Mejor Banda Sonora. Y las nominaciones siguientes: Mejor dirección artística y decoración, Mejor fotografía en color, Mejor diseño de vestuario, Mejor director, Mejor película, Mejor sonido y Mejor guión adaptado. Ganó también el Globo de Oro a la Mejor actriz (Julie Andrews), siendo nominada además como mejor película, mejor banda sonora y mejor actor (Dick Van Dyke).

Y siendo ésta una de las primeras películas que yo vi en el cine, gustándome entonces y todas las veces que la he vuelto a ver, no podía por menos que unirme a la casa Disney y hacer este post de edición especial reconociendo su fantástica historia, su acertado reparto, sus entonces y ahora logrados efectos visuales, su ternura y, por supuesto, su perfecta banda sonora.

Y es que estamos hablando de Walt Disney. Puro arte y pura magia.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Margaret Dumont: Ella y sus hermanos

El gran y genuino Groucho la describía de la siguiente manera: “Me divertían mucho las escenas románticas con ella. Era una mujer maravillosa. Y era la misma en escena que fuera de ella, siempre una digna dama. Se lo tomaba todo muy en serio”.

Él la llamaba su “prácticamente quinta hermana Marx”. En la ceremonia de los Oscars de 1974, cuando al actor le fue entregado un Oscar Honorífico por su exitosa carrera, nos confesaba: “Desearía que Harpo y Chico hubiesen estado aquí, así como Margaret Dumont, la cual nunca entendió ninguno de nuestros chistes. Solía decirme: “¿De qué se ríen, Julie?” Pero era una actriz “bandeja” extraordinaria y yo la adoraba…”

Daisy Juliette Baker nació el 20 Octubre de 1882 en Brooklyn, Nueva York. De padre irlandés y madre francesa, se educó en Europa, donde disfrutó de las ventajas que suponía tener un tutor. La pasión de su madre por la ópera indujo a la joven a tomar lecciones de canto. Pero su afición por el teatro la llevó a debutar, con el nombre artístico de Daisy Dumont, en el mundo de la revista musical y, más adelante, en los music hall de Inglaterra y Francia. Actuó también en los mejores teatros de París, Viena, Berlín y Londres.


Cierta noche de 1907, el empresario teatral neoyorkino J. J. Schubert, que se encontraba en París, acudió con unos amigos a ver una revista en la que actuaba una joven cantante y actriz con voz bien timbrada y aspecto elegante. En pocos meses, Margaret Dumont firmaba un contrato para actuar en Broadway, contrato que fue renovado en dos ocasiones. Interpretando un musical, “The summer widowers”, conoció a John Moller Jr, hijo de un importante hombre de negocios y miembro de una de las cuatrocientas familias de Nueva York más prominentes en el terreno social.

Tras permanecer tres temporadas en Broadway, Dumont contrajo matrimonio con Moller y se alejó de los escenarios. Se convirtió entonces en una señora de la sociedad estadounidense, repartiendo su tiempo entre Palm Springs, París y Nueva York y asistiendo a fiestas de postín.

Al fallecer su marido en 1918, Margaret regresó a Broadway para actuar en la obra teatral “Mary” y en una serie de revistas musicales. Fue entonces cuando la eligieron para interpretar a Mrs. Potter, junto a los hermanos Marx, en la obra de teatro “The Cocoanuts”.

A ésta siguió otra obra también con ellos, “Animal crackers”. Empezaba así para la actriz una nueva etapa en la que conseguiría fama internacional. Su primera aparición con los Marx en la gran pantalla fue también en la primera película de ellos, “Los cuatro cocos”, en la que Margaret llevaba a cabo el mismo papel que había hecho en la obra de teatro del mismo nombre.

SRA POTTER: “¿Me deja decir una palabra, por favor?”
HAMMER: “Me parece que no, y hay otra cosa que quería mencionar. ¿Qué será de usted cuando tenga sesenta y cinco años? Ya sólo le quedan tres meses…”
(“Los cuatro cocos”)


Margaret rodó con los Marx un total de siete películas. La continua improvisación de los tres hermanos en los guiones hacía más difícil el trabajo de Dumont. Como en esta escena de “El conflicto de los Marx”.

Sin embargo, esto no fue obstáculo para que ella se divirtiera mucho trabajando con ellos, al menos en la mayor parte del tiempo (“Fue divertido mientras duró, pero no volvería a repetir la experiencia. Hacer películas con los hermanos Marx era llevar una vida realmente intensa”). En 1937, Margaret obtuvo el Screen Actors Guild Award por su papel en “Un día en las carreras”. De sí misma decía: “Soy una correcta dama, la mejor en Hollywood. Interpretar el adecuado papel es todo un arte. Debes arropar a tu hombre, pero nunca superarle, nunca acaparar la risa”.


HAMMER: “Me refiero a sus ojos… a sus ojos, que brillan como los pantalones raídos de un traje azul”
SRA POTTER: “¿Cómo? Eso es un insulto”
HAMMER: “No es un comentario sobre usted, es sobre los pantalones”
(“Los cuatro cocos”)

Con los Marx representó a menudo a una viuda rica a la que Groucho no tenía mucho respeto pero sí cortejaba por su dinero. Una mujer rica e ingenua, de porte aristocrático, que siempre se dejaba embelesar por el personaje de Groucho.

RUFUS T. FIREFLY: “Aquí están los planes de guerra. Valen tanto como tu vida, y es decir muy poco. Vigílalos como una gata a sus gatitos. ¿Has tenido gatos alguna vez? Claro que no. Estás muy ocupada jugando al bridge. ¿Comprendes lo que intento decirte? Te amo, ¿por qué no te casas conmigo?”
(“Sopa de ganso”)

Los papeles que ella interpretó con los hermanos Marx eran encantadoramente inocentes. Traslucían una innegable atracción por el personaje encarnado por Groucho, siempre un vividor impresentable, al que perdonaba una y otra vez sus incalificables atropellos y desdenes en cuanto éste desplegaba sus lisonjas, tomando incluso por halagos o rarezas los surrealistas insultos de Groucho, que a menudo no comprendía, con lo que despertaba en el público a la vez la risa y la compasión.

Morrie Ryskind, co autor de las películas “Los cuatro cocos”, “El conflicto de los Marx” y “Una noche en la ópera”, recalcaba que Margaret Dumont realmente era el personaje que interpretó con tanto éxito en la escena y en la pantalla: “Había sido una dama de la sociedad y, tras morir su marido, necesitaba un trabajo. Groucho le comentó que aquello sería divertido”. Efectivamente, el personaje que interpretó en la pantalla como una impasible mujer de buena sociedad se correspondía exactamente con lo que ella era. Su marido fue un millonario industrial y ella a menudo localizaba sus películas en sus mansiones de Palm Springs, California, y París, Francia.

Y de la siguiente manera expresaba el concepto de su famosa dignidad: “No es el vestido largo o su fino material lo que hace elegante o no a una mujer, sino su porte y la cantidad de ropa que lleva bajo el vestido”. Su inimitable cualidad, que la hacía tan diferente al resto de las actrices del momento, fue perfectamente descrita por el director George Cukor: “Su elegancia fue perfectamente fingida”.

HUGO HACKENBUSH: “Emily, no puedo ocultarlo por más tiempo. La amo”
EMILY UPJOHN: “¡Oh, Hugo!”
HUGO HACKENBUSH: “Es la eterna historia. Chico encuentra a chica. Romeo y Julieta. ¡Tarzán y los monos!”
(“Un día en las carreras”)
 
Tras su colaboración con los hermanos Marx, y aunque en pequeños papeles bastante espaciados unos de otros, Dumont continuó apareciendo en la gran pantalla durante las décadas de los 40, 50 y 60. Actuó en más de cincuenta películas, eso sin contar sus pequeñas intervenciones en el cine mudo. Coincidió también en la gran pantalla con otros cómicos de renombre como W. C. Fields (“Never give a sucker an Ever Break”), Laurel y Hardy (“The dancing masters”), Danny Kaye (“Rumbo a Oriente”), Red Skelton (“Escuela de sirenas”), Jack Benny ("The horn blows at midnight") o Abbott y Costello (“El pequeño fenómeno”). Y destacan también otros títulos de su filmografía como “Historia de dos ciudades” y “Mujeres”. O “Ella y sus maridos”, su última aparición en pantalla, en donde daba vida a la madre del personaje de Shirley McLaine.


En 1965, pocos días antes de su muerte, tuvo la oportunidad de recrear junto a su inseparable Groucho una escena de “El conflicto de los Marx”. Fue en el programa de televisión “The Hollywood Palace”. Todo un documento.

Margaret Dumont nos dejaba el 6 Marzo de 1965 a la edad de 83 años. En las entrevistas que concedió a lo largo de su vida, tanto en prensa como en televisión, conservó siempre el aire del antiguo estilo teatral, con su cuidada dicción, y una voz potente que se podía proyectar para alcanzar la última fila del teatro. También era una correcta cantante de melodías clásicas, faceta ésta que aprovechó en algunas de sus películas.

Fue una actriz muy versátil que interpretó un extenso abanico de papeles durante sus largos años de carrera, primero en el teatro y después en el cine. Aunque, inevitablemente, será siempre recordada como la “prácticamente quinta hermana Marx”.

WOLF: “Martha, querida, hay muchos lazos que nos mantendrán unidos eternamente”

MARTHA: “¿En serio?¿Cuáles son?”
WOLF: “Sobre todo económicos y materiales…”
MARTHA: "Y dime, Wolfie, cariño, ¿tendríamos una casa bonita?”
WOLF: “Pues claro. ¿No estarás pensando en mudarte?”
(“Tienda de locos”)

Gracias, Margaret. Por querer compartir tu saber estar y tu saber hacer con todos nosotros. Y gracias, también, a Ana Díaz Plana, Elsa Fábregas y Carmen Robles, las tres maravillosas voces españolas de esta distinguida dama americana.

sábado, 8 de agosto de 2009

Elígeme a Keith

Lo que viene a continuación es una petición de una oyente. O de una vidente. O de una blogente… Bueno, una petición. Y como el tema no me incomoda en absoluto, más bien me congratula, empezaré diciendo: ¡¡Muchas felicidades, Keith!!

… En el día de tu cumpleaños. Porque hoy, 8 de Agosto, hace ya 60 añitos que vino al mundo Keith Carradine, al que hemos visto crecer física y artísticamente.

Keith Ian Carradine nació en San Mateo, California, en una hoy legendaria familia de actores. Porque Keith es hijo del gran John Carradine y hermano de David y Robert.


Siguiendo los pasos de David, su hermano mayor y mentor, Keith estudió arte teatral en la Universidad de Colorado. Más adelante, acudió con David a una prueba teatral en los Ángeles para un musical. Keith iba, en principio, para acompañarle al piano, pero consiguió el papel, lo que le llevó a su debut en Broadway en 1969 con el musical rock “Hair”. También apareció más tarde en Florida, junto a su padre John, en la producción teatral “Tobacco Road”.


En 1971, Keith empezó a meter la cabeza en el cine consiguiendo un pequeño papel en “El gran duelo”, junto a Kirk Douglas y Johnny Cash. El director Robert Altman se fijó en él y le dio un personaje en su película “Los vividores”, esta vez junto a Warren Beatty y Julie Christie.

Junto a Robert Altman vuelve a trabajar en "Nashville", película en donde Keith nos canta la maravillosa “I’m easy”, una canción compuesta por él por la que obtuvo el Globo de Oro y el Oscar a la mejor canción en 1976 (“Estos premios no significaban nada para mi… hasta que gané uno”). También se llevó una nominación a los Premios Grammy por su contribución musical a "Nashville". Como no podía ser menos (es prácticamente una tradición familiar), aquí tenéis la escena de "Nashville" que le valió a Keith el Premio de la Academia.

La primera colaboración de Keith con Alan Rudolph, protegido de Altman, se dio en 1976 con “Welcome to L.A.”, en donde el joven Carradine vuelve a aportar su talento musical. Más adelante, aparecerá en otros dos títulos emblemáticos de Rudolph: "Elígeme" y "Los modernos". Su popularidad va creciendo con películas como "Los duelistas", donde comparte cartel con Harvey Keitel, o "La pequeña", junto a una jovencísima Brooke Shields. En 1980 se reúne en "Forajidos de leyenda" con sus dos hermanos, David y Robert, haciendo también de hermanos en la ficción, los hermanos Younger, de la famosa banda de Jesse James.


En 1984, Keith fue dirigido por Andrei Konchalovsky en “Los amantes de María”, una preciosa historia de amor donde comparte cartel con Nastassja Kinski y Robert Mitchum. En una escena de esta película, Keith le canta a ella “María’s eyes”, un tema con música compuesta por el propio director y letra del propio Carradine. Muy bonita la canción y maravillosa Nastassja.


La carrera de Keith se revitalizó en los 80 y 90 en el escenario teatral. Ganó el Outer Critics Circle Award por su excelente trabajo en “Foxfire", junto a Jessica Tandy y Hume Cronyn (matrimonio en la vida real). También fue destacado su protagonista en el musical de Broadway "The Will Rogers Follies", por el que fue nominado a los Premios Tony.

Recientemente, Keith ha participado en la exitosa serie televisiva "Dexter", encarnando al agente del FBI que investiga los crímenes del protagonista. En la pequeña pantalla, Keith ya había aparecido en series como "Bonanza", "Kung Fu" (donde daba vida al monje shaolin protagonista en su juventud) o "Jefes", (junto a Charlton Heston, consiguiendo Keith una nominación a los Premios Emmy). También interpretó a Wild Bill Hickock en la serie "Deadwood" y apareció en "Ley y orden" y "Numbers". Y en un capítulo de "Frasier" podemos oir su voz en off como uno de sus oyentes radiofónicos.


Este post tan cinematográfico, teatral, televisivo y musical va dedicado, no podía ser de otra manera, a Silvia quien, sin saberlo, me sugirió el tema. Y a Teresa, que estoy segura de que le va a interesar. Bueno, venga, también a Alicia, que le conoce desde que era jovencita. Y, por supuesto, a la familia Carradine. Que son ya como mi familia americana. Y hoy, especialmente, a Keith. ¡Felices 60!

lunes, 3 de agosto de 2009

Los cuatro cocos

El Hotel de Cocoanut atraviesa uno de sus peores momentos. Su propietario y director, el señor Hammer (Groucho para los amigos), debe ya algunas semanas de paga a sus botones y demás empleados. Entre los pocos clientes del hotel, la millonaria señora Potter (cómo no, Margaret Dumont) es la única que paga sus facturas. Las pérdidas del negocio hotelero obligan a Hammer a vender parcelas de la finca. En ese momento, llegan al hotel dos personajes excéntricos (hablamos, claro, de Chico y Harpo) que, por supuesto, provocan un caos aún mayor en el establecimiento.

Este genuino argumento pertenece a la primera película de los hermanos Marx: Los cuatro cocos” (The cocoanuts), comedia musical producida por la Paramount y dirigida por Robert Florey y Joseph Santley. Estrenada el 3 de Agosto de 1929, hace hoy 80 años, fue uno de los primeros ejemplos de adaptación de una obra musical al nuevo medio, el cine.


Una vez alcanzada la consagración en Broadway, gracias al fulgurante éxito de su espectáculo “I’ll say she is!”, los hermanos Marx prosiguieron su carrera de triunfos en el escenario con “The Cocoanuts” y “Animal crackers”. La obra musical “The Cocoanuts” comenzó su andadura el 8 de Diciembre de 1925 en el Lyric Theatre de Nueva York. Con libreto de George S. Kaufman y maravillosas canciones de Irving Berlin, tuvo 276 representaciones y fue protagonizada por los cuatro hermanos Marx y Margaret Dumont.

A finales de Diciembre de 1928, en plena representación de “Animal Crackers”, los Marx recibieron una llamada de la agencia William Morris comunicándoles que la Paramount tenía interés en realizar una adaptación cinematográfica de “The cocoanuts”.


En principio, la oferta hecha por Adolph Zukor fue de 75.000 dólares por todo el conjunto, es decir, actores y libreto. Pero el siempre hábil negociador Chico consiguió que el presidente de la Paramount llegara a los 100.000 porque, según le explicó, la obra representaba toda una vida de dedicación al espectáculo, una vida puliendo y desarrollando su particular estilo de humor.

Morrie Ryskind fue el encargado de hacer unas sencillas adaptaciones al libreto, ya que lo que se pretendía era filmar el espectáculo tal cual fue representado en Broadway. Pero no fue tan simple como podría parecer para el productor ni para los directores. El film contó con dos directores distintos, asignados por el propio Zukor, de los que Groucho decía: “Uno de ellos (el francés Robert Florey) no entiende el inglés, y el otro (el antiguo director de baile Joseph Santley) no entiende la comedia”.


El mayor problema, sin embargo, consistió en lograr un sonido aceptable. “Los cuatro cocos” fue rodada en un teatro de Nueva York. Aún no existían los platós insonorizados y era necesario improvisar ingeniosas soluciones, como forrar las paredes con arpillera y construir cabinas donde meter las ruidosas cámaras y los artilugios para registrar los diálogos. Además, tuvo que ser rodada en las primeras horas de la mañana para reducir los ruidos del tráfico exterior. Entre otros pequeños trucos de ingenio, todos los papeles utilizados como accesorios en la película fueron previamente mojados. Esto permitía no sobrecargar el incipiente equipo de sonido con el ruido de papeles arrugándose.

Hubo muchas demoras durante la filmación y en su mayoría fueron debidas a las ausencias injustificadas de Chico en el set de rodaje. Se escapaba un rato a consultar con su corredor de apuestas o a jugar un par de manos de pinacle. Y si la cosa se ponía bien, se olvidaba de volver. El resto de hermanos tenían que salir en su busca. Y cuando, al fin, se lograba reunir a los cuatro y la cámara se ponía en funcionamiento, la filmación quedaba interrumpida porque a uno de los hermanos se le ocurría improvisar, lo cual provocaba la estruendosa carcajada de uno de los directores, carcajada que ahogaba cualquier otro sonido que debiera registrarse en la banda sonora. Se hacía entonces un descanso hasta la siguiente toma, y esto le daba a Chico oportunidad de escaparse de nuevo. Y, una vez más, los otros tres hermanos debían ir en su busca. Para resolver el doble problema hicieron que los directores se comunicasen con los actores, por señas, desde el interior de una jaula de vidrio insonorizada. Y después se resolvió lo de Chico. Le pusieron un teléfono para que pudiera llamar a su corredor de apuestas cuando quisiera sin tener que detener la producción.

Las primeras discusiones con producción surgieron a propósito del famoso bigote pintado de Groucho y su costumbre de hablar con los espectadores. El productor consideraba imprescindible para la película un bigote de pelo auténtico, y pretendía que Groucho no se dirigiera al hablar a la cámara como si se tratara del público. Se hizo necesario rodar una prueba y organizar un pase previo en cine para demostrar que el actor tenía razón. En el final de la película, los cuatro hermanos se saludan entre ellos para después saludar durante un buen rato a cámara, es decir, al público.


Acostumbrados durante años a moverse a sus anchas por los escenarios, para ellos representaba una tortura el tener que mantenerse dentro de los límites marcados con tiza en el suelo del plató, para no salirse de cuadro o evitar quedarse en sombras. El director de fotografía, George Folsey, explicaba : “En una secuencia tuvimos cuatro cámaras siguiendo a Groucho. Una de ellas le tenía en primer plano, cuando llamaba al botones. Éste no respondía y Groucho se agachó para meter la cabeza por el agujero de la mesa. El cámara lo perdió, claro. Cuando éste intentó picar la cámara hacia el suelo, aquél ya se había levantado”.

Los personajes de Chico y Harpo no tenían nombre en esta película. En los créditos aparecen como “Chico” y “Harpo”. En la representación en Broadway de la misma obra, Chico era llamado “Willy the wop” y Harpo “Silent Sam”. En una escena de la película, Harpo es referido como “Silent Red”. Sin embargo, la peluca roja de Harpo parece negra en pantalla. Esto le llevó a que en sus siguientes films utilizara una peluca rubia para que pareciera más luminosa.


En “Los cuatro cocos”, como ocurriría en sus posteriores películas, existen momentos autobiográficos de lo hermanos Marx, es decir, momentos basados en sus propias experiencias. Uno de ellos lo tenemos en la escena en la que Chico y Harpo deciden registrarse en el hotel:

GROUCHO: “Lo siento, no tenemos vacantes… Pero tenemos habitaciones”.
CHICO: “Muy bien, tomamos una habitación”.
GROUCHO: “¿Quieren una habitación?
CHICO: “No, tomamos una vacante”.

Esto hace alusión a un incidente que tuvo Groucho en un hotel americano. El letrero de la entrada decía “Free rooms”. Groucho se negó a pagar su estancia en dicho hotel alegando que “free” significa “gratis”. Lo cierto es que “free” también tiene en inglés otro significado: “libre”. El caso fue a juicio, y el juez le dio la razón a Groucho por considerar que el cartel era ambiguo y que el cliente se acogió al significado que más le convenía, significado por otra parte correcto. Desde entonces, los hoteles americanos cambiaron su cartel de “free rooms” por “vacant rooms".

Otro momento basado en una experiencia personal de los hermanos lo tenemos cuando Chico es interrogado respecto a la chaqueta que lleva:

MUJER: “¿Es su chaqueta? Pues no le sienta bien”.
CHICO: “Claro, me la hicieron a medida”.

Da la “casualidad” de que el padre de los hermanos Marx era sastre. Al menos, ejercía como tal (“No utilizaba el metro y se negaba a hacer patrones, de ahí que nunca tuviera el mismo cliente dos veces”). ”.

Paralelamente al rodaje de “Los cuatro cocos”, los Marx representaban “Animal Crackers” en el 44th Street Theatre, en Broadway, todas las noches y las tardes de los Miércoles y Domingos. La función terminaba tarde y, a pesar de que sólo rodaban cuatro días a la semana, madrugar para ir al plató era un suplicio añadido. Chico y Harpo, en especial, tenían la costumbre de dormirse en los camerinos entre plano y plano.

Groucho, Harpo, Chico, Margaret Dumont y Basil Ruysdeal, en el papel del detective, repetían los personajes que habían interpretado en el escenario. Pero Mabel Whithee y Jack Baker, los personajes musicales más importantes en la obra teatral, fueron sustituidos por Mary Eaton y Oscar Shaw, quienes incluso consiguieron que sus nombres figuraran en los carteles y en los títulos a la misma altura que los hermanos Marx.


El preestreno de “Los cuatro cocos” tuvo lugar el 23 de Mayo de 1929, en el cine Rialto de Times Square, Nueva York. Pero el resultado de la proyección no gustó a los hermanos Marx. No era lo que ellos esperaban. La copia no estaba en buen estado y el equipo de sonido del cine era muy deficiente. Intentaron comprar el negativo y destruirlo. Afortunadamente para nosotros, el estudio no aceptó. Una vez subsanados algunos defectos, el largometraje funcionó muy bien, recaudó más de dos millones de dólares y se convirtió en la película más taquillera de las producidas por el estudio en ese año.

Llegó a comentarse que si la recaudación había sido tan alta fue debido a que miles de espectadores vieron la película una y otra vez. Porque entre el mal sonido y las carcajadas del público no se enteraban de la mitad de los chistes. 


Los cuatro cocos” fue el inicio de una bonita amistad entre los hermanos Marx y el cine. Amistad que aún hoy perdura.